Fin de semana final

La Contraferia

La feria es una simple excusa para que la gente olvide aunque sea por unas horas el día a día

Salvador Salas
Pedro Luis Gómez
PEDRO LUIS GÓMEZ

La feria entra e su recta final en una edición extraña merced a la huelga inesperada de los taxistas, gremio que posiblemente nunca evaluó (ni evaluará) el daño que le podían hacer a Málaga y a sus conciudadanos y el que le han hecho. Solucionado el asunto, se puede entender que el de ayer fue el primer día ‘normal’, aunque nunca se sabrá si por eso o por la propia inercia del fin de semana y las ganas de jarana, el Centro y el real vivieron una jornada pletórica con asistencia masiva de un público deseando pasarlo bien. Pasarlo bien, eso es lo que quiere la gente, acuciada por tantos problemas cotidianos, para que cuando hay oportunidad de aparcar el día a día te venga alguien y te lo fastidie.

La Feria de Agosto de Málaga tiene sus horas contadas en la edición de 2017, y por eso la gente ya va a apurar hasta el final. Hubo un tiempo en el que, tras su ‘salida’ del Parque, la feria no se notaba para nada en el entramado urbano de Málaga, porque no existía la feria de día y porque Teatinos quedaba entonces mucho más lejos que ahora, y no es ningún juego de palabras. Pero desde sus orígenes, el sentido de la fiesta ha sido, aparte de conmemoraciones y búsquedas de objetivos económicos, ser una simple excusa para que la gente se lo pase bien. Hay pocos tratados de cómo pasarlo bien en un sentido amplio y a la vez concreto de la expresión. El pasarlo bien significa apartar la cotidianeidad, porque pocos se lo pasan bien en el día a día, en la hora a hora, y por tanto muchas veces tenemos que buscar ‘medios’ para conseguirlo. Existe también la influencia de los colectivos, y lo que sin duda se puede definir como «elementos externos» que ayudan a alcanzar el objetivo: gente, música y vino, que en dosis bien administradas son un gran revulsivo para conseguirlo, pero que en su exceso te lo fastidiará todo. Pasarlo bien no significa caerse al suelo borracho, o vomitar a las cuatro de la tarde, meterle el dedo en el ojo al que pase por tu lado, ni poner la música a decibelios impropios de ser aguantados, ni por supuesto mofarte de los demás, y hay quien confunde las churras con las merinas, que sí, que son ovejas, pero que no tienen nada que ver la una con la otra. Pasarlo bien es también respetar a los demás.

Las autoridades de todas las épocas de la historia establecieron y organizaron las fiestas buscando un origen, una conmemoración, y unas circunstancias, pero también con un clarísimo fin: que hubiera diversión para la gente, que el pueblo se entretuviera feliz. Imagino que en 1487 había escasísimas ocasiones de pasarlo bien en el concepto particular y pocos entretenimientos para la gente en general, pero ahora hay de casi todo al alcance también de casi todos, pero sin embargo sigue siendo necesario el tener una excusa para ‘pasarlo bien’, y la Feria de Agosto de Málaga cumple perfectamente para ello, como otras manifestaciones de distinta índole y de diverso sentido.

La feria encara su último fin de semana. Todo apunta a que este fin de semana va a batir todos los registros en la feria, entre otras cosas porque ha habido gente que aún no la ha pisado, reservando fuerzas y ‘bolsillo’. La afluencia al real ya ha sido más alta que nunca, porque la ‘aportación’ numérica del día a los registros habituales está siendo muy superior a lo hasta ahora registrado. El real de día está convirtiéndose en un precioso escenario para la fiesta, un magnífico punto de reunión, por su comodidad y su acondicionamiento. Al final se ‘comerá’ toda la fiesta, al tiempo.

PD. Este artículo está escrito horas antes del tremendo atentado terrorista de Barcelona, de lo contrario me hubiera sido imposible escribir de la fiesta y de la feria...

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