El festival quiere poner de moda todo lo español

Fernando León de Aranoa, Fiorella Faltoyano, Sylvie Imbert, Leonardo Sabaraglia y Claudia Llosa reciben esta vigésima edición los premios honoríficos del certamen.
Fernando León de Aranoa, Fiorella Faltoyano, Sylvie Imbert, Leonardo Sabaraglia y Claudia Llosa reciben esta vigésima edición los premios honoríficos del certamen. / Ana Belén Fernández
  • El certamen malagueño celebra su vigésima edición como «referente» del cine nacional y con la apertura de fronteras hacia Iberoamérica. La industria aplaude el nuevo rumbo

  • Los festivales de San Sebastián y Huelva rechazan la competencia con Málaga y afirman que son «complementarios»

La primera proyección en el Teatro Cervantes no fue exactamente la inaugural. Se produjo unas horas antes y fue el pase de prensa de ‘Una pareja perfecta’, una olvidada comedia de Francesc Betriú, a la que asistieron unos pocos críticos y periodistas. Muy pocos. Dos décadas después, las entradas para los estrenos de la sección oficial no solo se agotan de los primeros, sino que en las funciones de prensa es difícil encontrar hueco si no llegas pronto. Ese viaje del juvenil Festival de Cine Español de Málaga hacia el éxito de crítica y público del rebautizado Festival de Málaga Cine Español tiene un primer punto y aparte este 2017 con la celebración de la vigésima edición.

Un aniversario redondo que, más allá de la efeméride, coincide con la mayor revolución interna de la muestra malagueña al ampliar fronteras hacía el ‘Cine en Español’, como reza la nueva coletilla del certamen. La filmografía iberoamericana, que hasta ahora era una sección paralela sin mucho brillo, pasa a competir desde esta edición –se inaugura el próximo viernes– por la Biznaga de Oro junto a la tradicional seña de identidad del certamen, la producción española. Unas películas que pasaron a tener mayor presencia en festivales como San Sebastián, Valladolid y Huelva después de que se contagiaran del virus cinéfilo de Málaga –y de su delirio juvenil en la alfombra roja– hacia nuestras películas y actores.

Dos décadas de trayectoria. Una apuesta «valiente» por el cine español

Si hay una palabra de consenso a la hora de definir el Festival de Málaga es la de «referente» para el cine español. En ella coinciden tanto el vicepresidente de la Academia de cine y director, Mariano Barroso, como el director del Festival de San Sebastián, José Luis Rebordinos; la cineasta Isabel Coixet, o el presidente de los productores malagueños (Procinema), Daniel Ortiz Entrambasaguas. «La apuesta por el cine español en 1998 fue valiente», añade Barroso, que comenta que la muestra se ha consolidado gracias a las películas que han triunfado con la Biznaga de Oro y al trabajo de los «sucesivos» directores y equipos: Salomón Castiel, Carmelo Romero y, actualmente, Juan Antonio Vigar. «Es uno de los festivales más importantes del país... –hace una pausa para pensar–, yo diría que el segundo», asegura Ramón Colom, presidente de la federación de productores audiovisuales de España (Fapae). «Junto al Festival de San Sebastián, es uno de los mejores escaparates que tiene la industria española», argumenta Rebordinos.

Descubridor de talentos. Pablo Berger, Sánchez Arévalo y Paco León

La primera edición ya marcó la historia del Festival de Málaga. Aquel año recibía el primer homenaje el actor y director Fernando Fernán-Gómez –todavía no se había creado el Premio Málaga-SUR– y triunfaba en el palmarés un debutante: Miguel Albaladejo con la comedia ‘La primera noche de mi vida’. «El festival ha sido fundamental para descubrir talentos y subirnos la maltrecha autoestima a las gentes del cine español», asegura la directora Isabel Coixet que participó hace unos años en la sección oficial con ‘Aprendiendo a conducir’. El actor Antonio de la Torre recuerda que el festival ha servido de «plataforma de lanzamiento de óperas primas gloriosas» como la del director Daniel Sánchez Arévalo, ‘AzulOscuroCasiNegro’.

Mariano Barroso enumera títulos de nuevos y consagrados directores que triunfaron en Málaga y en la cartelera, como ‘Las huellas borradas’, de Enrique Gabriel; ‘Torremolinos 73’, de Pablo Berger; ‘Los niños salvajes’, de Patricia Ferreira; ‘Tapas’, de José Corbacho y Juan Cruz, y ‘El otro lado de la cama’, del veterano Emilio Martínez Lázaro y que arrasó en la V edición del certamen, el año del despegue definitivo de la muestra. Una mujer, Gracia Querejeta, es la única con dos Biznagas de Oro por ‘Héctor’ y ‘15 años y un día’. Y de historia reciente tira el director del Festival de Huelva, Manuel H. Martín, que señala la fulgurante aparición de Paco León y su saga ‘Carmina’. «Muchos cineastas consagrados de hoy día comenzaron en Málaga», admite. Una idea que Ramón Colom subraya: «Me parece un hallazgo que, buena parte de los directores de este año en la sección oficial, ya hubieran presentado sus cortos en Málaga».

