Las grandes empresas crean más empleo, pero a costa de disparar la temporalidad

Varios clientes esperan a ser atendidos por las cajeras de un supermercado de una gran cadena de distribución. :: r. c./
Varios clientes esperan a ser atendidos por las cajeras de un supermercado de una gran cadena de distribución. :: r. c.

La mitad de las firmas ya generan más puestos de trabajo este año, pero son las de menor tamaño las que duplican el ritmo de incorporaciones

JOSÉ M. CAMARERO MADRID.

La contratación de trabajadores sigue generalizándose a medida que se asienta la recuperación macroeconómica, aunque esta realidad no implica ni que las condiciones de los empleos que se cubren sean estables ni que el salario que perciben esos ciudadanos vaya mejorando, sino más bien al revés. El empleo entre las empresas no financieras -grandes y medianas compañías del país- mejoró un 2% entre los meses de enero y junio en comparación con el mismo periodo del año pasado, según los últimos datos del Banco de España.

Sin embargo, ese incremento esconde muchos matices. El primero sí confirma que esa cifra es superior a la del primer semestre de 2016, lo que denota un mayor dinamismo en el mercado laboral español a medida que transcurren los meses, al menos en el conjunto de estas sociedades, que es en el que se centra el informe para su análisis.

Al mismo tiempo, esa recuperación del empleo se caracteriza «por ser más intensa en los de carácter temporal que en los fijos», según el informe del supervisor. En concreto, el crecimiento de los contratos de tipo eventual se disparó un 8,1% hasta junio, mientras que el número de empleos indefinidos apenas aumentó un 0,8% en la primera mitad del año. Eso sí, en el primer caso se observa un avance en el uso de este tipo de contratos temporales con respecto a los datos de 2016, mientras que en lo relativo a los fijos, el alza es prácticamente la misma que la de un año antes.

El Banco de España destaca en su informe el «aumento del porcentaje de empresas con incrementos en sus plantillas». En concreto, prácticamente la mitad de las corporaciones analizadas -un 49%- incorporó a más trabajadores hasta mediados de año. En el mismo tramo de 2016, el ratio de firmas que contrataron a más empleados fue de un 45,7%. De hecho, esa cifra ya fue también superior a la de 2015, cuando apenas un tercio de esas empresas optaron por incrementar sus plantillas.

Pero entre los matices a considerar, destaca también que son las empresas medianas -las que tienen hasta 250 trabajadores-, y no tanto las grandes -las compañías con plantillas superiores a esa cifra- las que muestran un mayor movimiento laboral. Así, en el caso de las más pequeñas la creación de empleo mejoró a un ritmo superior al 5,2%, mientras que las grandes firmas -en muchos casos, multinacionales- ese aumento de plantillas apenas llegó al 1,9%. Es decir, las que tienen un menor tamaño en el conjunto de las empresas analizadas más que duplican la tasa de creación de empleo frente al resto.

Por sectores de actividad, los más dinámicos fueron los ligados al turismo, el pilar fundamental del conjunto de la economía española y de su mercado laboral. El auge del empleo fue del 3,8% entre las empresas dedicadas al comercio y la hostelería, seguidas por las de la industria (2,2%), muy lejos de las energéticas (0,2%). Sin embargo, en el caso de las firmas dedicadas a las telecomunicaciones o a las tecnologías, se registró un drenaje de puestos de trabajo del 2,7%.

El crecimiento del empleo se ve acompañado por otra variable que discurre por caminos diferentes: los gastos de personal. El importe destinado a las remuneraciones de los trabajadores creció un 1,8% entre los meses de enero y junio con respecto a los mismos de 2016. Se trata del mismo porcentaje de incremento que el año anterior, aunque si se tiene en cuenta la remuneración media a cobrar, este dato ha caído un 0,2% en el primer semestre.

Peores resultados

En lo relativo al resultado que obtuvieron, registró una contracción del 26,8% durante los seis primeros meses del año en comparación con el incremento del 14,6% experimentado en el mismo período del ejercicio anterior. Este retroceso se explica por el impacto negativo del curso de las partidas no recurrentes, con motivo de las menores reversiones por deterioro y al descenso de las plusvalías, asociadas, en ambos casos, a activos no financieros.

Además, el resultado ordinario neto creció un 1,8% en términos interanuales, impulsado por la evolución favorable de los ingresos financieros, gracias a los mayores dividendos recibidos, y por la reducción de los gastos, sobre todo de los costes medios de financiación. «La dinámica de los gastos e ingresos financieros favoreció un ligero incremento de los beneficios ordinarios, que, no obstante, no fue suficiente para evitar que los niveles agregados de rentabilidad ordinaria se redujeran en el período», según añade el informe del supervisor.

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