EL MUNDO ES DE LA FP

TRIBUNA EMPRESARIAL

¡ROMPE CON LOS FALSOS MITOS QUE HISTÓRICAMENTE LA HAN MINUSVALORADO! ¡SOMOS FORMACIÓN DE PRIMERA!

EL MUNDO ES DE LA FP
PACO AVILA
PACO AVILA

Y es que estoy muy cansado de que, en España, cerca de alcanzar la primera veintena del siglo XXI, sigamos recibiendo en nuestros Institutos de Formación Profesional a un gran número de familias entristecidas y cabizbajas por el simple hecho de estar valorando la posibilidad de que sus hijos estudien Formación Profesional (en adelante FP). Por muy raro que os pueda sonar a muchos, comentarios en nuestras entrevistas de admisión del tipo: «es que a mi hijo no le gusta estudiar», «yo pensaba que iría a la universidad, qué le vamos a hacer, al menos aquí tendrá un titulillo». No quiero ni imaginarme el mal trago para esas familias cuando estén en una reunión, donde la mayoría de amigos sean padres con hijos estudiando Bachillerato o un Grado Universitario, y tengan que decir que su hijo estudia FP.

Pero lo que más me sorprende, es que este pensamiento no es patrimonio exclusivo de lo padres con hijos pertenecientes a la generación `Y´ o millenials, los nacidos entre los años 1980-1995, sino que lo siguen teniendo a día de hoy los padres con hijos nacidos entre los años 1996-2011, con lo que el meme de que la FP es formación de segunda destinada para los alumnos menos capacitados para el estudio, sigue transmitiéndose en el ADN social de estas nuevas generaciones de jóvenes, más conocida como generación `Z´. Por suerte, parece que con menos virulencia que con la que penetró en las generaciones que han crecido más cercanas al horror vivido durante la dictadura franquista. Ya que, actualmente, un gran número de jóvenes están tomando la decisión de estudiar itinerarios de FP frente a Bachillerato, o de FP frente a Universidad, sin miedo a ser estigmatizados como estudiantes de segunda. Pero esto es solo una pequeña victoria en el largo camino de dignificar los estudios de Formación Profesional en nuestro país.

Es hora de atacar y romper la errónea percepción que sigue existiendo en numerosos hogares de nuestro país con relación a la FP como última opción de elección a la hora de elegir los estudios. La base de esta percepción se sustenta fundamentalmente en dos palancas: la primera, es que son estudios destinados a cubrir empleos de baja cualificación y, por tanto, que registran altos índices de paro, y la segunda, que son empleos cuya remuneración salarial siempre será baja en comparación a lo que puede cobrar un titulado universitario. Y es que es probable que hace 60 años en España, gracias a las pésimas políticas educativas ejecutadas durante la dictadura, fuera así. Pero mantener actualmente reflexiones en esta línea no sólo son absurdas, sino que además son erróneas. Por ello, creo necesario actualizar las dos palancas de la forma más objetiva que se me ocurre, es decir, a través de los datos. No obstante, soy muy consciente de que siempre aparecerán algunas de las más afamadas profesiones de nuestro país. Me refiero a los ávidos lectores con vocación de pintores, los cuales intentarán tiznar esta reflexión con los diferentes colores políticos y, a los mozos de caballerizas, especializados en reflexionar con ojerizas para evitar analizar cualquier tipo de planteamiento que esté fuera de su repertorio ideológico. Empero créanme que mi única intención y preocupación reside en mejorar nuestro sistema educativo, pues de lo que no tengo ninguna duda, es de que es el motor presente y futuro para crear riqueza y prosperidad. Lástima que los efectos de la implantación de las políticas educativas siempre sean siempre tan largoplacistas y, por tanto, relegadas por la mayoría de nuestros políticos a un segundo o tercer plano. ¡Ya saben¡, la política de la “calculadora del voto” y de la inmediatez se ha impuesto en nuestro país.

