Hamburgo dice adiós al diésel

Avisos en una calle de Hamburgo. /Fabian Bimmer (Reuters)
Avisos en una calle de Hamburgo. / Fabian Bimmer (Reuters)

La ciudad más grande de Alemania empieza a prohibir que los coches diésel, matriculados antes de 2015, circulen por sus calles

DOMÉNICO CHIAPPE

Antes de que empiece junio, algunos vehículos diésel tendrán vetado el paso a dos calles de Hamburgo, la primera ciudad europea que aplica este tipo de restricciones para intentar reducir los niveles de contaminación, que causan enfermedades respiratorias. En una, Stresemannstrasse, de kilómetro y medio, no podrán entrar camiones. En la otra, Max-Brauer-Allee, de unos 600 metros, ningún diésel matriculado antes de 2015.

Hasta ahora no se había apuntado tan directamente al corazón de la industria automotriz, crucial en el país de Volkswagen, BMW, Mercedes-Benz, Audi y Porsche. La decisión de Hamburgo, urbe de 1,8 millones de habitantes, rompe un tabú y puede sentar un precedente en otras ciudades como Madrid, Copenhague o París, que han anunciado políticas medioambientales semejantes para el futuro.

Esta primera medida ha sido amparada por una sentencia de un tribunal superior de Leipzig, que en febrero admitió que los ayuntamientos aplicaran prohibiciones de circulación específicas en sus ciudades. Sin embargo, la resolución judicial especificaba el carácter paulatino de cualquier medida contra los diésel y el baremo, por ahora, es que cumplan con los estándares de emisiones 'Euro-6', algo que descalifica a los modelos previos a 2015. Del parque automotor diésel de Hamburgo quedarán excluidos casi dos terceras partes, más de 200 mil vehículos.

En contra de las prohibiciones están tanto el Gobierno de Angela Merkel como la asociación de fabricantes de vehículos, la poderosa German Association of the Automotive Industry (VDA). A pesar de la reciente decisión de la Unión Europea de demandar a Alemania y otros países por violar las normas sobre calidad del aire, el gobierno federal se ha opuesto a implementar controles nacionales que califiquen e identifiquen a los coches, según su eficiencia energética.

Por el contrario, se muestra proclive a destinar subvenciones de cientos de millones de euros para modernizar las flotas de transporte público y comprar coches eléctricos. «Limpiar el aire sin limitar la movilidad», propuso Andreas Scheuer, ministro de Transporte al diario 'Augsburger Allgemeine'.

El ayuntamiento, por su parte, avisó que la policía realizará controles aleatorios y multará con 25 euros a los que reten la nueva normativa. Con la vía judicial despejada, «los límites para vehículos diésel viejos entran en vigor, según lo planeado», anunció el consistorio en un comunicado replicado por los medios regionales.

Este primer ataque público contra la flota diésel, que acaba con los intentos de la industria de estirar la vida útil de este tipo de coches a pesar de chocar con la protección del medio ambiente, despierta el miedo a que caiga el valor de reventa de estas flotas, por las que sus fabricantes no saldrán en su auxilio, aun cuando se han convertido en «coches viejos» a los pocos años de salir al mercado.

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