El BCE discutirá en otoño qué pasos seguir con su plan de compras

El presidente del BCE, Mario Draghi. :: Ralph Orlowski / reuters

Draghi ensalza la «robusta recuperación» pero no da señales de una próxima retirada de los estímulos por la debilidad de la inflación

ADOLFO LORENTE

bruselas. La triple 'P' de Draghi dice así: «Necesitamos ser persistentes, pacientes y prudentes». Pero claro, cuando se habla de dinero, seguir esta receta supone poco menos que la cuadratura del círculo. Ayer, el presidente del Banco Central Europeo (BCE) volvió a saltar al ruedo de los mercados para pedir calma y desearles un feliz verano, porque no será hasta otoño cuando comiencen a discutir cuándo debatir sobre la progresiva retirada de los estímulos ('tapering'). Así que dado que la próxima reunión es el 7 de septiembre, todavía verano, todo apunta a que las primeras pistas sobre el adiós al 'QE' o la subida de tipos podría llegar el 26 de octubre. Eso sí, que nadie espere medidas contundentes a corto plazo. El mensaje fue claro: «El BCE permanecerá en el mercado durante un largo periodo de tiempo», zanjó Draghi. Y claro, el euro se fue a máximos de 2015.

El Consejo de Gobierno se reunió en Fráncfort para mantener, «por unanimidad», los tipos de interés de referencia en el histórico 0% y la tasa de facilidad de depósito penalizada al -0,40% (los bancos deben pagar por aparcar sus reservas en la ventanilla de Fráncfort). Sin cambios en política monetaria ordinaria y sin cambios, también, en el volumen de compras de activos, que seguirá en 60.000 millones mensuales al menos hasta diciembre, cuando expira el programa QE. ¿Qué pasará a partir de enero de 2018? Este es el gran interrogante que debe debatirse en otoño.

Una extraña sensación de 'sí, pero no' se ha adueñado del BCE, que no ahorra energías en loar la efectividad de sus medidas extraordinarias pese a que la inflación sigue en coma al retroceder una décima en junio, hasta el 1,3%. «Aún es necesario un sustancial grado de acomodación de la política monetaria», explicó. En plata: la Eurozona sigue sin ser capaz de caminar por sí sola sin el BCE tirando la casa por la ventana.

La comunicación, clave

Sí, pero no. Mientras la economía está experimentando una «robusta recuperación» generalizada en sectores y regiones, la inflación subyacente (la sana, la que excluye energía y alimentos) «no presenta signos convincentes de mejora». Apenas llega al 1%, cuando el objetivo del BCE es que esté por debajo pero muy cerca del 2%, unos guarismos que no se alcanzarán hasta 2019 según las propias proyecciones del BCE. «La inflación gradualmente subirá hasta el nivel de estabilidad de precios, pero aún no está ahí. No está donde queremos que esté», ahondó.

Draghi se ha propuesto como gran objetivo no 'patinar' en la política de comunicación y evitar episodios como el reciente de su conferencia de Sintra, donde muchos interpretaron que se iba a producir una retirada inminente de los estímulos, lo que provocó un revuelo en los mercados que Draghi ni entendía, ni compartía ni pretendía, como ayer quedó patente al incidir en que «un endurecimiento no deseado de las condiciones de financiación es lo último que quiere el BCE». Recuerden: persistencia, paciencia y prudencia.

Precisamente, ayer también se conoció otro dato sobre la evolución positiva de las finanzas de la zona euro. En concreto, el déficit de la región comunitaria se situó en el primer trimestre del año en el 0,9% del PIB, lo que implica una mejora de dos décimas respecto a los tres meses anteriores. De esta forma, el desfase entre ingresos y gastos cae a su nivel más bajo desde el tercer trimestre de 2007, según los datos publicados por Eurostat. Entre los países que superan el límite del 3% se encuentran Francia (3,3%) y Rumanía (3,2%), además de España, que cerró 2016 en el 4,3% y que debe reducir su desfase hasta el 3,1% en 2017.

Por su parte, la deuda pública de la zona euro se elevó ligeramente hasta el 89,2% del PIB. En este caso el ranking lo encabeza Grecia con el 180% del PIB. España se mantiene alrededor del 100%, aunque el objetivo es rebajarla al 98,8%.

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