Y SIN EMBARGO, EL PAGO EN EFECTIVO RESISTE

El pasado mes de febrero saltaron las alarmas. Suecia avanza a gran velocidad hacia su conversión en el primer país sin dinero en efectivo del mundo. Sólo el 19% de los pagos en Suecia son en 'cash', frente a una media europea del 80%. Una encuesta de la consultora Insight Intelligence indicaba que sólo el 25% los suecos pagó en efectivo al menos una vez a la semana en 2017, frente al 63% que lo hacía hace cuatro años. Y esta creciente aversión a llevar calderilla en el bolsillo ha terminado por preocupar a las autoridades suecas. Al parlamento sueco le preocupan las consecuencias de una posible brecha digital monetaria según la cual los ciudadanos menos tecnificados podrían quedar fuera. Por su parte, el banco central advierte que esta creciente adopción de las formas digitales de pago puede acelerar la desaparición de la infraestructura bancaria del dinero en efectivo. Según la autoridad monetaria, la proporción de pagos en efectivo en el comercio ha pasado del 40% en 2010 al 15% en 2016. «Si extrapolamos las tendencias actuales, el último billete será devuelto al Riksbank [banco central] en 2030», afirma la gobernadora adjunta.

En Suecia, solo el 5% de los cajeros de los tres grandes bancos dispensan efectivo. Y así, todo. Hace dos semanas, sentado en un café en Estocolmo, disfrutando de sus 22 grados y de su encantadora estética, no habría podido pagar las 30 coronas (unos 3 euros) en efectivo aunque lo hubiera tenido. 'No Cash', decía el letrero. El mismo que te recibe en la entrada del Museo de Fotografía, por citar otro ejemplo. En Suecia, un ramo de flores en la calle se paga con el móvil. Hasta los donativos en misa se realizan mediante la popular aplicación Swish, que tiene 6,2 millones de usuarios en un país de diez millones. Los defensores de un mundo sin 'cash' defienden sus virtudes, especialmente la de reducir situaciones de riesgo, la comisión de robos y el terrorismo internacional.

Una de las consecuencias más inmediatas de los atentados yihadistas en París en 2014 fue la práctica desaparición en toda la UE de los billetes de 500 euros, en manos sobre todo de la delincuencia organizada, la corrupción y el terrorismo transnacional. En Suecia, dicen los defensores de un mundo 'No Cash', se producen más transacciones comerciales gracias a la digitalización del pago. Sin embargo, como en otros ámbitos de la turbo-digitalización de nuestras vidas, cada vez es más visible la reacción. En Suecia, un nuevo movimiento cívico reclama que la decisión de abandonar más o menos rápido el efectivo se adopte de forma democrática y participativa, y no empujados por los intereses de los Visa y los Mastercard y los Facebook y las criptomonedas. En Reino Unido, la noticia de que el Banco de Inglaterra estaba estudiando 'jubilar' las monedas de uno y dos 'pennies' (céntimos de libra) generó una curiosa ola de indignación. Y los hechos parecen dar la razón a los nostálgicos. Cuando parecía que el mundo sin 'cash' estaba cerca, resulta que -en el contexto de unos tipos de interés por los suelos- hay más efectivo en circulación que nunca. Un amplio estudio de la multinacional de seguridad G4S establece que el efectivo en circulación supone un 9,6% del PIB, frente al 8,1% en 2011. Y quedan todavía 164 monedas nacionales en vigor.

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