Sacyr cierra filas con su cúpula y saca del consejo a Moreno Carretero

El presidente de Sacyr, Manuel Manrique. :: efe
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El presidente de Sacyr, Manuel Manrique. :: efe

El segundo accionista de la constructora pretendía limitar el mandato del presidente y éste ve falta de «transparencia» en una acción «individualista»

J. A. BRAVO

Sacyr pasó ayer la página del último conflicto con su accionista más díscolo, el empresario José Moreno Carretero, quien entre participaciones directas y derivados controlaría el 12,5% del capital social -aunque desde su entorno se eleva esa cuota hasta el 14,2%-, pero el libro parece estar por terminar. Su batalla con la cúpula del grupo de construcción y servicios se ha saldado con su expulsión del consejo de administración, refrendada por la junta general, pero la guerra va a continuar en los tribunales.

Moreno Carretero, ingeniero de caminos y exdirectivo de otra gran empresa del sector (Ferrovial), llevaba semanas preparando la junta anual, donde esperaba minar el poder del presidente, Manuel Manrique y, si era posible, abrir la puerta a elevar su representación en el consejo conforme a todos los títulos que dice controlar -un 4,5% de forma directa y el resto a través de distintas opciones de compra-. Pero sus planes se fueron frustrando.

Primero fue el propio órgano de administración, que prácticamente por unanimidad -solo el propio aludido se pronunció en contra sobre un total de 14 consejeros- votó proponer a la junta su expulsión con efecto inmediato. El motivo: «incumplir con sus deberes legales y estatutarios para con la compañía», explicó Manrique, al haber difundido de manera pública sus deliberaciones y denunciarlas a la justicia. «No podemos permitir situaciones poco transparentes» -añadió-, basadas en «propósitos individuales que van en contra de la mayoría». «Sacyr está y tiene que estar por encima», dijo a todos sus accionistas.

Del mismo modo, el consejo acordó también rechazar la media docena de propuestas de cambio corporativo que planteaba Moreno Carretero. La principal era restar poder ejecutivo al presidente al crear la figura de un nuevo consejero delegado -las cuatro áreas de negocio del grupo tienen ya el suyo-, cambio que entraría en vigor en 2019 cuando aquel cumpliera 65 años.

Evitar la «volatilidad»

Asimismo, este socio 'díscolo' quería establecer un «tope máximo de remuneración anual» para el consejo y otros cambios para que se reflejara dentro del mismo el peso «real» de cada accionista. Incluso impugnó en un juzgado mercantil de Madrid el cambio aprobado por la cúpula en abril, que obliga a que sus miembros cuenten con el permiso del órgano de administración antes de comprar o vender títulos, directamente o con cualquier derivado.

Varios instrumentos financieros a través de los que Moreno Carretero controla más de un 8% de sus títulos vencen a finales de año. El primero será en septiembre, pero hay más hasta 2021. Según Manrique, eso puede producir «volatilidad» en la cotización, sobre todo si cambian de manos, y de ahí dicha medida.

El primer accionista de Sacyr es Demetrio Carceller, presidente de la cervecera Damm, que dispone del 18,1% de los títulos. Es el principal apoyo de Manrique, que tiene un 1,5% del capital social. Su antecesor y cofundador del grupo, José Manuel Loureda, controla otro 7,8% y, a su vez, el grupo Fuerte un 6,2%. Conforman el núcleo principal de poder al que se ha enfrentado Moreno Carretero, que dirige un 'holding' de firmas de construcción y servicios llamado Altec.

Él se considera ya «el primer mártir del gobierno corporativo», tras tachar su expulsión del consejo de «ignominiosa y atropellada». «Esto es Kafka puro», abundaron en la misma queja desde la instrumental Beta Asociados, que aglutina sus participaciones en Sacyr. No se plantea en cualquier caso venderlas ahora tras perder esta batalla importante, y estudia abrir una segunda vía de conflicto en los tribunales. «No descartamos ninguna acción futura», manifestaron sus representantes.

La que seguro va a emprender acciones legales contra él es la propia Sacyr. Lo hará a iniciativa de un socio minoritario, respaldado luego por la mayoría de los accionistas y en forma de acción de responsabilidad social. «Nada ni nadie puede poner en duda su solidez», argumentó el presidente, quien aprovechó la junta para poner en valor los «logros alcanzados» los últimos años. Destacó de forma especial la reducción de la deuda a casi un tercio, desde 11.400 a 3.400 millones de euros, la eliminación del riesgo asociado al 'ladrillo' y la recuperación del dividendo.

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