Antonio Gómez-Gillamón, el pionero que puso alas de multinacional a la ingeniería en Málaga

Antonio Gómez-Gillamón, en la sede Aertec Solutions . /Fernando González
Antonio Gómez-Gillamón, en la sede Aertec Solutions . / Fernando González
Vidas con Huella

La física permite volar a los aviones, pero la buena química entre dos ingenieros, y primos, ha sido clave en la ruta de Aertec, la consultoría que hizo real hace 20 años el sueño profesional de Gómez-Guillamón y Vicente Padilla

José Vicente Astorga
JOSÉ VICENTE ASTORGA

Primero fue volar de niño sobre unas rodillas. Las del abuelo Félix, un entusiasta de la aviación, ingeniero militar, aerostero, inventor, editor, aventurero, geógrafo, sismólogo y empresario. También un divulgador pionero de aquella pasión por volar que dio alas a los felices y locos años de principios del XX, y alguien que marcaría mucho después el futuro de varios de sus nietos. El primer piloto de la familia no sólo voló los cacharros de alas entalladas y hélice de madera sino también los frágiles globos de helio, «las aventuras que más nos impresionaban», recuerda Antonio Gómez-Guillamón delante de las fotografías que inmortalizan en la sede de Aertec hazañas como la Copa Gordon Bennett de 1923, en la que moriría el compañero de vuelo al prender un rayo la estructura del globo y desatar un violento descenso que le partiría las dos piernas al abuelo. El polifacético militar también promocionó por escrito durante cinco años los balbuceos de la aeronáutica con una revista técnica –‘Motoavión’– que creó junto a Luis Maestre, y con la asociación ‘El Aeropopular’, que ofrecía gratis bautismos de aire entre los madrileños –y madrileñas– más lanzados del momento. Los vuelos de Don Félix, cuando se jubiló, fueron sólo a ras de jardín y reservados para su legión de nietos en aquella casa de Pedregalejo, un lugar mágico para toda la familia, recuerda el cofundador de Aertec Solutions. Además de la pasión aeronáutica del patriarca, recuerda que en aquel chalet se respiraba el aire de montones de legajos técnicos, de libros y revistas, todo un material contagioso para levantar vocaciones. Fue su caso, el de su primo Vicente Padilla Gómez-Guillamón –los dos cosecha del 66– y también el de Luis, cinco años mayor que ellos, coronel del Ejército del Aire y expiloto de F18.

«Pronto supe que para pilotar había que tener una vista perfecta, y como yo tenía un ojo vago, me dije que si no podía volar aviones los iba a construir»

La aeronáutica fue pasando para todos ellos de fantasía infantil a sueño profesional. «Yo ya sabía en séptimo de EGB que quería ser ingeniero aeronáutico», apunta Antonio el giro inesperado que tuvo que darle a su primera ensoñación, que era la de ser piloto. «Pronto supe que para pilotar había que tener una vista perfecta y como yo tenía un ojo vago, me dije que si no podía volar aviones los iba a construir, aunque entonces no sabía que existía la carrera de ingeniero aeronáutico», explica alguien que también tiene licencia para volar. «Desde que tengo a mis hijos, empecé a dejar de pilotar y ahora la tengo caducada, pero volar me gusta incluso en un avión comercial, y cuando hay turbulencias, mucho más», bromea sobre una afición sin la que no se entendería su vida. Tras la Escuela de Ingeniería en Madrid, pasó dos años en el departamento internacional de la entonces Gamesa Aeronáutica, hoy Aernnova, en Vitoria. Vicente Padilla tuvo su primer rodaje en Seattle durante cuatro años en Boeing. Eran espacios de confort alejados en los que crecía, sin embargo, el deseo de emprender una aventura empresarial propia. Los dos pidieron la baja voluntaria para emprender su proyecto en el que se fueron perfilando funciones. Vicente se ocupa hoy de las tareas de gestión interna de la empresa, y Antonio es la cara pública más conocida de este singular ensamblaje de talento que ha puesto a Málaga en el mapa aeronáutico. El plan de inversiones en aeropuertos, incluido el de Málaga, fue determinante para aquel primer paso en 1997. Empezaron los dos y hoy es una organización de medio millar de personas, la mayoría ingenieros y titulados superiores. Aertec empezó con los aeropuertos –cien proyectos en 40 países–, siguió con los procesos industriales de la aeronáutica y la ingeniería de sistemas del avión que le situaron desde 2011 como proveedor preferente de ingeniería de servicios de Airbus y, más recientemente, la división de aeronaves no tripuladas y tecnología aeroespacial, un campo en el que la empresa vuelve a sus orígenes de ‘startup’ visionaria. Los creadores de la consultoría eran hace dos décadas dos emprendedores que buscaban escritorio y sillas para el pequeño espacio que un desolado PTA les ofrecía en su incubadora. «Hubo un momento, en el segundo año, en que ya con obligación de pagar las primeras nóminas, vivimos el peor momento, pero un contrato nos dio oxígeno para un año», habla de cómo superaron el momento crítico en el que el despegue todavía se podía abortar. Lo siguiente fue corregir rumbos equivocados. «Al principio hacíamos ingeniería generalista, pero pronto nos dimos cuenta de que «puedes ser bueno en bastantes cosas, pero para triunfar debes ser el mejor en alguna de ellas», un giro fundamental que les permitió, a los diez años, «consolidar su proyecto e ir ampliando, creando equipos de trabajo autónomos, de forma que los fundadores no nos convirtiéramos en un cuello de botella. «Es ese momento en que de vez en cuando empieza a sonarte el teléfono y llaman a tu puerta, la señal de que empiezas a ser un actor importante», describe Gómez-Guillamón el acierto de la especialización y de una inevitable internacionalización en un sector que «no entiende de crisis porque su mercado es mundial y la demanda no para de crecer». Si al comienzo algunos les decían a Antonio y Vicente que estaban locos por apostar en un sector nuevo en Málaga, dos décadas después tienen que escuchar los riesgos de crecer sin parar. «La gente que tiene talento y quiere crecer, también crece. Cuando me preguntan que cuándo vamos a parar de crecer les digo que crecer es la única forma de que la gente auténticamente brillante lo haga contigo. Si esa persona ve un techo para sus oportunidades profesionales y no puede ir más allá, se irá allí donde se las puedan ofrecer», explica su visión de una empresa que describe como «talento organizado, y cuando eso ocurre no suma sino que multiplica los resultados».

