El Gran Dragón echa el freno a su expansión

Un grupo de trabajadoras en una industria china. :: z. a./
Un grupo de trabajadoras en una industria china. :: z. a.

El endeudamiento y la lucha contra la corrupción llevan a desinversiones y un frenazo en las compras de China

ZIGOR ALDAMA

shangái. 'LeEco' estaba llamada a ser la gran sorpresa del sector tecnológico. Y lo ha sido. Eso sí, no por su buen hacer. La empresa que muchos consideraban como el próximo gigante chino es un conglomerado que fabrica televisores y móviles, que controla una de las principales plataformas de vídeo 'online' del gigante asiático -con más de 700 millones de usuarios-, y que anunció su intención de competir con Tesla en la carrera de los vehículos autónomos. Pero el exceso de ambición de quien fue su consejero delegado hasta mayo, Jia Yueting, que lanzó hace un par de años un espectacular plan de expansión en India y Estados Unidos, parece haber abocado a la compañía a la bancarrota.

La firma ha anunciado que no cerrará la adquisición de la marca de televisores Vizio al otro lado del Océano Pacífico, y que despedirá a la mitad de sus empleados estadounidenses. Ni siquiera tiene dinero para pagar esas indemnizaciones, y ha necesitado retrasar el pago de las nóminas americanas durante varios meses. Por si fuese poco, su situación en China no es mucho mejor. Los bancos han cortado el grifo de la financiación y algunos como el China Merchants Bank han exigido a las Autoridades que congelen los activos de la empresa. Nadie sabe cómo de profundo es el agujero, pero el año pasado la empresa pidió prestados más de 6.000 millones de dólares que ahora no puede devolver.

El asunto puede parecer un ejemplo aislado de cómo no se tienen que hacer las cosas. Algunos analistas van algo más allá y lo consideran paradigma de un exceso de confianza propiciado por el enorme crecimiento de China en las últimas décadas. Sin embargo, su Ejecutivo se lo ha tomado muy en serio y ha comenzado a investigar la expansión de otras empresas que han crecido demasiado, sobre todo en el extranjero. Son, dicen, un grave riesgo para el país. El año pasado China invirtió en el mundo un 44% más y lideró el ranking con 163.000 millones de euros. En los últimos 18 meses, un billón de dólares ha salido de China para ser destinado a inversiones.

En Europa y EE UU temen que firmas chinas se hagan con sectores estratégicos apoyadas por su Gobierno

Demasiado dinero. Según la prensa local, algunas de las empresas que hasta ahora habían servido para ejemplificar el nuevo poderío chino tienen pilares financieros de barro. Y deben echar el freno a su expansión, porque está provocando un enorme aumento del endeudamiento -China debe un 270% de su PIB- y propicia la corrupción. Por si fuese poco, también provoca la reducción de las reservas de divisa extranjera del país, que cayeron durante los dos últimos años hasta que en marzo volvieron a subir, debido a las medidas de contención introducidas por el Gobierno.

Como explicó el diario 'Financial Times', los dirigentes chinos están preocupados por la posibilidad de que una crisis impida a las empresas cumplir con las obligaciones que han contraído con los inversores locales. 'LeEco' podría ser la primera en caer, pero no la última. Muchas han financiado su internacionalización con lo que se conoce como la 'banca en la sombra' y con el aval de bienes cuyo valor se ha inflado en China. La consigna de las Autoridades ahora es investigar a fondo.

Sonoros bofetones

En ese proceso se han visto afectadas algunas de las marcas más prestigiosas de su tejido empresarial. La primera de peso fue la aseguradora Anbang en junio, que provocó una tormenta al conocerse la detención de su presidente, Wu Xiaohui, que está casado nada menos que con una nieta de Deng Xiaoping. Anbang era una de las empresas que se había lanzado con más fruición a comprar en el extranjero. Y luego han llegado otros sonoros bofetones que han sacudido a los conglomerados HNA y Fosun, e incluso a la inmobiliaria Dalian Wanda. Sí, la misma que fracasó en su intento de remodelar el Edificio España de Madrid.

Su caso es relevante, porque Wanda no solo ha moderado sus adquisiciones, sino que ha decidido deshacerse de nada menos que 9.000 millones de euros en hoteles y parques recreativos. Aunque no ha dado muchos detalles, parece que la operación está directamente relacionada con su necesidad de pagar intereses y préstamos. «Ha llegado a su fin la época en la que nuestras empresas hacían uso de elevadas tasas de apalancamiento y deuda para lograr un crecimiento brutal», sentenció el 'Diario del Pueblo' hace unos días.

Además, a nadie se le escapa que el mundo comienza a ver con recelo la irrupción de las compañías chinas en el panorama global. Las cámaras de comercio advierten de que las firmas extranjeras están en inferioridad de condiciones y de que los gobiernos deben establecer filtros para evitar que dinero del Estado chino controle, a través de empresas públicas o participadas, corporaciones europeas y estadounidenses de sectores críticos para muchos países como energía o tecnología.

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