Tarde de toros de Feria: Pacurrón

La Contraferia

Es de una injusticia suprema que el nombre del que fuera crítico taurino durante más de medio siglo no figure en ninguna esquina de La Malagueta

Tarde de toros en La Malagueta duranta la feria agosteña. HUGO CORTÉS
Tarde de toros en La Malagueta duranta la feria agosteña. HUGO CORTÉS
Pedro Luis Gómez
PEDRO LUIS GÓMEZ

La feria de agosto sin los toros no se podría entender. Es cierto que los tiempos han cambiado, pero tampoco es menos que la historia de la fiesta está unida indefectiblemente al mundo taurino. Basta buscar las historias recogidas en los legajos de nuestros festejos, que tienen su origen en la conmemoración de la entrada de los Reyes Católicos, para comprobar que uno de los grandes atractivos era la suelta de estos animales y su lidia. La largamente centenaria Malagueta heredó las corridas taurinas de los viejos cosos malagueños y hubo fases en la historia de la feria que casi sólo se salvaba por los extraordinarios festejos con los legendarios Antonio Ordóñez o Miguel Márquez y otros tantos como grandes atractivos en sus carteles, siempre a la altura de las grandes plazas. Una tarde de toros de agosto en La Malagueta tiene su encanto especial. Entiendo a los que no le guste la fiesta, para nada entiendo a los animalistas que prefieren que muera un hombre antes que un animal.

El toro nace sólo con el destino de la lidia, y si no fuese así ya sería historia como tantas especies desaparecidas: el animal bravo y el hombre temerario en mitad de la plaza, el arte del toreo, la valentía y la entrega, el juego del miedo y del fracaso o el triunfo, todo ello conforman una experiencia única que en España tiene su máxima representación pero que cautiva al sur de Francia o a la América hispanoablante, y tuvo grandísimos seguidores para nada sospechosos de no ser inteligentes o mentes preclaras, como Pablo Picasso o Ernest Hemnigway, por citar sólo dos nombres.

Tardes de toros en SUR, con Pacurrón, Bori y Fefe (padres), Joaquín Marín, Cañete... Un lujo fue vivirlo

Las tardes de agosto en La Malagueta, e incluso sus noches, han dado lecciones de torería para la historia, con Belmonte, Joselito, Ordóñez, Bienvenida, Márquez, Paquirri, Romero, Tomás, Paula, Conde, Ponce... Hoy, los dos últimos se unen para estrenar en España una nueva dimensión del toreo, una nueva forma de la fiesta, como es Crisol, nombre elegido por Enrique Ponce, su creador, para unir al toro y al torero con el flamenco, la música clásica y la ópera. Es una forma de evolución, una nueva dimensión: Enrique Ponce, JavierConde, pero también Estrella Morente, Pitingo, Alba Chantar... El pasodoble con la ópera, la música de Falla con el embrujo del flamenco.

Una tarde de toros en La Malagueta en feria era en SUR un mundo. Era una parafernalia que se iniciaba muy temprano, con Pacurrón, nuestro añorado y querido Francisco Cortés, como figura principal, acompañado por su ‘cuadrilla’ de amigos y compañeros: Joaquín Marín, Salvador Salas, Fernando González, Francisco Cañete, y algún imberbe becario que se pegaba a ellos para aprender de periódicos, de periodismo, de toros y de la vida. Hoy de aquel legendario cartel sólo queda el ‘Viejo Lobo’ Cañete... bueno, y el imberbe becario. Se cargaban las cámaras, se cogían los pesados magnetofones, se salía primero a pie desde la Alameda de Colón, y desde 1974 en coche desde Martiricos: Pacurrón, con sus crónicas eternas, Bori y Fefe (padres), con sus recuerdos en papel para la historia, Marín con sus comentarios especiales, y Cañete con sus chismorreos de barrera. Recuerdo que nada más caer el último toro de la tarde, salvo que hubiese salida a hombros, todos salían escopetados para la Redacción. Toda la prisa se atascaba al llegar con las conversaciones, discusiones y comentarios de unos y de otros sobre lo acontecido. Lo cotidiano de aquellas tardes eran lecciones magistrales dignas de haber sido registradas para la historia de Málaga. Indigno e injusto es que el nombre de Pacurrón no figure en ningún lugar de La Malagueta, a la que tanto quiso y por la que tanto hizo. A ellos, a los compañeros citados, en rebeldía por ese terrorífico olvido y en defensa de los toros, dedico esta ‘Contraferia’, homenaje de aquel cuasi barbilampiño becario aspirante a periodista.

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