Diario Sur

Largo domingo de arilleo

Ambiente ayer en la calle Alcazabilla, con personas paseando sobre la alfombra roja
Ambiente ayer en la calle Alcazabilla, con personas paseando sobre la alfombra roja / Ñito Salas

Hoy escribo de esa Málaga que ayer, último domingo del invierno con ganas de primer domingo del verano, evitó ir a la playa, rebosante de impacientes, y optó por el Centro, donde por no faltar no faltó ni una concurrida concentración perruna a media tarde. Sus dueños portaban pancartas reclamando sus derechos, que recordaban al cartel del Festival de este año aunque más coloridas, o sea. Pero a pesar de estos ladridos, y de una fallida proyección de El bar el sábado noche en el Albéniz, el Festival siguió cabalgando con llenos en muchos sitios.

La Málaga que los domingos, mosqueada o no, se pasea con o sin perros, o que va por el pan, por un sombra aquí y por un cortado allá, o hasta incluso por los periódicos, no solo se mezcla con el turisteo. La primavera en ciernes se adelanta haciendo florecer también al famoseo. Y muchos no se cortan y se hacen ‘selfies’ en plena marea de Alcazabilla, que ayer parecía el estrecho de Panamá con la mar de gente que había.

Esa Málaga ociosa de padre y muy señor mío se paseó ayer como Pepe por su casa y saludó con fervor playero a toda cara conocida: a los que veían a su paso y a los que buscaban a cara de perro. Esa Málaga lo mismo se cruzaba con Julio Medem almorzando en una terraza, que con María Barranco comiendo en Los Mellizos o con Imanol Arias de bronceado casi carihuelesco. Pues aquí los domingos hay planes a pares: para el orilleo y para el arilleo, esa palabra local para aludir al compadreo.

Ya les digo: un domingo completito. Abarrotado estuvo el pase matinal de ‘La niebla y la doncella’, no sé si por la seguridad que daba una adaptación de Lorenzo Silva o porque el filme lleva en los créditos hasta el logo de la Guardia Civil. Sin ser muy de Bevilacqua y Chamorro disfruté de la película, aunque me hiciera un poco de lío tanto nombre en la trama. Luego del pase hice la ronda por otras citas festivaleras. Y a eso de las seis llegué al auditorio del Museo Picasso, donde se presentaba ‘La princesa Paca’, basada en la novela de Manuel Fco. Reina y Rosa Villacastín, nieta de esa protagonista que fuera amante de Rubén Darío. Aunque por la numerosa presencia de caras del socialismo malagueño, desde Francisco Conejo a María Gámez, aquello casi parecía más unas primarias que una ‘première’.

Luego seguí con mi servicio en Ollerías, donde pasé revista al nutrido público joven que aplaudió el premio RTVA por su talento a Belén Cuesta, esta actriz ‘sevillanobolichera’ como dijo Joaquín Durán. Ella, radiante, se lo dedicó a los estudiantes malagueños de Arte Dramático. Y luego, con parte de la ‘troupe’ de ‘La llamada’, se sumó a la gala del homenaje a Sylvie Imbert. Una maquilladora muy querida que cerró el domingo celebrando gozosa su galardón como un homenaje a su profesión y cantando ‘Sombra aquí y sombra allá’.

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