DESMONTANDO LAS PALANCAS

"EN LA FORMACIÓN PROFESIONAL EXISTE MUCHO PARO".

Como punto de partida, me parece conveniente destacar que cuanto mayor es el porcentaje de alumnos estudiando formación profesional en un país desarrollado menor es el paro juvenil que registra. En el año 2011, elaboré un gráfico a partir de datos aportados por la OECD, en el que se evidenciaba que España registraba un nivel muy alto de paro juvenil al tiempo que tenía un bajo porcentaje de jóvenes estudiando Formación Profesional. Si estos datos los comparábamos con algunos de los países que consideramos nuestros referentes a nivel educativo, vemos cómo las diferencias de comportamiento en estos dos indicadores eran abismales. Con este primer dato parece razonable pensar que existe una correlación significativa entre el paro juvenil que registra un país y el porcentaje de jóvenes estudiando Formación Profesional.

Gráfico. Relación entre paro juvenil y número de jóvenes estudiando Formación Profesional expresado en datos porcentuales.
Gráfico. Relación entre paro juvenil y número de jóvenes estudiando Formación Profesional expresado en datos porcentuales.

Pero tenemos un dato mucho más revelador y directo, me refiero al que arrojó en el año 2016 el informe Laboris explicando que en España los titulados de FP Superior están registrando menor porcentaje de paro que los Graduados Universitarios, concretamente una media del 7% para los FP Superiores frente al 14% de los Graduados Universitarios. Pero todavía es mucho más alarmante, al menos a mi juicio, la reflexión de la OECD con relación a la cifra del 14% de paro que registran los titulados universitarios españoles, al indicar que casi triplica la media del resto de países de la Unión Europea que está en torno al 5%. Por último, creo conveniente indicar cuáles son las perspectivas de futuro de la capacidad de empleabilidad de la Formación Profesional respecto a la Universitaria. Según el informe ADECCO 2017, el año pasado la demanda de empleo para titulados de FP Superior fue mayor que para los titulados universitarios. Más concretamente indican que, del total de la demanda de empleo analizada en los dos primeros trimestres del año pasado, el 50% de ella estaba dirigida a Técnicos de Formación Profesional frente al 35% que solicitaban como requisito tener un título de Graduado Universitario.

"UN TITULADO UNIVERSITARIO SIEMPRE GANARÁ MUCHO MÁS QUE UN TITULADO EN FORMACIÓN PROFESIONAL".

Esta afirmación tan arraigada en España parece que no es cierta o, al menos, permítanme apuntarles que existen datos que la cuestionan firmemente. Según el informe ANAC del año 2016 el mayor porcentaje de titulados universitarios actualmente trabajando en España tiene un rango medio salarial similar al de los titulados de Formación Profesional Superior, el cual está, en ambos casos, entre los 18.000€ a 25.000€ brutos por año trabajado.

Puede que estos datos de cercanía de masa salarial entre los titulados de FP Superior y los Graduados Universitarios en España se deba, en gran medida, a que tristemente ocupamos el penúltimo puesto en subempleo de titulados universitarios dentro de la Unión Europea. De hecho, según los datos del Eurostat del pasado año, el 37% de todos los universitarios que actualmente trabajan en nuestro país lo hacía en puestos de baja cualificación frente al 23% de media de la Unión Europea.

Y ENTONCES, ¿AHORA QUÉ?

Ahora lo primero que debemos hacer es asumir y ser conscientes de la debilitada posición que tiene nuestro Sistema Educativo con relación al resto de países que consideramos referentes en generación de talento y capital humano. Una buena manera de empezar a trabajar sería enfrentarnos a los principales retos que marcó en mayo del 2017 la Comisión Europea en su Agenda Renovada para la Educación Superior y hacerla extensible al resto de etapas educativas con las correspondientes adaptaciones que implicaría ajustarlas a los diferentes rangos de edad. Me refiero especialmente en primer lugar, a reducir la brecha que existe entre las habilidades y competencias que se enseñan actualmente en nuestras aulas y las que demanda el mercado de trabajo haciendo especial hincapié en las habilidades blandas o soft. En segundo lugar, deberíamos afrontar la falta de innovación en las diferentes etapas educativas comenzando por adaptar nuestras metodologías de enseñanza a la disrupción tecnológica en la que estamos inmersos. En tercer y último lugar, eliminar la falta de cooperación entre la educación universitaria y el resto de etapas educativas tomando especial relevancia la colaboración entre esta y la FP.

