Financiar ahora las compras es tan caro como hacerlo durante la crisis

Financiar ahora las compras es tan caro como hacerlo durante la crisis

Los intereses de las tarjetas continúan sobre el 20%, al igual que en 2013, y el de los créditos es próximo al 8% a pesar de los tipos en mínimos

José María Camarero
JOSÉ MARÍA CAMAREROMadrid

En plenas discusiones entre los miembros del consejo del Banco Central Europeo (BCE) sobre el momento para iniciar la subida de tipos de interés en la zona euro, los españoles aún no han notado de forma significativa lo que implicaba comprar a crédito un electrodoméstico, pagar un vehículo o adquirir un viaje internacional a un interés más bajo, como correspondería a una economía que se ha movido con unos tipos oficiales anclados en el 0% desde hace cuatro años.

El estado de gracia que ha vivido la financiación en toda la zona euro ha sorteado la economía española dejando unos efectos casi imperceptibles. Y ello a pesar de que ha sido el consumo doméstico uno de los factores que más han impulsado el crecimiento del país. Los titulares de una tarjeta de crédito bancaria están pagando un interés medio que no ha conseguido horadar las tasas del 20% en los seis últimos años. En concreto, los ciudadanos están pagando un coste financiero del 20,7% al usar este producto en cualquier establecimiento, según la última estadística del Banco de España.

Se trata de un interés muy similar al que pagaban los consumidores por sus tarjetas en las compras financiadas en 2017, cuando la banca aplicaba un tipo medio del 20,8%. En 2013, un año antes de que el presidente del BCE, Mario Draghi, pusiera en marcha la maquinaria para rebajar el precio del dinero en la Eurozona, las tarjetas tenían un coste medio del 21,1%. Y en estos cuatro últimos años, con los tipos del supervisor bancario por los suelos, el de los 'plásticos' ha rondado ese 21%.

La misma tendencia -incluso de forma más acusada- han dibujado los intereses de los nuevos créditos personales concedidos por las entidades financieras durante la crisis y posterior recuperación. Hasta el pasado mes de abril, quienes financiaban sus compras con esta modalidad pagaban un interés medio del 7,8%. Llama la atención que ese coste es incluso mayor al que se asumía por esa misma operación a finales de 2017, cuando el tipo medio se encontraba en el 7,2%. Es decir, los intereses de los préstamos personales se han incrementado un 8% en los cuatro primeros meses del año, dentro de un contexto marcado por los tipos oficiales en mínimos. Cuando la recesión impactó con mayor envite sobre España, en 2013, los compradores tenían que asumir un coste cercano al 9% por financiar sus adquisiciones en un momento en el que se unía la mayor tasa de paro desde la entrada al euro, la ralentización del consumo y el temor a un rescate generalizado del país, sumido en recortes. Desde entonces, la caída de los tipos ha sido imperceptible, si se compara con la que ha experimentado el precio oficial del dinero o el coste de las facilidades a la banca por dejar su dinero en manos del BCE.

Los intereses de los préstamos domésticos apenas ha caído un 12% en seis años. Una cifra insignificante si se compara con el drenaje que han registrado las hipotecas, cuyos intereses han descendido hasta un 44% en todo este periodo, al estar ligadas directamente con el euríbor, que sigue en negativo tras cerrar mayo en el -0,188%.

El del crédito al consumo ha sido uno de los negocios en los que se ha respaldado toda la banca para evitar los daños colaterales provocados por las bajas tasas de tipos de la Eurozona en las hipotecas. Todos los bancos siguen sumando esfuerzos en competir por este mercado de la financiación personal, al hilo de la recuperación económica de la que se están beneficiando muchas familias en los últimos años, con más ganas a la hora de embarcarse en grandes compras.

El boom del consumo

El mercado de tarjetas de crédito vive uno de los mejores momentos de la última década. Con casi 80 millones de plásticos en manos de los ciudadanos, el importe de las nuevas operaciones concedidas por esta modalidad asciende a 13.300 millones de euros, la cuantía más elevada de los seis últimos años. Y en el caso de los préstamos, sumaban casi 29.400 millones a finales de 2017.

Ante esta realidad, el propio supervisor advertía en su último informe sobre estabilidad financiera que es «el segmento de negocio con los tipos más elevados y dado el entorno de bajos intereses en el que se desarrolla el negocio bancario podría ocurrir que las entidades estuvieran buscando oportunidades» para obtener rentabilidades mayores «a costa de incurrir en mayores riesgos». El Banco de España alerta sobre los efectos que pueden tener los impagos de estos productos en los próximos meses o años, después de que los ciudadanos hayan asumido una importante carga financiera en operaciones diarias.

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