Los tres astilleros privatizados, en quiebra, buscan su segunda oportunidad

Los tres astilleros privatizados, en quiebra, buscan su segunda oportunidad

Gijón y Sevilla ya remontan de la mano de los nuevos propietarios y el de Sestao se enfrenta a un incierto futuro

MANU ÁLVAREZ BILBAO.

A mediados de 2006 decía José Montilla, el ministro de Industria, que «el proceso de liquidación de la antigua Izar pretende garantizar que en el sector civil haya unos astilleros españoles que tengan futuro y viabilidad». Como predictor del futuro, Montilla no tenía precio. Tres de tres. No se ha librado ni uno. Todos a la quiebra. Tras la privatización ejecutada a finales de 2006, el Astillero Juliana de Gijón fue el primero en caer, en 2009. Apenas un año más tarde sería el Astillero de Sevilla el que inició el camino del procedimiento concursal. El de La Naval de Sestao (Vizcaya), también ha caído este mes.

En 2004, la UE comenzó a apretar las tuercas al Gobierno, porque su descarada inyección de fondos a los astilleros públicos era ya insostenible. En los cuatro años anteriores el Estado le había metido 650 millones de euros a Izar. Al final, la UE exigió que la sociedad devolviese al Estado ayudas por un importe de 1.250 millones.

El tándem Pedro Solbes-José Montilla intentó calmar la situación dejando la construcción de buques militares en manos del Estado, lo que permitiría el nacimiento de una nueva sociedad, Navantia, y el grueso de la construcción civil se privatizaría. Navantia se reservaba la posibilidad de realizar un 20% de sus actividades en el ámbito civil durante un periodo de 10 años, para romper esa limitación al terminar el periodo. Se suponía que para ese momento -2016- Navantia sería una empresa rentable y sin ayudas públicas. Lo contrario de lo que ha sucedido en la realidad.

LAS CLAVES Armon abonó 18 millones para quedárselo y ha conseguido mucha carga de trabajo En la actualidad es propiedad de una naviera eslovena y se ha centrado en reparaciones

Cambio de dueños

La Naval de Sestao fue vendida a un variopinto grupo de accionistas por siete millones de euros. A cambio heredaban un contrato por valor de 50 millones para finalizar los buques que ya estaban en curso. El de Sevilla pasó a ser propiedad de Astilleros de Huelva por 2,1 millones -asumieron una plantilla de 190 empleados- y contratos por importe de 12,6 millones. El de Gijón, el antiguo astillero Juliana, puro saldo, se incorporó al grupo naval vigués Vulcano. Y la fábrica de motores navales de Manises fue desmantelada porque nadie quiso quedársela. Todo ese proceso supuso la pérdida de 4.050 puestos de trabajo.

Hay no pocos elementos comunes en el colapso de los tres astilleros. A los tres les han devorado las pérdidas y la limitada capacidad financiera de sus nuevos propietarios. Todos tenían barcos en proceso de construcción en el momento del colapso, lo que permite llegar a una curiosa conclusión: sus pérdidas son menores cuando hay baja actividad y se disparan cuando alcanzan un aceptable ritmo de crucero. Un signo inequívoco de que los viejos modelos de gestión del sector público -da igual el beneficio, si hay pérdidas ya las tapará el dueño Estado- permanecieron de forma inalterable tras la privatización.

Pero mientras hay vida hay esperanza. En el tránsito del procedimiento concursal, alguien tendrá que asumir las deudas y despedirse de ellas -la banca y los proveedores-, al tiempo que con toda seguridad se destruirá empleo.

Pero lo cierto es que el astillero de Sevilla sigue vivo, ahora de la mano de una naviera eslovena y aunque reducido a la mínima expresión y dedicado de momento sólo a tareas de reparaciones. El de Gijón, en su segunda oportunidad en el mundo de los privados, parece florecer. Tras el concurso de acreedores lo adquirió por 18 millones de euros la firma Armon, que también cuenta con astilleros en Galicia y ha conseguido reactivar sus gradas. Construye en la actualidad varios remolcadores, también un ferry para un armador canario y recientemente ha formalizado la contratación de un buque factoría.

Y en cuanto a la Naval de Sestao, no es sólo una cuestión de encontrar dinero para inyectar, sino un empresario que pueda reforzar tecnológicamente a la empresa. El sector apuesta por la especialización. Los actuales accionistas han reconocido que ya se han acercado varios astilleros europeos, interesados en estudiar una hipotética adquisición de La Naval. Y las deudas... De esas, dentro de poco tiempo, no hablará nadie.

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