Diario Sur

«No me metería tres años en una serie ni aunque fuera 'House of Cards'»

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Junto a Roberto Álamo y Quim Gutiérrez como Bevilacqua, completan el reparto dos fuertes roles femeninos interpretados por Verónica Echegui y Aura Garrido como la agente Virginia Chamorro. / Paula Hérvele

  • Quim Gutiérrez, actor

No titubea en las respuestas ni se toma su tiempo para pensarlas. Quim Gutiérrez tiene claro lo que quiere decir y cómo lo quiere decir. Transmite seguridad y sinceridad, algo muy de agradecer con los ritmos que se manejan en el Festival de Málaga, donde el entrevistador empieza una cuenta atrás de diez minutos cuando se sienta frente al entrevistado y este prefiere ni llevar la cuenta de las preguntas a las que ya ha contestado. El actor barcelonés visita el certamen de la mano de Bevilacqua, el reputado agente de la Guardia Civil creado por Lorenzo Silva que ahora vuelve a las pantallas en la adaptación cinematográfica de ‘La niebla y la doncella’ que dirige Andrés Koppel. Un ‘thriller’ policiaco que le aleja intencionadamente de la comedia para probar otros registros. Porque aún le quedan muchos: «Me gustaría que los directores me vieran para un personaje con matices y complejo».

–Reconoce que es un lector despiadado cuando juzga adaptaciones de libros al cine. ¿Teme ahora las críticas despiadadas de los lectores de Lorenzo Silva?

–No las temo. Si las encuentro y las leo por error, lo asumiré y ya está.Pero no pienso mucho en ello.

–¿Solo las leería por error? ¿No le gusta saber qué dicen de usted?

–Claro que sí, pero cuando veo que es malo no lo leo. Hacen daño.

–Muchos aseguran que de las críticas negativas se aprende.

–No se aprende nada. De cualquier dolor soportable se curte uno y hace callo, y eso no es malo. Pero prefiero hacer callo con otras cosas.

Todos los papeles aportan algo, bueno o malo, en una carrera. ¿Qué le ha dado Bevilacqua?

–Creo que para valorarlo en términos de carrera hace falta que se estrene y que la peli tenga el recorrido que necesita. Personalmente, cada personaje me aporta y también cada experiencia de enfrentarme al papel, las propias dificultades del rodaje, las decisiones interpretativas que tomas... En general no he tenido personajes de mucha composición, pero yo me la planteo siempre aunque el papel no lo requiera. No me gusta verme igual y aunque yo sea el mismo y mi estructura me limite para hacer movimientos muy distintos, hay un margen enorme para ofrecer cosas.

–¿Y le gustaría un personaje que requiriera esa composición, que fuera radicalmente diferente a usted?

–Sí. Las transformaciones a los actores nos divierten. Y la exuberancia siempre gana muchos puntos. Es mucho más fácil alejarte de ti mismo cuando las circunstancias del personaje te obligan a ello.

–¿Hace el cine que quiere o el cine que hay?

–Creo que todos hacemos el cine que hay. Porque al final el cine que uno quiere probablemente es el que se escribiría o el que consistiría en ver una película que te guste y automáticamente pedir volver a interpretarla. Que después de ver ‘Un profeta’ de Audiard llame a alguien y le diga que ahora quiero hacerla yo.

–¿Selecciona los papeles o entiende que todo es trabajo?

–Selecciono dentro de lo que puedo. Eso no quita que entienda que, al final, por muy selectivo que sea es mi fuente de ingresos principal y debo trabajar. Y ya no solo por los ingresos, sino también por una cuestión de presencia. Creemos que sabemos más o menos de qué va esto, pero se mueve por mimbres muy etéreos. Hay que trabajar de vez en cuando para que te vean, pero tampoco demasiado para que no se aburran de ti; y hacer algo lo suficientemente parecido a lo que ya has hecho para que la gente se divierta contigo, pero al mismo tiempo sin repetirte. Trabajas con unas variables que crees que controlas, pero hay muchísimo de azar.

–Suena complicado...

–Pero, en todo caso, decido si hago algo o no por la motivación que me genera. Y creo que cuanto más trabajas es más difícil encontrar cosas que te motiven, porque hay un elemento sorpresa que deja de estar. Además cuando has hecho algo que ha funcionado relativamente te suelen ofrecer cosas similares. Y ya es tuyo el trabajo de orientarte hacia registros distintos.

–Entonces, ¿la elección de ‘La niebla y la doncella’ la hizo de forma intencionada para alejarse de la comedia y cambiar de registro?

–Sin duda. Es difícil de explicar, pero no tiene que ver con aceptar esto sino con renunciar a muchas otras cosas, de forma voluntaria, por supuesto.

–Es decir, que ha renunciado a comedias por no encasillarse.

–No sé si puedes evitar encasillarte o no, pero en todo caso he renunciado a ellas para hacer otras cosas.

–Es un riesgo, porque deja algo que ya sabe que funciona.

–Es la parte oculta de nuestras decisiones que el espectador no sabe. Una carrera se construye tanto por las cosas que dejas de hacer como por las que haces.

«No me arrepiento»

–Leonardo Sbaraglia reconoció que se había equivocado en algún ‘no’.

–Yo no me arrepiento en absoluto de nada de lo que he dejado de hacer. La misma película interpretada por uno podría ser un fracaso.

–¿En qué perfil le gustaría que le vieran los directores?

–Me gustaría que me vieran para un personaje con matices, complejo... Personajes retadores.

–Vuelve a televisión con ‘El accidente’, que se estrena este año. Es un tipo discreto, ¿teme la sobreexposición que da la pequeña pantalla?

–En parte sí. Pero es una serie de trece capítulos, está cerrada. Ahora que estoy metido en ello, hay algo que no recordaba y es la frecuencia del trabajo en televisión: trabajas muchos días y a un ritmo brutal. Rodar 70 minutos en dos semanas y media es una aberración, hacemos lo que podemos.

–Entonces, ha elegido esta serie porque ya tiene un final.

–A mí no me interesa meterme en una serie tres años aunque sea ‘House of Cards’. Por una sencilla razón: yo no quiero hacer lo mismo durante tres años de mi vida, aunque después tenga tanta pasta y tanto reconocimiento que pueda hacer lo que me diera la gana. Es lo que me sucede con las giras de teatro, yo disfruto haciendo teatro los dos primeros meses. A partir de ahí, me aburro soberanamente. Necesito estímulos distintos. En el cine cada secuencia es diferente.

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