Dimite el presidente de AENA tras un año salpicado de desencuentros con Fomento

El presidente de Aena, José Manuel Vargas, junto al ministro de Fomento, Íñigo de la Serna, el pasado mes de agosto. :: efe

Vargas abandona el cargo por «motivos personales» aunque había mostrado discrepancias en torno a más privatización, las tasas o la OPA a Abertis

JOSÉ M. CAMARERO MADRID.

La compañía semipública encargada de la gestión de los aeropuertos (AENA) cambiará de presidente el 15 de octubre, la fecha en la que el hasta ahora su primer ejecutivo, José Manuel Vargas, abandonará el cargo por «motivos perosnales», tal y como anunció ayer. Aún se desconoce quién será su sucesor al frente de la firma y cuál será su futuro, aunque probablemente recalará en alguna empresa privada: «En algo estaré» dijo Vargas, que se decantó por encauzar su futuro en la empresa privada. También abandona el consejo de AENA el copresidente de Barceló Hotel, Simón Pedro Barceló.

La renuncia de Vargas, después de ostentar la presidencia de AENA desde principios de 2012 tras ser designado por la entonces ministra de Fomento, Ana Pastor, se desencadena un día después de que la compañía llegara a un acuerdo con los sindicatos para evitar la huelga que los trabajadores habían convocado en otoño.

El sofoco de estas movilizaciones ha sido la guinda de un mandato en el que las luces -una salida a Bolsa que asombró al mercado bursátil y una reconversión empresarial que le llevó a generar importantes beneficios después de una crisis brutal- se han visto ensombrecidas por discrepancias concentradas en el último año con el Ministerio de Fomento -el propietario del 51% del capital- en torno a su gestión y sus proyectos de futuro.

En los últimos meses Vargas había venido advirtiendo en varias ocasiones acerca de la «complejidad» de gestionar el accionariado tras la salida a Bolsa -además de la participación mayoritaria del Estado, la propiedad se la reparten el fondo chino TCI, con un 11,3%, o las entidades HSBC, con un 5,2%, o Deutsche Bank, con 4,4%, entre otros-.

Ayer, el propio Vargas insistió en que la empresa «debe salirse de la política», en referencia al mando que sigue ejerciendo Fomento en el grupo. El presidente de AENA se ha mostrado siempre partidario de avanzar en la privatización, para que tuviera más autonomía para poder expandir su negocio en el extranjero, desarrollar su propia política laboral o lanzarse a realizar operaciones empresariales de calado. Precisamente, la última desavenencia en el campo corporativo llegó este verano después de que Enaire -la sociedad estatal a través de la cual Fomento controla AENA- se negara a que el gestor lanzara una oferta pública de adquisición (OPA) sobre la concesionaria Abertis, tentada por la italiana Autoestrade. Pero el ministro de Fomento, Íñigo de la Serna, negó ayer ante el propio Vargas que hubieran existido diferencias de criterio en este sentido.

El responsable de la sociedad reconoció que cuando De la Serna accedió al cargo, en noviembre de 2016, ya le planteó la necesidad de dejar la presidencia de AENA. Se debía producir «un cambio de ciclo que tiene que llevar aparejado un cambio de personas». «No olvidemos lo que era AENA en 2011 y que ahora está en el índice Ibex-35 y vale 25.000 millones de euros», apuntó.

La puntilla de El Prat

Pero ante esta intención del máximo responsable de la empresa aún estaba pendiente de resolver otro de los conflictos sobre el que más diferencias han mostrado Fomento y AENA: el de las tasas aeroportuarias. El Estado quería reducir esas partidas que pagan, entre otros, las aerolíneas, después de varias subidas durante la crisis, aunque Vargas se negaba a aplicar una rebaja por la reducción de ingresos que implicaría. Con la aprobación final de la reducción de costes, Vargas volvió a recordar la necesidad de dejar el cargo, pero entonces estalló la crisis de los vigilantes de Eulen del aeropuerto de Barcelona. Aunque las miradas apuntaron al gestor, De la Serna aclaró ayer que «sería injusto relacionar el asunto de El Prat» con su dimisión.

El mandato de Vargas ha estado protagonizado por la reconversión del grupo y su salida a Bolsa de AENA. La corporación ganó 1.164 millones en 2016 frente a los 214 millones que perdía en 2011. Además, desde que debutara en el parqué en febrero de 2015 ha duplicado su valor. En lo que va de año se ha revalorizado 20%, aunque ayer los inversores recibieron la dimisión de Vargas con una caída del 2,3%.

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