El consejero delegado de OHL dimite tras sanear buena parte de sus cuentas

J. A. BRAVO.

Apenas 16 meses le ha durado a OHL su último consejero delegado, aunque en ese tiempo Tomás García Madrid ha logrado reconducir un grupo que, en términos financieros, parecía caer en picado. Tras dos decenios en la empresa la marcha de Josep Piqué, frustrado tras quedar fuera de la sucesión del patriarca del Grupo Villar Mir, le abrió las puertas a ser el nuevo hombre fuerte tanto de su emporio familiar como de la constructora.

Lo hizo de la mano de Juan Villar Mir-de Fuentes, que también en julio de 2016 sucedió a su padre como presidente de la compañía. Juntos parecen haber logrado meter en vereda sus cuentas -este año han reducido su deuda casi un 9%-, tras haber perdido un 75% de su valor bursátil entre 2014 y 2015, además de recortar un 86% el dividendo.

Se consiguió, eso sí, a costa de vender activos importantes, aunque considerados 'no estratégicos' para la línea de negocio que se quería dar al grupo. El último traspaso fue pactado la semana pasada con la multinacional australiana IFM, que pagará 2.235 millones de euros por su filial de concesiones, operación que todavía debe ser culminada y aprobada además por la junta general.

Antes se deshizo poco a poco de su participación en Abertis -en enero liquidó el último 2,5% por 336 millones-, además de parte de sus participaciones en dos proyectos inmobiliarios: el de Mayokoba, un 'resort' turístico de lujo en México, y el de Canalejas en el centro de Madrid.

Asimismo, OHL presentó un doble ERE para 554 trabajadores, que supuso despedir a casi un tercio de su plantilla en las divisiones de construcción e industria. Ese expediente le supuso un desembolso de 34 millones en indemnizaciones esta primavera, aunque espera ahorrarse otros 38 millones anualmente.

Su sustituto será Juan Osuna, quien lleva 18 años en el grupo. Hasta ahora presidía su filial mexicana y dirigía su filial de concesiones.

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