El presidente del PP, Mariano Rajoy, ayer, a punto de comparecer en la sede del partido. :: jose jordan / afp
El presidente del PP, Mariano Rajoy, ayer, a punto de comparecer en la sede del partido. :: jose jordan / afp

Rajoy apremia a PSOE y Ciudadanos a respetar las urnas y levantar los vetos

  • El presidente apuesta por una coalición, pero se mantiene «abierto a todas las fórmulas» ante la «urgencia» de formar gobierno

El día después, el PP entendió que 137 diputados no son mayoría absoluta. Pasada la euforia de unos resultados inesperados, en la dirección del partido llamaban ayer a la calma y recordaban que el Gobierno aún está por negociar. Veinticuatro horas después de la votación, ninguno de los posibles socios de los populares había rebajado sus vetos y Mariano Rajoy apremió tanto al PSOE como a Ciudadanos a dejar atrás el bloqueo. «Sería algo verdaderamente inaudito que fuéramos a unas terceras elecciones, sería una irresponsabilidad verdaderamente antológica, ¡es que urge formar un Gobierno!», exhortó desde su sede nacional.

En realidad, los populares dan por sentado que ya no cabe pensar en otra convocatoria electoral. Dos son los factores que manejan en favor de sus tesis. Por un lado, los números. El PP está determinado a hacer valer los 14 escaños que mejoran su marca electoral respecto al 20-D y los 52 que le separan del PSOE, para reclamar su «derecho a gobernar» frente al resto de formaciones en retroceso en las urnas. «La gente ha hablado y lo ha hecho con claridad», subrayó el presidente tras el Comité Ejecutivo Nacional al que había convocado a los suyos.

El otro elemento, es el mero paso del tiempo. Los seis meses de parálisis han desembocado en el verano de 2016, momento de comenzar a elaborar los Presupuestos Generales del próximo año y, a juicio de Rajoy, de construir en Ejecutivo «sólido», con amplio apoyo parlamentario, que genere confianza dentro y fuera de España. Esa será una de las bazas con las que jugará PP en la negociación. La de una «necesaria» estabilidad que termine con el parón político a finales de julio o, como mucho, a principios de agosto.

El eurodiputado Antonio López Isturiz barrió para casa y trasladó no sólo el «orgullo» que, asegura, sienten muchos líderes europeos por el resultado de los comicios, sino que compartió su impresión de que los dirigentes de los partidos socialdemócratas y liberales pedirán a sus colegas españoles del PSOE y Ciudadanos que allanen el camino.

Primero, el PSOE

Los teléfonos de los dos partidos sonarán una vez Rajoy vuelva del Consejo Europeo que se celebra en Bruselas hoy y mañana. En primer lugar, el presidente llamará a los socialistas. Ellos son la prioridad del PP. Una abstención suya bastaría para posibilitar el gobierno. Y en el partido, pese al rechazo del PSOE, esta opción no se descarta al tiempo que se apela al «sentido de Estado» de Pedro Sánchez.

La suma de las dos primeras fuerzas siempre fue la propuesta del presidente en funciones, que pide ahora «generosidad y altura de miras». La coalición es la fórmula que acaricia Rajoy como idílica, aunque no haya posibilidades reales de lograrla. Así que si el pacto de gobierno no sale adelante, el plan B consistirá en un acuerdo de legislatura con los «partidos moderados» que establezca un programa pactado para cuatro años. Como último recurso, siempre quedará el gobierno en minoría, obligado a negociar de manera puntual la sesión de investidura y cada decisión que se pretenda a adoptar.

«No vamos a abdicar de nuestra responsabilidad de gobernar», anticipó el líder del PP, que trata de mantener la cautela hasta comprobar «la disponibilidad a hablar» y a «construir» del resto de líderes. Hoy por hoy, no descarta nada. «Estoy abierto -garantizó- a todas las fórmulas». En sus planes cabe desde integrar a ministros socialistas en su Gabinete hasta negociar con Ciudadanos, PNV y Coalición Canaria. Lo que no entra en ningún caso es la exigencia de Albert Rivera de su retirada.

«Sería el primer dirigente en la historia que ganando unas elecciones, le digan que se vaya; vamos a ver si somos serios», demandó. Entre sus segundos espadas, el portavoz parlamentario, Rafael Hernando, advirtió de lo que ocurre con quienes vetan: «Han salido escaldados».