España protagoniza el baile de sillas del BCE

En la UE todos dan por hecho que De Guindos se postulará para ser el vicepresidente, pero su perfil político puede ser al final un lastre

ADOLFO LORENTE

bruselas. Qué importante es el contexto para intentar comprender las cosas. En política, sobre todo cuando se juega en Bruselas, casi todo tiene un porqué. Esta historia empezó a escribirse a comienzos de 2012, en la ciudad suiza de Davos. Fue entonces cuando Luis de Guindos, recién elegido ministro de Economía por Mariano Rajoy, descubrió qué significa el club. Su poder, su frialdad, su contundencia. Lean, lean.

«Fue en ese momento cuando me caí del burro. Me di cuenta de la pérdida de peso específico de España en ese complejo universo que es Bruselas. España había pasado a formar parte de los países incumplidores. Se nos cerraba una puerta con los países de la 'triple A' echando el cerrojo (...). Estaba claro que nos bajaban, por lo menos, a la segunda división (...). La primera en la frente». Adiós al BCE, al asiento en el sanedrín del todopoderoso Banco Central Europeo.

La confesión, durísima, está recogida en su libro 'España amenazada' y evidencia lo mal que lo pasó aquel país hecho jirones como consecuencia de una Gran Recesión que dejó a la cuarta potencia del euro al borde de la quiebra en aquel maldito 2012. Al estigma de tener que pedir un rescate financiero de 41.300 millones, le siguió la pérdida del BCE cuando ese mismo año tocaba reemplazar el cargo que ocupaba José Manuel González-Paramo. El 'timing' fue clave y, sí, también hubo mala suerte.

La promesa de Schauble

¿Pero no había un acuerdo no escrito entre las cuatro grandes potencias del euro (Alemania, Francia, Italia y España) para que siempre tuvieran una silla en en el comité? Madrid era el eslabón débil y Berlín no tuvo el menor reparo en apostar por Luxemburgo para ocupar su puesto. La 'triple A' al poder. Se acabó la broma.

Hoy, 10 de diciembre de 2017, todo ha cambiado sobremanera. «La próxima vacante será seguro para España», insiste De Guindos. Lo dice y lo ha dejado por escrito en su libro, confesando que lo pactó con el exministro alemán Wolfgang Schauble. Según ha podido saber este diario, el compromiso se cerró durante la elección de la alemana Sabine Lautenschlager, la última incorporación.

El problema, entonces, es que había que esperar cinco años y esto, en política, es una eternidad. La próxima ventana de oportunidad se abre el 31 de mayo de 2018, cuando el vicepresidente Vitor Constancio deje el puesto tras ocho años (los mandatos son ahora mismo improrrogables) a la sombra de Mario Draghi.

De Guindos y la politización

Que el puesto será para una España ausente del núcleo de poder de la UE es algo que se da casi por hecho a la espera, eso sí, de conocerse el candidato. Porque si es Luis de Guindos, no todo está amarrado. Hay dudas. No por su valía, sino porque supondría pasar directamente del puesto de ministro de Economía al centro de decisión del BCE, algo que no está muy bien visto en una institución que lleva a gala su independencia.

¿Será él el candidato? No suelta prenda, pero el martes en Bruselas sí recordó que esto de ser ministro e ir al BCE ya ha pasado. Quizá lo decía por el holandés Wim Duisenbergerg, primer presidente de la institución. Cierto, pero entonces no hubo traspaso directo, sino que llegó del Banco de Holanda. También recordó que alguno «fue secretario general de un partido». Lo decía por Constancio, que fue líder de los socialistas portugueses en los años 80. Sí, pero luego fue durante muchos años presidió el Banco de Portugal.

Alemania y Mario Draghi

La gran ventaja para De Guindos es que el puesto ni lo elige el BCE ni el Parlamento Europeo, que esta semana ha vuelto a pedir por carta al Eurogrupo que apueste por una mujer. La decisión es política y por mayoría cualificada del Consejo. Dicho de otro modo, que si Alemania, Francia, Italia y España están a favor, hay mucho ganado. El baile de candidatos comenzará ya en el Eurogrupo de enero. Todo irá muy rápido y en cualquier momento puede haber noticias sobre el futuro el aún ministro.

Mario Draghi, sin embargo, no sería muy partidario del español, según distintas fuentes. No sólo por su perfil político, también porque preferiría a un país de los llamados pequeños y nórdico. El nombre que ha salido es el del excomisario Olli Rehn, ahora en el Banco de Finlandia. Lo que busca Draghi es que la presidencia se quede en el Sur y así evitar que Alemania se haga con el codiciado sillón del BCE el 31 de octubre de 2019. Pero Berlín, que nunca la ha tenido -a diferencia de Francia, Italia u Holanda-, quiere colocar al halcón de los halcones al frente: al presidente del Bundesbank, Jens Weidmann.

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