20 años de Aertec

500 personas trabajan en Aertec Solutions, con oficinas en Francia, Portugal, Reino Unido, EE UU y Colombia. Unas 300 se ocupan de los servicios de ingeniería de sistemas de vuelo y de procesos industriales, y otro centenar, en proyectos aeroportuarios. La facturación prevista en 2017 es de 26 millones de euros. Los aviones no tripulados Tarsis 75 y Tarsis 25, diseñados por la división aeroespacial y de sistemas de defensa suponen el estreno de Aertec como ingeniería de producto.

La influencia de los padres de Antonio Gómez-Guillamón, ambos farmacéuticos, no pesó tanto como la del abuelo a la hora de elegir profesión aunque la bata del progenitor llevaba puesta la marca de la casa:topógrafo e historiador del arte y piloto de ultraligeros. «Dos personas del Renacimiento», retrata lacónico Antonio esas dos generaciones de las que es heredero. A su modo, admite que su padre y su madre también fueron pioneros en lo suyo, con su primera farmacia en Torremolinos. «Allí en La Nogalera mi madre tenía que reconocer en todos los idiomas un dolor de estómago», evoca el contacto diario con una clientela cosmopolita y la necesidad primaria del inglés para ampliar horizontes incluso sin volar. Antonio siguió ajeno a las recetas académicas que no incluyeran aviones, pero no dejó de pasar un verano sin estancias en el extranjero para aprender inglés. A sus cuatro hijos les gusta lo que él hace, aunque hay uno, Alfonso, que ya tiene decidido que quiere ser astronauta, «pero de los que viajarán a Marte. Es la nueva generación. Tienen que mantener la ilusión por descubrir el mundo y la frontera ahora es el espacio», certifica satisfecho su padre el ADN familiar.

«Málaga tiene una oportunidad mundial en los 'robots' aéreos»

Ante imágenes de su abuelo Félix Gómez-Gillamón.
Ante imágenes de su abuelo Félix Gómez-Gillamón.

¿Qué ha cambiado en los planes Airbus?

–Hay un cambio de etapa. En los últimos diez años ha habido muchas inversiones en nuevos aviones, como el A400M, el A350, y antes del A380, y ahora no hay nuevos, pero crece la producción. Airbus tiene una cartera de pedidos espectacular. Tiene vendidos los próximos diez años de producción, y eso es una ventaja y un reto.

Y también competencia entre los polos industriales aeronáuticos en Europa, como Andalucía.

–Todos tenemos que producir con menores costes y tiempos, y ahí la tecnología cobra más importancia. Ahí está la fábrica del futuro, la fábrica 4.0. Todos intentando ser los mejores. El consorcio Airbus es cada vez más europeo, sin ese sello del peso de la nacionalidad de sus socios y en ese escenario la competencia entre países pierde terreno. El reto es producir de forma más eficiente.

