Diario Sur

Una sonrisa ante la odisea diaria de la discapacidad

Un detalle de ‘Smile’, la producción malagueña estrenada ayer en el festival y distribuida por Freak.
Un detalle de ‘Smile’, la producción malagueña estrenada ayer en el festival y distribuida por Freak. / Sur
  • La producción malagueña ‘Smile’ se acerca con sensibilidad y contención a dos familias con hijos con necesidades especiales

  • El mimo Manolo Carambolas ofrece el contrapunto ficcional a una película que apuesta por la observación sin entrevistas directas

Cada pequeña tarea que la mayoría da por descontada representa una prueba. Una odisea, con frecuencia. Lavarse, sentarse en una silla, dormir. La voz en ‘off’ de un niño explica que muchos no quieren jugar con Raúl, no por nada, sólo que resulta demasiado dificultoso, como a menudo lavarse, sentarse en una silla, dormir. Raúl tiene catorce años y parálisis cerebral. Su historia, pero también la de sus padres, Roger y Esther, sirve de hilo conductor de ‘Smile’, el documental dirigido por Fernando Pozo y visto ayer en los pases especiales del festival con un nudo en la garganta.

‘Smile’ relata la lucha titánica de cada día en la crianza de un niño con necesidades especiales. La historia de Raúl se entrelaza con la de David, que tiene cuatro años y un diagnóstico de autismo leve, y en ambos casos el documental malagueño apuesta por mantenerse en el plano de la observación contenida, con sensibilidad y calidez, sin caer en la tentadora estrategia de las entrevistas personales que suelen poblar las producciones documentales de este palo.

Porque ‘Smile’ da testimonio de la lucha de unos padres a través de sus acciones, de su tenacidad, de su amor y sus grietas, de las lágrimas tragadas y de las sonrisas guardadas como oro en paño. «En muchos documentales de este tipo de apuesta por presentar la historia de la persona con discapacidad en primera persona. Echaba de menos una historia en la que se diera voz y protagonismo a los padres de esos niños y por eso escogimos ese punto de vista», explicaba ayer Fernando Pozo, que tras montar más de una veintena de documentales da el paso para ponerse detrás de la cámara.

Pozo añade que ‘Smile’ aboga por mezclar «esa parte de realidad con una parte de ficción en la que hay un mimo, que es una metáfora de Raúl. Un mimo no habla y la única forma que tiene de expresión son los gestos, como el niño». Y ahí entra en escena el actor malagueño Lolo Zamora ‘Manolo Carambolas’, espejo de los movimientos, pero también de los sentimientos, de Raúl.

«Ha sido sorprendente e impactante, pero también ha sido muy enriquecedora la experiencia de intentar sentir por dentro lo que pueda vivir Raúl», aportaba el actor malagueño sobre su papel en el documental antes de destacar «la fuerza que se necesita para vivir esa situación a diario».

«Fernando Pozo me dejó bastante clara su idea: quería que a través de los movimientos y de la capacidad de imaginar intentásemos transmitir cómo puede hacer ese movimiento Raúl y cómo puede sentirse él. Creo que ha sido capaz de sacarme provecho en ese aspecto», argumenta el mimo malagueño al hilo de los fragmentos ficcionales que se van intercalando en la narración de ‘Smile’, proyectado ayer en los pases especiales de documentales junto a ‘The resurrection club’ de Álvaro Corcuera y Guillermo Abril.

Miedo a lo desconocido

«Ha habido varios niños que lo han visto y les ha suscitado muchas preguntas. Creo que ese puede ser uno de los caminos que puede emprender el documental a través de proyecciones en colegios que ayuden a la concienciación. Todo lo desconocido nos provoca rechazo y con información puede vencerse esa resistencia», establece Pozo, afincado en Málaga desde hace más de una década.

«El documental –sigue el director de ‘Smile’– es un ser vivo y al final va tomando derroteros que no pensabas». Como esa escena en la que Roger baña a Raúl y, al acabar, acaricia su cara. Y lo mira en silencio. Y en esa mirada cabe todo el amor que hay en el mundo.