¿Cómo hacer una oficina saludable para el empleado?

Elementos como los materiales, la luz, la ventilación, el electromagnetismo e incluso la estética influyen en el bienestar. En Málaga ya hay ejemplos de esta corriente

Interior de la oficina de Triodos Bank en Málaga./Álvaro Cabrera
Interior de la oficina de Triodos Bank en Málaga. / Álvaro Cabrera
Nuria Triguero
NURIA TRIGUERO

¿Puede un edificio ser ecológico si no tiene en cuenta la salud de quienes lo habitan? Para una corriente cada vez más amplia de la arquitectura sostenible, está claro que no. «No tiene sentido que en una construcción se busque no dañar el entorno y, en cambio, las personas que la habitan acaben sufriendo molestias o enfermedades», apunta Iñaki Alonso, consejero delegado del estudio de arquitectura SATT.

Se habla mucho de los edificios enfermos, pero ¿cómo es un edificio saludable? En Málaga hay un ejemplo que ha sido reconocido por los premios Green Solutions en la categoría de salud y comodidad. Se trata de la sucursal de Triodos Bank, situada en la Alameda de Colón, que ha sido reformada bajo la dirección de Alonso. Es un proyecto piloto de lo que van a ser las nuevas oficinas de la entidad, en el que se han seguido «los estándares de sostenibilidad más exigentes, teniendo en cuenta criterios de bioconstrucción, eficiencia energética, análisis de ciclo de vida, psicología ambiental, análisis geoambiental, energías renovables y calidad ambienta». Como resultado, es la primera sucursal bancaria en España en proceso de obtener el certificado BREEAM, es el más importante a nivel mundial para la edificación sostenible.

El primer factor a tener en cuenta en un edificio saludable es la salud geoambiental. Se trata de una nueva disciplina científico-técnica dirigida a la identificación de los factores de riesgo presentes en el entorno; factores de origen geofísico, físicos, químicos y biológicos que confluyen en el interior de los edificios en los que trabaja y vive la gente. Para empezar está el electromagnetismo, según explica Fernando Pérez, de la Fundación para la Salud Geoambiental, que realizó un estudio de riesgos para la sucursal malagueña de Triodos. «En este caso el factor más importante era el cuadro eléctrico del edificio, que estaba detrás de una de las paredes del local. En función de su localización decidimos la ordenación del espacio, con el fin de que el lugar donde se sientan a diario los empleados sea el más lejano a esta fuente de contaminación electromagnética», explica. De esta forma se previenen los efectos que, según la OMS, pueden provocar estas ondas: dolores de cabeza, insomnio, irritabilidad, depresión o mayor riesgo de cáncer.

Hay otros factores de riesgo para la salud que, afortunadamente, en Málaga no están presentes, pero sí en otras zonas del país. Se trata, por ejemplo, del gas radón, segundo causante de cáncer de pulmón a nivel mundial. Se encuentra en el suelo de zonas graníticas y se puede filtrar hacia las casas, afectando a sus habitantes. Galicia y Castilla y León están entre las regiones más afectadas en España. Otro factor a tener en cuenta la contaminación ambiental, que en Málaga es bajo en comparación con grandes ciudades como Madrid.

La climatización y ventilación es otro aspecto de capital importancia para que un espacio sea saludable. En la oficina de Triodos se monitoriza continuamente el nivel de dióxido de carbono en el aire, además de la temperatura y la humedad, con el fin de mantener las condiciones idóneas. «En esto hay un debate entre arquitectos: unos apuestan por que los edificios ‘respiren’ y otros, por un espacio estanco en el que se controlan al 100% las variables. Yo, en los entornos urbanos, apuesto por el segundo modelo, es decir, por una ‘respiración asistida’». «No todo lo natural es bueno ni lo artificial es malo», añade. Eso sí, a este sistema estanco se suma un jardín vertical interior que colabora en la renovación del aire.

Respecto a los materiales constructivos y el mobiliario, se han priorizado que estén libres de compuestos tóxicos –desde las maderas a las pinturas, que son minerales– y que sean, en lo posible, naturales, para evitar las molestas cargas estáticas que aparecen en los edificios de oficinas. Respecto a la iluminación, se combina la priorización de la luz natural con un sistema domótico de control de la iluminación artificial que busca a la vez ahorrar energía y dotar de la luz idónea a los ocupantes de la oficina en cada momento.

La psicología ambiental es otra curiosa disciplina que se tuvo en cuenta a la hora de diseñar la oficina. Nada que ver con el ‘feng shui’, por cierto. «Se trata de buscar que las personas se sientan a gusto en un sitio a través de la luz, los colores, las formas... Por ejemplo, está probado que los seres humanos se sienten más relajados en un entorno de superficies redondeadas, sin aristas», apunta Alonso.

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