¿Qué papel prevé para Andalucía?

–Estamos en un ‘impass’ después de un momento dulce desde que arranca el A380, a principios del 2000. Ahora lo que hay que hacer es producir todo lo que se diseñó. Es un momento más industrial, de ser más capaces y competitivos.

¿La industria aeronáutica andaluza necesita ‘estabilizadores’ para estar más equilibrada regionalmente?

–El centro de gravedad está en Sevilla y Cádiz, donde están las plantas de Airbus, pero se echaba en falta empresas trabajando en sistemas, en la inteligencia del avión. Y en eso trabajamos nosotros y otras empresas en Málaga como Mesurex, Mades, DHV Technology, entre otras. En el PTA tenemos nuestro pequeño clúster de empresas que es un complemento en el mapa aeroespacial andaluza. Cubres una pieza que completa el sector sin competir con la industria pesada que ya existe. Ahí tenemos un gran mercado para crecer .

Todo un campo de actividad que amplía el horizonte industrial

–Sí. Y en él estamos jugando. Somos la empresa que tiene los aviones no tripulados que no son ni los grandes americanos o israelíes ni los pequeños drones para el entretenimiento. Somos la empresa del segmento medio, con aviones de menos de 75 kilos, de ala fija, de hasta cinco metros de envergadura. Ahí hacemos todo, desde el prototipo hasta las pruebas. Alrededor se va creando una cadena de suministro, aún pequeña pero es un sector emergente. Cada vez veremos más aviones no tripulados haciendo cosas. La inteligencia, la electrónica, el ‘software’ es lo que manda en esos aparatos, y en Málaga ese tipo de robots aéreos tiene una oportunidad para un mercado mundial. También en el ámbito del espacio. Las grandes agencias espaciales como la europea o la Nasa, dejan paso a un gran emprendimiento sobre todo orientado a las telecomunicaciones, a asegurar amplias coberturas para las que hacen falta constelaciones de satélites, pequeños y baratos en órbita a 300-400 kilómetros . Ahí están Google, Facebook y nosotros queremos estar.

Las empresas del clúster Hélice, que preside, ha creado la Asociación Empresarial. ¿Qué se persigue con el cambio?

–La asociación quiere ofrecer servicios directos a las empresas aeroespaciales, ponerlas por delante por así decirlo. Ya no es tanto el tiempo de atraer más inversión institucional sino de que las empresas sean capaces de rentabilizar toda la inversión que se ha hecho para tener más éxito en el exterior. Eso se debe traducir en carga de trabajo. Asociadas entre ella, las empresas deben ser capaces de elaborar planes propios. La fundación Hélice queda como esa mesa donde se sientan todos los agentes, las universidades, patronales, Junta de Andalucía, y la asociación. Es una reconversión de la representación.

¿Desea en el futuro tener un plano menos visible?

–En la fundación se creó el Consejo de Acción Empresarial, allá por 2005. En la asociación, vemos que es bueno que haya renovación porque son muchos siendo yo la cara del sector.

«Soy muy positivo y de los que se creen que aquí en el PTA habrá trabajando 50.000 personas en los próximos años»

¿Está satisfecho con el papel de Málaga Valley?

–Estamos preparando la próxima reunión, y sigo muy ilusionado porque me gusta mucho empujar no sólo mi empresa, sino también el entorno. Estoy muy satisfecho por la labor de tanta gente en la que yo pongo mi granito de arena. En Sevilla están alucinados con nuestra capacidad de crear marca tecnológica para Málaga. En Madrid saben que hay una Málaga tecnológica. Creo mucho en algo así como ayudar a crear denominación de origen. Todos, también las empresas, se benefician. Es como los vinos de rioja. Se venden sólo por ese hecho.

El PTA crece y con muchos problemas de acceso y de aparcamiento. ¿Tiene alguna solución?

–Hay que empezar a planificar ya. Que no llegue el tren, ni el metro que no haya un acceso exclusivo para llegar en autobús es difícil de entender. Esos problemas son porque el parque atrae actividad, pero el éxito puede llegar y puede haber muerte por éxito. Soy muy positivo y de los que se cree que aquí habrá trabajando 50.000 personas en los próximos años, pero hay que actuar bien para que eso ocurra. Si el emprendedor que llega no encuentra vivienda adecuada en Málaga porque está todo está carísimo en vivienda vacacional, si no se desarrollan nuevas zonas será malo.

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