Música y ganas de fiesta en la primera jornada de la feria

A. Cabnera

Las casetas de las cofradías y los conciertos en la calle protagonizan una jornada inaugural con gran asistencia de público

Iván Gelibter
IVÁN GELIBTER

Málaga tiene ganas de mucha feria. La fiesta del verano por excelencia en el sur de Europa ha comenzado en el mediodía de hoy con una asistencia espectacular similar a la de años anteriores. Desde el portón de la calle Larios hasta la plaza de la Merced, y pasando por Mitjana, Uncibay o la calle Madre de Dios –así como los nuevos espacios que se han ido incorporando en estas últimas ediciones–, el Centro Histórico recoge todo lo que se había estado previendo antes de que comenzara la semana grande malagueña.

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Está presente el botellón, como era previsible, pero también las decenas de despedidas de soltero y soltera con los singulares –y discutidos– atuendos que ya han dejado de llamar la atención por haberse convertido en uno de los elementos más ‘mainstream’ de este Feria de Málaga.

Un año más lo mejor parece que van a ser los conciertos organizados por San Miguel en plazas como la de Las Flores; Constitución o Uncibay, en las que se apuesta por diferentes estilos para que puedan agradar al mayor número posible de perfiles de feriante, incluyendo música española, rock o jazz. Si bien son espacios en los que solía haber música con los altavoces, la presencia de un grupo animaba a los feriantes, ya que la interrelación entre músicos y público es algo que ningún hilo musical puede conseguir.

Para aquellos que no han pisado el Centro en esta primera jornada, o al menos que no han probado esta parte de la oferta, es recomendable; se van a divertir más de lo normal, o al menos van a sentir que la feria se puede vivir de otra manera.

Sería interesante que algún año, en vez de cortar la música a las 18 horas, se permitiera que estos espacios pudieran ampliar los horarios un par de horas más. Quizá así se podría acabar –en parte– con el botellón, que tanto trae de cabeza a los vecinos y cuya imagen no es la más idónea, ya que una vez más se están transformando las calles en un coto vedado para los que entran en el juego de beber en las calles, y de paso no recoger los restos después.

Las casas hermandad de las cofradías también amenazan este 2017 con ser uno de los espacios más divertidos de la feria del centro. Ejercen como locales de comida y bebida pero manteniendo la parte más tradicional que representa esta fiesta: farolillos, sevillanas, tortilla de patatas y mucho Cartojal. Las estructuras de las cofradías saben cómo enfrentarse a grandes eventos y aglomeraciones, y así lo hacen notar desde su explosión hace ya dos o tres ferias.

En cuanto al ámbito más político y social, esta primera jornada ha estado protagonizada por la asistencia del consejero de Empleo de la Junta de Andalucía, Javier Carnero; que ha realizado un recorrido por las zonas más emblemáticas de la feria partiendo del portón de la calle Larios.

La hora del botellón

Eso sí, todo lo anterior –a lo que habría que añadir las bandas que van animando por zonas como la calle Larios o la plaza del Siglo– ha cambiado de manera clara una vez que el reloj ha marcado las 17 horas. Es ahí cuando ha llegado el intercambio de público; abandonan los más madrugadores que ya se habían tomado el aperitivo en el centro –sobre todo las familias con hijos– para dar paso a las generaciones más jóvenes. De los corrillos de la parte más baja del centro a la marcha del eje Cervantes, Madre de Dios y Uncibay. A esta hora estas calles ya están cortadas para el paso de vehículos en un hervidero de adolescentes y más de un adulto que pululan por los bares y puestos instalados esta semana para vender alcohol en cantidades industriales y, por qué no decirlo, de dudosa calidad. Dejando a un lado los gin tonic y el resto de combinados, los mojitos son el producto más solicitado junto con las eternas botellas de tapa rosa. Por cierto, la innovación de este año es el ‘cartojito’, el mojito de Cartojal que promete hacerle la competencia al rebujito. En realidad es el mismo vino dulce pálido al que todos estamos acostumbrados, pero al que se le ha sumado menta, hierbabuena y cítricos. Toda una fantasía de sabores al alcance de muchas bocas, o al menos es lo que se está pudiendo ver en la primera jornada de esta feria. Veremos si se consolida. Aún así, ahí seguían las botellas de ron de supermercado y los vasos de litrona, cuya competición de precios es uno de los grandes atractivos de los primeros días de la feria. Ya sabe, quien golpea primero, golpea dos veces, porque el boca a boca en esto es esencial, aunque la experiencia demuestra que cuanto más barato es el local, más posibilidades hay de que las autoridades hagan inspecciones diarias.

Habrá que ver qué ocurre con estas miles de personas en las próximas horas, que es la pregunta que todos se hacen. El anuncio de Limasa de que no pasará con las máquinas promete alargar el botellón varias horas más de lo normal.

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