¿QUÉ TAL UN POCO DE CORDURA?

Supongo que nuestros dirigentes han hecho bien los cálculos de sus intereses, pero no parece que en la ecuación hayan considerado los nuestros

IGNACIO MARCO-GARDOQUI

El proceso de aprobación de los Presupuestos debería ser el momento álgido de la política. Allí se definen las prioridades en la actuación del Gobierno, se ordenan las actuaciones, se fijan los ingresos del Estado y se concretan los gastos. De la misma manera que, su descargo al final de cada ejercicio, debería ser el momento de la economía. Cuando nos preguntamos sobre cuánto y qué se ha gastado de verdad y, sobre todo, cuáles han sido los objetivos alcanzados y los planes fracasados.

Pues no. En esta España de nuestros dolores nadie, ningún partido, le concede demasiada importancia a los números de las cuentas públicas. Todo se resume en quién los propone y en cómo me opongo. En qué gano y qué pierdo si los apoyo y en qué me cuesta si los rechazo. Tanto los discursos del Gobierno como los de la oposición están elaborados incluso antes de conocer el contenido exacto de la propuesta. Los discursos no se construyen desde el análisis, sino desde los intereses partidistas, que, a veces sí y a veces no, coinciden con los de sus propios votantes.

Los correspondientes al año en curso nacieron con retraso y torcidos, con una previsión turbulenta para su aprobación. Pues nos quedamos cortos. Todo se ha convertido en un proceso tormentoso y, probablemente, de imposible conclusión. El PP carece de apoyos suficientes en el Parlamento y por eso ha hecho concesiones que desprenden tufos de excesivo oportunismo, casi demagógicos. Ciudadanos muestra músculo y pretende dirigir la acción de gobierno desde los bancos de la oposición. El PSOE quiere convertirse en alternativa, aunque de momento se ha erigido en líder del populismo. El discurso de Pedro Sánchez es increíble. Asegura que cumplirá con Bruselas, eliminará recortes, atenderá todas las demandas sociales y promoverá la actividad económica. Todo en el mismo paquete, todo a la vez. Si no le dan el Premio Nobel de Economía y el Óscar a la Magia es que no hay Justicia en este mundo.

Lo del PNV es más complejo. Su apoyo es fundamental y bien que lo puso en valor el año pasado. Pero en éste, y de manera sorprendente, ha preferido el fuero del apoyo a sus colegas catalanes al huevo de los intereses de sus ciudadanos. Todos los números de los Presupuestos han quedado arrinconados y solo cuenta uno, el 155, la clave de la caja fuerte. El PP reacciona entre asombrado y virulento y lleva en Madrid al Constitucional lo que aprobó en Vitoria en el Parlamento. Todo muy divertido y todo muy coherente.

Supongo que nuestros dirigentes han hecho bien los cálculos de sus intereses, pero no parece que, en la ecuación, hayan considerado los nuestros. Si esto no es un desgobierno, al menos es un gran desbarajuste. ¿Que tal un poco de cordura?

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