Más tiempo para regar de dinero la Eurozona, pero con la mitad de ritmo

El presidente del BCE, Mario Draghi, tras una de las reuniones del supervisor bancario. :: v. kalnina / EFE/
El presidente del BCE, Mario Draghi, tras una de las reuniones del supervisor bancario. :: v. kalnina / EFE

Los consejeros del BCE se inclinan por prolongar el plan de compra de deuda hasta otoño de 2008 para lograr un aterrizaje suave desde su política actual

J. A. BRAVO MADRID.

Quienes esperaban que el próximo día 26, en la siguiente reunión del consejo de gobierno del Banco Central Europeo (BCE), se anunciara un giro, no ya brusco, sino al menos apreciable en su controvertida política monetaria de los últimos años, habrán de armarse aún de paciencia y no poca. Es probable que se conozca, por fin, la fecha de retirada de sus estímulos financieros, pero ésta probablemente será bastante más tarde de lo que se esperaba.

A priori, según el debate interno que está teniendo lugar estos días en el seno del supervisor europeo, difícilmente será antes de otoño de 2018. Y es que la aprobación de una prórroga de nueve meses respecto al plazo actual, que expiraba a finales de este año, parece ya la solución más probable de consenso entre quienes defienden prolongarlo incluso una anualidad más y los que -encabezados por Alemania- estiman, por el contrario, que incluso hacerlo medio ejercicio ya sería de por sí mucho.

Para apaciguar los ánimos alemanes y de sus socios, los consejeros afines a su presidente, Mario Draghi, abogan por limitar la cuantía mensual de esas compras de activos (sobre todo deuda soberana y bonos de empresas), que llegará a diciembre con una media de 60.000 millones de euros. Pero aquí, de nuevo, las posturas divergen -admiten fuentes cercanas a la institución- puesto que los más reacios a seguir regando de dinero la Eurozona persiguen reducir ese volumen a poco más de un tercio, con un límite de 25.000 millones, mientras que los partidarios de que el aterrizaje resulte lo más suave posible prefieren un primer ajuste hacia los 40.000 millones, sin descartar un límite menor según se acerque el final del programa.

El Quantitative Easing (QE), como se le conoce en inglés, no es otra cosa que el plan flexible puesto en marcha por el BCE en marzo de 2015 para estimular las economías de los países del euro, precisamente en un momento clave porque su recuperación estaba en clara duda. Desde entonces les ha inyectado más de dos billones de euros, quedándose a cambio con miles de bonos tanto de sus Estados como de sus empresas privadas, bancos incluidos.

En la práctica, no pasa de ser un remedo del plan que puso en marcha la Reserva Federal de EE UU en 2008, al inicio de la última gran crisis. Allí la bolsa de dinero público ingresado en la economía ha superado los 4,5 billones de euros y solo a partir de este mes empezará a retirar sus apoyos de forma «predecible y gradual», a razón de unos 10.000 millones de dólares menos cada mes.

Por eso, los partidarios de continuar, aunque a menor ritmo, con la política de Draghi sostienen que son mayores los riesgos de cambiar esa política demasiado rápido que de hacer justo lo contrario. Y los mercados, según el consenso de los analistas, tampoco esperan aceleraciones aunque algunos puedan desearlo.

En Europa, bancos internacionales como Merrill Lynch y ABN estiman que en una decisión salomónica el supervisor bancario podría limitar a la mitad sus estímulos desde enero, a razón de 30.000 millones en compras al mes. Agencias como Bloomberg o Reuters, sin embargo, no coinciden del todo en las cifras y abren esa horquilla.

Alemania, como insistió ayer el presidente del Bundesbank, Jens Weidman, no ve necesario «continuar dándole a la rueda de la política monetaria». Pero sin ello no pocos países, sobre todo los del sur del continente, notarían el cambio si fuera brusco. Por ejemplo, solo la banca española tiene una deuda de 171.710 millones con el BCE, un 27% más que hace un año, aunque en el último trimestre apenas ha variado.

Draghi, mientras, volvió a enfriar las expectativas germanas. Dijo ayer que los tipos de interés en la Eurozona seguirán en niveles históricamente bajos aún «bien pasado» el momento en que concluya el QE, al tiempo que insistió en que eso es «muy, muy importante para anclar las expectativas de inflación».

Fotos

Vídeos