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Jonás Trueba cierra la competición oficial con una 'road movie' entre amigos

El equipo de la película.
El equipo de la película. / EFE
  • 'Los exiliados románticos', que nació de una apuesta entre colegas y se rodó sin guion durante 12 días de viaje por Francia, pone en valor la amistad

Lo que comenzó como una apuesta entre amigos acaba hoy en la gran pantalla del Teatro Cervantes. Jonás Trueba cierra la competición de la sección oficial del Festival de Málaga con 'Los exiliados románticos', una 'road movie' rodada durante un viaje de doce días por Francia y entre colegas. Los mismos que aquel día entre risas bromeaban con hacer una película en la que Vito Sanz hablara en francés y algunos más (las chicas del reparto) incorporados por el trayecto.

La idea original era hacer una cinta ligera con "cero drama" y que se pareciese lo más posible a la vida. Con el tiempo y los kilómetros, se fue convirtiendo en una película sobre la amistad, la amistad entre hombres, entre mujeres y la discutida amistad entre un hombre y una mujer. "Y sobre la decadencia del género masculino", apostilla el hijo de Fernando Trueba. En 'Los exiliados románticos', tres amigos (Vito Sanz, Francesco Carril, Luis E. Parés) toman prestada una furgoneta y emprenden un viaje a Francia para encontrarse con tres amores idílicos y también efímeros (Renata Antonante, Isabelle Stoffel, Vahina Giocante).

Por el camino entre Madrid, Toulouse, París y Annecy, muchos diálogos, risas, referencias bibliográficas -como 'Las pequeñas virtudes' de Natalia Ginzburg- y música. Mucha música. Miren Iza, líder de Tulsa, fue un "motor" fundamental para arrancar este proyecto y tanto su voz como ella misma están presente en buena parte del filme. De hecho, la película se convierte para Trueba en algo así como la "puesta en escena" de la canción 'Oda al amor efímero', el tema principal de la banda sonora. "La letra es el guión, la partitura de esta película", cuenta el director.

Porque 'Los exiliados románticos' nació de un "impulso" y se fue construyendo prácticamente sobre la marcha, de "manera espontánea" y "sin afán de nada". Las situaciones estaban planteadas de antemano, pero no había un guión escrito sino "hablado". "Yo mismo me preguntaba a veces qué estábamos haciendo, pero tenía curiosidad por seguir porque pensaba que esta película no la habia visto antes. Transmite felicidad, alegría y ausencia de drama", resume Trueba.