Buscarle sentido (otra vez) a la Feria del Centro

LA CONTRAFERIA

Lo que en sus orígenes fue un modelo imitado en muchas otras grandes ciudades, se ha dejado languidecer hasta llegar a su desquiciado momento actual

Calle Larios, en feria
Calle Larios, en feria / SUR
Pedro Luis Gómez
PEDRO LUIS GÓMEZ

Siempre he sido defensor de la feria del Centro, pero Málaga, ciudad que la inventó y la exportó fuera de sus límites provinciales, parece que comienza a dar síntomas de que el actual modelo está agotado o, cuanto menos, que hay que cambiarlo. La solución, no crean, no tiene que ser fácil, y además es una especie de ‘patata caliente’, porque la feria del Centro o la feria de día en el Centro, como prefieran llamarla, tiene una legión de seguidores, y además de los estratos más jóvenes.

La feria de día nace en Málaga como todo el mundo sabe por la decidida actitud de un grupo de comerciantes del Centro que encontró al poco tiempo (sus inicios fueron adornar sus negocios, ofrecer una copa de manzanilla o vino Málaga a los clientes y poner música de fiesta) un decidido apoyo del Ayuntamiento de Málaga, que apostó y muy fuerte sin duda por la reactivación de unos festejos de agosto que habían dado claras muestras de haberse quedado anclados en la vulgaridad más absoluta. En los planes de una gran ciudad no había cabida a una feria que ni llegaba a la altura de la de un pueblo pequeño, y de ahí la gran apuesta municipal que tuvo su plenitud en 1987, con motivo del IVCentenario de la entrada en Málaga de los Reyes Católicos. Aquella feria del Centro era muy distinta a la de hoy, con caballistas y paseos de coches de caballos, mucha gente vestida de fiesta y muchas, muchísimas casetas con mucha clase por todos lados. Fue un fenómeno a imitar, y de ahí ‘bebieron’ Granada, Almería,Antequera, Motril, etcétera...

La convivencia con el real que entonces estaba en Teatinos era magnífica, posiblemente porque las ganas de una fiesta de calidad era tan grande que la gente participaba sin fin, porque ese real se llenó de nuevas casetas, de grupos de amigos, de colectivos y empresas... La decisión de un real permanente a mediados de la década de los 90, ubicado en Cortijo de Torres, no pareció en un inicio ‘competencia’, pero la presión de los colectivos y peñas que, todo hay que decirlo, eran la misma historia de la feria de noche y que tenían en sus casetas entonces su principal fuente de ingresos, fue importante a la hora de que se apostara por un nuevo recinto que se pidió fuese permanente.

Aquello parecía una utopía, porque Cortijo de Torres era casi un erial, con los árboles recién plantados y casetas que durante el día eran cuasi hornos: ir de día allí era como un suicidio, y la feria del Centro mantuvo durante años su hegemonía, pese al evidente abandono del Ayuntamiento, que decidió apostar por el nuevo real como sede la fiesta las 24 horas.

Las principales virtudes de la feria del Centro, pues, se fueron perdiendo, y aquello dio paso lentamente a lo que es hoy, un tremendo bullicio de gente con un consumo excesivo de alcohol en plena calle, sin una organización adecuada, sin ton ni son. Ya se comienza a pensar en suprimir las pocas casetas que quedan, y vista la cosa, es irreversible. La nueva Málaga turística, con una masiva apertura de negocios de restauración, no encaja bien esa feria del Centro tal como ha llegado diseñada. O se retoma como en sus orígenes con un apoyo decidido y firme, o se deja para que el real asuma el mando definitivo de la fiesta mañana, tarde y noche.

En Cortijo de Torres los árboles han crecido, ya hay sombra y la mayoría de las casetas están dotadas de muchas comodidades, entre otras cosas aire acondicionado. El Centro se ha quedado en una especie de pista de baile al aire libre, en un botellódromo donde los excesos suben enteros con el sol dando de lleno... El Centro en feria debe seguir teniendo su gran protagonismo, pero otro, no el actual. El modelo de hoy ni sirve ni le da categoría. Así de fácil.

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