Recuerdos para siempre

La Contraferia

La feria ha tenido en los carricoches el gran atractivo para los niños. Los 'fotógrafos de feria' no han podido subsistir a los móviles

Una de las atracciones infantiles en el real de la Feria. /Fernando Torres
Una de las atracciones infantiles en el real de la Feria. / Fernando Torres
Pedro Luis Gómez
PEDRO LUIS GÓMEZ

La primera feria que conocí estaba en el Parque de Málaga. Lo primero que recuerdo de aquella feria eran los carricoches. No hay niño en el mundo que no sueñe con esas atracciones mecánicas que les hacen pasar minutos de alegría extrema. La cara de ilusión de los más pequeños ante los carricoches ya merece de por sí organizar una feria. Mi infancia perdida está llena de esos carricoches y de caballos de cartón piedra, y eso que entonces, los niños de la generación de los 50, 60 y 70, teníamos unos carricoches que comparados con los de ahora eran antediluvianos. A los carricoches de hoy han llegado los ordenadores, los rayos láser y los circuitos cerrados de televisión; incluso hasta los caballitos son diferentes aunque parezcan los mismos, quizás porque están mejor «alimentados», aunque sean de cartón piedra o de poli-yono-sé-qué-más. Ocurre también, y creo que no hay que olvidarlo, que el sentido de los carricoches está cambiando. Antes, eran sinónimo de niños, hoy son para todas las edades y para todos los gustos. Incluso se puede ver cómo hay padres que se montan en las nuevas atracciones y sus hijos son los que los esperan a que salgan comiendo algodón de azúcar, en un singular y divertido cambio de roles. Ir de carricoches es una obligación y también un sufrimiento, porque se traga polvo y además cansa una barbaridad, aparte de que te deja el bolsillo encogido, porque a ver quién puede presumir de que no le encasqueten a uno o dos vecinitos cuando llega el día que se dedica a los más pequeños... Sin embargo, todos acuden felices a la cita. Las luces y los sonidos, en especial las sirenas del comienzo y final de las atracciones, nos devuelve a los que ya no somos niños a otra época, a otra etapa de nuestras vidas. A esa infancia conformada a base de sensaciones diversas, entre ellas, montarnos en los carricoches.

Ahora hay atracciones en las que son los niños los que esperan a los padres a que bajen de ellas

En aquella feria de entonces, y hasta hace nada, en medio de un paseo del real repleto de gente, solía haber pequeños estudios de fotógrafo. Eran muchos hasta que los móviles y sus aplicaciones acabaron con ellos. Solían tener un diminuto decorado que simulaba un patio andaluz, con una pequeña mesita y su silla de anea y todo, un caballo de cartón piedra, varios sombreros tipo-cordobés y una guitarra... «¡Oiga, quiere una foto para el recuerdo de la feria...!». Esta escena típica de la feria malacitana, y supongo de todas las ferias, ya casi se ha perdido, y ya sólo queda alguno, pero hubo una época en la que había puestos de este tipo cada cincuenta metros. Pero ahora no tienen sentido. El fotógrafo de siempre, el fotógrafo de feria perdió la batalla con los móviles y sus aplicaciones fotográficas. Una de las ilusiones de muchos niños era siempre la de hacerse aquella fotografía que muchos malagueños recuerdan hoy encima del caballo que había de atrezzo. Era un gozo efímero, y por ello mucho más preciado que los duraderos. Esa foto cuelga en muchas paredes de las casas malagueñas o se conservan en aquellas históricas latas de carne de membrillo de Puente Genil que es donde, según nuestros mayores, las fotografías nunca se estropean. Pero ahora es distinto. Ya apenas si hay fotos en papel, porque la mayoría guarda sus recuerdos fotográficos en memorias, nubes o dispositivos USB, que a lo mejor no saldrán nunca de ahí... por eso ha desaparecido el fotógrafo de feria, ese que tenía el caballo de cartón piedra y la silla de anea, el falso patio andaluz, los sombreros cordobeses y la guitarra. Aún queda alguno... ahí sigue, en medio pleno real, ofreciendo una fotografía para el recuerdo del nene y de la nena. «¡Señora, le hago una foto al niño vestido de gitano para que recuerde lo guapo que va?».

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