Diario Sur

'La princesa Paca' lleva a la pantalla el amor entre Francisca Sánchez y Rubén Darío

El equipo de ‘La princesa Paca’ presentó ayer la película en el festival
El equipo de ‘La princesa Paca’ presentó ayer la película en el festival / Paula Hérvele
  • La película protagonizada por Irene Escolar adapta la novela homónima escrita por Rosa Villacastín sobre el largo romance de su abuela con el poeta

El día que vino al mundo durmió con ella y la costumbre se mantuvo hasta que la pequeña cumplió los 16 años. Es una de las muchas, muchas anécdotas que utiliza Rosa Villacastín para ilustrar la relación especial que mantuvo con su abuela, Francisca Sánchez. Aquella mujer guardaba una historia que primero vio la luz en la novela ‘La princesa Paca’, escrita por Villacastín con la complicidad de Manuel Francisco Reina, y que ahora cobra cuerpo de película bajo el mismo título para poner en la pantalla el amor entre Francisca y Rubén Darío.

Villacastín regresaba ayer por unas horas a Málaga –tiene casa en Marbella desde los años 70– para acudir a la proyección de la cinta en el marco del festival. «Es una película muy cuidada. Irene está fantástica y Daniel y Luisa, magníficos», compartía ayer la periodista y escritora sobre las interpretaciones de Irene Escolar (Francisca Sánchez), Daniel Holguín (Rubén Darío) y Luisa Martín (madre de Francisca).

«Tanto con el libro como ahora con la película lo que quería, sobre todo, era poner luz sobre todas esas grandes mujeres que han compartido su vida con grandes hombres y a las que la Historia ha ignorado», reivindicaba ayer Villacastín sobre Francisca Sánchez, que recibió el apodo de ‘La princesa Paca’ del poeta Amado Nervo, compañero de piso en París de Rubén Darío, conocido como Príncipe de las Letras.

Como recuerda la propia Rosa Villacastín, la historia real de Francisca Sánchez es tan extraordinaria que ha hecho falta muy poca dramatización. La joven se cruzó con «dos señores muy raros» cuando iba a llevar el almuerzo a su padre, jardinero en los Palacios Reales. Esos señores extraños eran Ramón María del Valle-Inclán y Rubén Darío, que cayó prendado de inmediato por aquella joven.

Claro que el escritor estaba casado al otro lado del charco con Rosario Murillo. Pero aquel impedimento no frenó la relación entre Rubén y Paca, que se mantuvieron juntos durante 16 años, que tuvieron cuatro hijos y a los que sólo la muerte del poeta pudo separar con un océano de distancia, como relata Villacastín: «Rubén viajó a Nueva York, ya muy enfermo, para dar unas conferencias que no llegaron a celebrarse. Al verse tan mal de salud, decidió regresar a su país, Nicaragua, y desde allí, dos días antes de morir, mandó una carta a mi abuela, que era muy religiosa, en la que le escribía: ‘Te libero. Ahora ya puedes comulgar’».

La intelectualidad de la época

Para la periodista y escritora, el origen humilde y el hecho de que no supiera leer ni escribir han mantenido «menospreciada» la figura de Francisca: «Es algo muy injusto. Por su casa pasó toda la intelectualidad de la época, Emilia Pardo Bazán fue la madrina de su primera hija; ayudó y cuidó de Leonor, la mujer de Machado, en París; tenía algo especial con la gente, pero ha permanecido en la sombra todos estos años».

Unas sombras sobre las que arrojan luz el libro y la película. Proyectos que han necesitado su tiempo. Porque la escritora es nieta de Francisca a partir del segundo matrimonio de está –se casó años más tarde con José Villacastín– y ni su abuela ni su madre querían «remover el pasado». Pero ellas ya no están. Y aquella niña que dormía con su abuela se ha sentido, como la princesa Paca, «liberada» para contar esta historia.

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