Hacia Latinoamérica. El acierto de dirigir el rumbo a todo lo español

La entrada del cine iberoamericano en la lucha por la Biznaga de Oro encuentra una respuesta unánime. Apoyo absoluto. Pese a las dudas despertadas entre la crítica y la prensa, la industria se muestra absolutamente convencida del «paso adelante». «Me encanta que el festival de mi Málaga sea una ventana a todo el cine hablado en un idioma tan rico como el castellano», reconoce el actor Antonio de la Torre, cuyas palabras las recoge Coixet para ampliarlas: «Todo lo que sea abrir fronteras es bueno, estimulante y necesario». «Me parece un acierto porque va a hacer mucho más grande el festival», confiesa el presidente de los productores malagueños, Daniel Ortiz Entrambasaguas, que da un dato cada vez más común en el cine español: «Muchos proyectos que estamos desarrollando lo hacemos con países de Latinoamérica y, en este caso, sumar siempre es ganar». «Es un crecimiento natural del festival y en Iberoamérica se hace un cine vibrante, poético y vivo», afirma el vicepresidente de la Academia.

Fortalezas y debilidades. Del apoyo de la ciudad al empuje político

A la hora de hablar de las fortalezas y las debilidades del Festival de Málaga, las opiniones divergen. Antonio de la Torre destaca el apoyo del público al certamen, que vive esta semana de película en las salas y en la calle. También se acuerda de una marca de la casa, la alfombra roja, que incluso han clonado otros certámenes. Afirma que sobre la moqueta se siente el «apoyo y el calor de la gente», aunque también advierte del «exceso de ‘hooliganismo’» del fenómeno fan que precisamente se intenta controlar en los últimos años.

Desde Procinema, apuntan el apoyo no solo al sector audiovisual español y andaluz, sino también a la malagueña con las ayudas a la producción y la gala Málaga Cinema, que ha favorecido una integración «de la industria local que en las primeras ediciones fue muy distante, aunque ahora nos sentimos parte del festival». Mariano Barroso señala el peligro de una excesiva dependencia de la televisión generalista», mientras que Ramón Colom considera que el teatro Cervantes «se queda pequeño» para la expectación que generan las galas. Atrás quedaron épocas turbulentas como la crisis económica que, unida a la deuda del certamen, provocó en 2011 una inyección de dos millones de euros para la supervivencia de la muestra. El presidente de Fapae mira al futuro de la propia política municipal de la ciudad y la nueva proyección internacional del Festival de Málaga. «Sería malo que se produjese un cambio en la alcaldía y no se siguiese la línea marcada actualmente», concluye.

Competencia entre festivales. Entendimiento más allá de las polémicas

Mucho se ha hablado de la interferencia del Festival de Málaga y su nuevo espíritu latino con el veterano Festival de Cine Iberoamericano de Huelva. Pero para uno de los aludidos, el director de este último, Manuel H. Martín, la controversia es artificial. «A pesar de las polémicas, cada festival tiene su personalidad y hay un aspecto esencial, ambos certámenes estamos separados por seis meses, por lo que cuando se celebra Málaga yo empiezo a programar», señala el responsable, que destaca la «excelente» relación de ambos eventos andaluces.

Parecidas críticas se escuchan cuando se habla de la gran presencia del cine español en el Festival de San Sebastián desde que nuestras películas vivieron su ‘boom’ en Málaga. Y ante esto, el director del certamen donostiarra, José Luis Rebordinos, rechaza el argumento excluyente y aboga por el aquí cabemos todos. «Al celebrarse Málaga y San Sebastián en un semestre diferente del año, se complementan de manera natural», afirma el responsable que admite que ambos han «competido por alguna película determinada» y que algunas cintas estrenadas en el Cervantes le hubiera gustado presentarlas en el Kursaal. Aunque se reserva esos títulos. E insiste en la compatibilidad norte-sur: «Ni uno ni otro podemos asumir todo el cine español del año».

Spanish Screenings. Los mercados y la marca Festival de Málaga

Una de las novedades del XX Festival de Málaga es la recuperación de los mercados, que se organizaron en anteriores ediciones. Con el apoyo de Fapae, los Spanish Screenings se trasladan de Madrid a Málaga con el objetivo de recibir compradores de todo el mundo interesados en el cine español y fomentar su internacionalización.

Y con ese negocio, la exportación de la propia marca del Festival de Málaga. «Yo tengo alma federal y todo no puede estar en Madrid y Barcelona, por lo que me parece muy bien que los grandes mercados de cine en España se organicen en San Sebastián y Málaga», asegura el presidente de los productores, Ramón Colom. Un encuentro que aplaude el sector y que exterioriza el propio director del Festival de Huelva. «Si a Málaga le va bien, a todos nos irá bien», concluye Manuel H. Martín.

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