Yo me permitiría añadir una más que considero tiene especial importancia en nuestro país, enseñar a nuestros jóvenes a emprender y a no temer a las innovaciones. Todos hablamos de que el mundo está cambiando a una velocidad de vértigo, del impacto que la robótica, la inteligencia artificial, la nanotecnología y el big data están provocando en el mundo en general y en el mercado de trabajo de forma muy especial, por ser tecnologías sustitutivas del factor humano. Pero tenemos la obligación de explicar que, después de más de 150 años de historia de creación e implantación de innovaciones tecnológicas que han ido sustituyendo la fuerza humana de trabajo por las máquinas, en ningún momento se ha visto afectada la tasa neta de empleo, tal y como nos explicó magistralmente, a finales del pasado año, el profesor Josep Pijoan-Mas. Es decir, que el número total de personas trabajando no ha descendido en ningún momento a pesar de las numerosas innovaciones que han ido surgiendo. El posible rechazo o recelo que a veces provocan las innovaciones tecnológicas suele estar motivado por la concepción equivocada de que el trabajo es finito y, que por tanto, si una innovación reduce el número potencial de trabajadores necesarios para una industria éstos irán directamente al desempleo sin ninguna posibilidad de reinserción al mercado laboral. Pero esto no es cierto, y evidentemente no es mi opinión, sino que hace ya bastantes años el economista Baumol demostró que cuando un sector se ve afectado por una innovación que reduce el número de personas necesarias para la producción, por ejemplo, la industria manufacturera, el incremento de productividad, la eficiencia y riqueza que la innovación provoca en ese sector, se traduce en un incremento de la demanda potencial de empleo en otro sector donde el factor humano es menos sustituible, por ejemplo, el sector servicios. Por lo que deberíamos enseñar en nuestras aulas, tal y como he comentado anteriormente, no sólo a emprender a nuestros jóvenes, sino a recibir con una actitud abierta y positiva todos los cambios e innovaciones.

Por otro lado, tenemos que ser conscientes de que seguimos sin adaptar nuestras aulas y métodos de aprendizaje a estas tecnologías disruptivas. Espero entiendan que, educación tecnológica, no es implantar un ipad para cada alumno dentro del aula y que, “el 2+2” ahora lo ejecuten en la tablet. Y lo que es más alarmante, seguimos sin plantear seriamente una reforma de calado en nuestro Sistema Educativo siendo cómplices, o al menos cooperadores necesarios, de que en nuestras aulas se siga enseñando de la misma manera que se hacía en los años 50. Es decir, dejando que la maquinaria de la formación reglada, excesivamente normalizada e industrializada vaya homogeneizando las diferentes capacidades e inteligencias que tienen nuestros hijos al nacer, extirpando a lo largo de los años toda la creatividad e infinita curiosidad con la que llegan al mundo.

Como conclusión deciros que estamos ante un gran reto y que, o nuestro Sistema Educativo “despierta” y se adapta a todos los cambios que están provocando las innumerables tecnologías disruptivas a nivel laboral, social, moral y económico, o nos convertiremos en pasado, en centros de formación obsoletos, en viveros de parados perfectamente preparados en competencias que dejaron de existir. Es cierto que el mundo siempre ha estado cambiando a lo largo de toda la historia de la humanidad, pero nunca tan rápidamente como ahora. Por lo que tenemos que ser muy conscientes de que no estamos viviendo una época más de cambio, sino un cambio de época.

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