Banderas: «En mi corazón está Málaga»

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Antonio Banderas, ayer, con la Biznaga de Oro en sus manos. / Foto: Álvaro Cabrera | Vídeo: Pedro J. Quero

  • El actor malagueño recibe la Biznaga de Oro Honorífica del festival entre largas e intesas ovaciones del Cervantes

Antonio Banderas le puso sentimiento a su discurso, le puso humor y, sobre todo, corazón. Ese en el que se fue «montado» a Madrid siendo un jovencito, en el que se «apoya» cuando trabaja, con el que se marchó a EE UU... El mismo corazón que el pasado mes de enero le dio un aviso, un infarto: «Y eso te hace pensar mucho, porque le he metido mucha tralla». Si algo le ha demostrado este susto es que, «más allá de lo que digan los cardiólogos», el corazón no es solo un órgano que bombea oxígeno al cuerpo, es un «almacén de emociones». Y entre las que se aferran «en esas paredes, está Málaga».

Banderas recibió la Biznaga de manos de su hermano.

Banderas recibió la Biznaga de manos de su hermano. / Álvaro Cabrera

Antonio Banderas recibió anoche la Biznaga de Oro Honorífica con una larga e intensa ovación, de las que no se escuchan a menudo. Aplausos de varios minutos antes y después de hablar a los que él correspondía con su mano en el corazón, levantando el brazo en un guiño al ‘siempre fuertes’ de su paisano Pablo Ráez e incluso zapateando sobre las tablas siguiendo el compás de las palmas.

El actor conmovió al Teatro Cervantes con sus palabras, pero el Cervantes también le emocionó a él. El actor malagueño más internacional recogió el galardón a toda una carrera de manos de su «mejor amigo y hermano» Francisco Javier Domínguez Bandera. «Lo que hace no se puede perder. Escribe, compone, canta, actúa, produce, diseña. Pero para mí lo que le distingue es su faceta humana. Es un ser excepcional», sentenció Francisco Javier ante la atónita mirada de su hermano:«¡Le cuesta mucho hablar en público. Esto tiene mucho mucho mérito!». Chocaron entonces las manos como amigos y se abrazaron como hermanos.

Banderas agradeció el premio y lo tomó como una responsabilidad: «Sirve para consolidar mi relación con el Festival de Málaga, para que yo adquiera un compromiso de futuro con él. Para que me usen más y convertirme en su anfitrión». Porque Málaga «ya empieza a dejar de oler a ‘aftersun’ y huele a cultura de verdad». Sin necesidad de perder «el espíritu crítico», se declaró «orgulloso» de la evolución de su tierra. «Los malagueños debemos empezar a sacar músculo. Este es en el principio de un camino para que se convierta en una ciudad importante a nivel mundial», auguró. A alguno le puede parecer «insensato» esa afirmación: «Pero no lo es menos que cuando dije que mi iba a Hollywood. Las cosas pasan».

Banderas tiró de ironía y sentido del humor en su discurso, incluso para hablar sin tapujos de lo que le ocurrió hace dos meses. «Mi corazón que es muy andaluz me dijo: ‘Picha, para ya’». Este tiempo de reposo obligado le ha servido para «ver» a todas las personas que quiere y que han pasado por su vida. «Y he visto al zorro, al gato con botas, a Almodóvar, los años de la Movida, los del Teatro Romano en Málaga cuando llegábamos vestidos de romano en una Vespino...», enumeró. De nuevo, Málaga, «mi Ítaca particular, o más bien mi Dulcinea».

Por eso Diana Navarro, que condujo la gala de clausura, le dio la bienvenida al escenario del Cervantes cantando ‘Volver’, «porque es alguien que se muere» por hacerlo. Y cada día, como confirmó en la rueda de prensa, está más cerca de conseguirlo.

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