Los artesanos se reinventan para adaptarse a los nuevos mercados

El 97,4 por ciento de las empresas artesanas españolas son microempresas que mantienen vivos oficios históricos. /Sur
El 97,4 por ciento de las empresas artesanas españolas son microempresas que mantienen vivos oficios históricos. / Sur

El interés por los productos locales y hechos a mano impulsan un sector que afronta retos como la falta de relevo generacional o la necesidad de incorporar tecnología e innovación

Alberto Gómez
ALBERTO GÓMEZ

El sector de la artesanía experimenta una de sus mayores transformaciones de las últimas décadas. La necesidad de nuevos perfiles y la dificultad de renovación en los perfiles tradicionales, el giro hacia nuevos canales de venta y mercados, la cooperación como fuente de oportunidades y la conciencia creciente de la importancia de la innovación y las nuevas tecnologías marcan el presente y el futuro de decenas de oficios históricos. En el registro de la Junta de Andalucía únicamente figuran inscritos 126 artesanos malagueños que se dedican a más de una veintena de actividades como la cerámica, la elaboración de ladrillos y vidrieras, el barro, la bisutería o la modistería.

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Aunque la provincia no destaca por su actividad artesanal, hay varias localidades donde estos oficios suman décadas de tradición. Vélez-Málaga, con catorce talleres, fue declarada zona de interés artesanal en 2012, una distinción que también ha solicitado Mijas mediante su asociación de artesanos. Los talleres Viarca, dedicados a la elaboración de vidrieras artísticas, y Bordados Juan Rosén, ambos en Málaga capital, fueron declarados puntos de interés artesanal en 2014, como ocurrió el año pasado con el taller Bellanatura Cosmética de Genalguacil, que elabora jabones. Las cifras oficiales, sin embargo, no reflejan la realidad; en la provincia hay cientos de personas dedicadas a la producción manual. En cualquier localidad resulta relativamente sencillo comprar artículos artesanales, una tendencia en alza que ha revalorizado el sector en los últimos años.

Los retos que encara la artesanía, en su mayor parte vinculados a la necesidad de adaptarse a los avances tecnológicos, provocan una criba que solo garantiza la supervivencia de las empresas capaces de amoldarse a un nuevo escenario económico y social. La creciente desafección por las grandes marcas y el renacido interés por los productos locales y hechos a mano constituyen una oportunidad también para compañías de otros sectores. Es el caso de Leblume, un estudio malagueño dedicado al interiorismo y el diseño que hace años puso a la venta sillas de enea, típicamente andaluzas, realizadas por Paco González, un artesano local que lleva casi cuatro décadas fabricando este tipo de mobiliario desde su taller en Alhaurín el Grande. La comercialización tuvo que ser interrumpida debido a la avalancha de pedidos, imposibles de absorber. Es otro de los problemas que arrastra el sector: la producción en serie conlleva la inclusión de trabajo artesanal en fábricas con un sistema industrializado, algo que eleva los precios hasta provocar que, en muchos casos, los artículos acaben resultando inaccesibles para la mayoría de bolsillos.

La desafección por las grandes marcas y el renacido interés por los artículos manuales suponen una oportunidad para el sector

«Queríamos poner en valor los objetos tradicionales desde una visión contemporánea, pero de repente nos llegaron pedidos de ochenta y cien sillas y el artesano no podía asumir tiradas tan grandes. Buscamos varias alternativas para producirlas en fábricas, pero los costes se disparaban y el acabado no era el mismo, así que tuvimos que parar el proyecto», explica el director creativo de Leblume, Damián López, que lamenta que la artesanía esté sufriendo «un vacío generacional». El último informe 'Situación de la artesanía en España' confirma que muchos talleres están cerrando y algunos oficios se están perdiendo, aunque también se observa cierta incorporación de jóvenes que retoman los trabajos de sus padres o madres y que en principio no pensaban dedicarse a la artesanía e incluso se han formado en otras materias. Debido a la escasez de oportunidades laborales, sin embargo, estos jóvenes han encontrado una salida profesional en el sector artesano, al que llegan aportando conocimientos procedentes de otras disciplinas como el diseño o la tecnología.

Tras la crisis, muchos talleres han cerrado y algunos oficios se están perdiendo

Vélez-Málaga tidores o vidrieros, oficios que se remontan siglos atrás. Un ejemplo de los talleres veleños es Hermanos Lobillo, que se dedica a la fabricación de materiales rústicos de forma artesanal. «Los productos hechos a mano marcan la diferencia por sus características y por el encanto artesanal», afirma José Lobillo, que pertenece a la segunda generación, bajo cuya gestión la empresa familiar ha creado una página web y ha abierto cuentas en redes sociales para promocionar y comercializar sus artículos. El dulce momento que atraviesa el 'e-commerce', llamado a servirse un buen trozo del pastel del comercio tradicional, contrasta con las carencias en materia digital de las pequeñas y medianas empresas, deficiencias que se disparan en el caso de las compañías dedicadas a la artesanía, cuyo salto a las ventas 'on line' se ve frenado por la imposibilidad de realizar las inversiones necesarias y por la falta de preparación y personal para llevar a cabo la adaptación tecnológica de sus negocios.

El sector artesanal también cuenta con empresas que han nacido al abrigo de la innovación. Es el caso de Laveta Eyewear, que realiza gafas a partir de maderas macizas seleccionadas y productos ecológicos. «Nuestra filosofía de empresa es no intentar crecer más de lo que las gafas necesitan, sino lanzar ediciones limitadas que ofrezcan un producto exclusivo y tratado manualmente para nuestros clientes», explica el cofundador de Laveta, Manuel Triviño.

La falta de formación reglada, sin embargo, sigue dificultando la transmisión de los conocimientos propios del sector y lastra su valoración como destino profesional, según un informe elaborado por la Escuela de Organización Industrial (EOI). En cuanto al aprendizaje en los talleres, una de las demandas tradicionales del sector, se presentan dos problemas: la falta de recursos para hacer frente a los costes temporales y económicos de la formación y las reticencias de los más jóvenes a permanecer en los talleres como aprendices. El anverso de la moneda radica en el cambio que se está produciendo en otros sectores, como la moda o la decoración, donde cada vez se busca más la exclusividad y la calidad, una tendencia que sirve como palanca de impulso para la artesanía.

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