Un Centro a rebosar que apuesta por la música

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El umbral. Desde primera hora, la calle Larios es el punto de entrada a la Feria para malagueños y visitantes. / Álvaro Cabrera

  • Los nuevos escenarios de la Constitución, Mitjana y Uncibay protagonizan una primera jornada gloriosa en cuanto a asistentes

Farolillos, guitarras, calorcito y Cartojal. La Feria de Málaga 2016 arrancó ayer con toda la luz a la que esta ciudad está acostumbrada. Desde apenas entrado al mediodía, hasta bien pasada la puesta de sol, el Centro histórico de la capital volvió, un año más, a tener ese espíritu que convierte estas fiestas en las más grandes del sur de Europa. Padres, madres, abuelos, abuelas, niños y niñas pequeños y adolescentes de toda índole volvieron a ser los protagonistas en unas calles plagadas de malagueños, sí, pero también de miles de visitantes que preguntaban qué había que hacer para vivir esta feria como los malagueños de toda la vida.

Por supuesto que todo comenzaba en la calle Larios. Su arco, este año de un rojo imponente, es la auténtica puerta para el que accede como invitado, pero también es el umbral de esas primeras horas del Centro, en el que prima la música en la calle, las sevillanas, los trajes de flamenca y los hombres vestidos de corto. El siguiente escalón es la Plaza Uncibay. El centro del Centro, con sus terrazas llenas a primera hora para dar paso a la masificación posterior. Esa que lleva la marabunta hasta el eje de la calle Madre de Dios y la plaza del Teatro Cervantes.

Entremezclados con ellas, la novedad de los últimos años. Las cofradías, protagonistas en Semana Santa, ya lo son también en la Feria. Sus casetas, divertidas, holgadas, con auténtica música de feria e incluso fresquitas, son una gran opción en estas jornadas, como las de ayer, en las que no cabe un alma entre esquina y esquina.

Pero para música en la calle, la innovación del año. Los escenarios instalados en la Plaza Mitjana, Plaza de la Constitución y Plaza Uncibay –más la de la Plaza de las Flores, que ya se ha puesto en otras ocasiones– amenazan con con ser el gran acierto del 2016. No es que vayan a evitar un ‘botellón’ que parece no perder su sitio (a las 18 acababan los artistas), pero sí aportan más colorido musical a esta semana grande de la capital de la Costa del Sol.

En este primer día, el grupo Querencia fue el encargado de aportar esta novedad en la Plaza de la Constitución; el grupo Alboreá hizo lo propio en la plaza Uncibay; y Sótano Sur en la Mitjana. Si bien son sitios en los que solía haber música con los altavoces, la presencia de un grupo animaba a los feriantes, ya que la interrelación entre músicos y público trajo una compenetración total. Para aquellos que no pisaron el Centro ayer, o no pasaron por estos sitios, es recomendable; se van a divertir más de lo habitual.

Una vez pasadas las 17.00 horas, la Feria, como es tradición en el Centro, cambia su fisionomía completamente. Del ‘mogollón’ de la calle Larios se pasó a la ‘movida’ del eje Cervantes, Madre de Dios y Uncibay. No en vano, a las 18.00 horas era un hervidero de adolescentes (y algunos que no lo eran tanto), disfrutando de un ‘botellón’ que parece que otro año más no se marchará del Centro histórico. El buen tiempo –no hizo excesivo calor– ayudaba a formar estos grandes grupos de gente, y tal como se escuchó a algunos de los asistentes, «hacía una temperatura perfecta para la práctica de la Feria».

Tímidamente, miembros de la Policía Local –en algún momento acompañados incluso por el portavoz del equipo de gobierno, Mario Cortés–, iban pidiendo a los del ‘botellón’ que no dejaran las botellas en el suelo; o dicho de otro modo, que fueran algo más discretos y que no ensuciaran tanto la calles; una misión que se antoja imposible.

La Feria del Centro de Málaga ya es una realidad, y pese a tener el mismo espíritu de siempre, la apuesta por la musica en directo ha sido todo un acierto que hay que poner en valor. A partir de ahora, quedan seis días de disfrute. Los malagueños lo estaban deseando, los visitantes, disfrutándolo.