El coste del crédito subirá para que la banca asuma mayores provisiones a partir de 2018

Con la nueva normativa contable, las entidades reservarán más dinero ante los impagos, lo que impactará una media de 0,45 puntos en su capital

JOSÉ M. CAMARERO MADRID.

A la compleja coyuntura por la que atraviesan los bancos, mermada por los tipos de interés anclados en el 0% y la reciente crisis derivada de la situación política por la que pasa Cataluña, se une una obligación más, que todas las entidades deberán cumplir desde el 1 de enero, y que supondrá otra merma en su ya de por sí drenado capital. Los grupos financieros tendrán que reservar más dinero para provisiones de lo que venían haciendo hasta ahora, al endurecerse los criterios para estimar los posibles impagos por parte de sus clientes.

Es una medida de protección adicional incluida en la norma IFRS9 para evitar crisis como la de la última década. Fuentes del sector financiero reconocen que para cumplir ese texto habrá «un impacto en el precio del crédito porque se tendrá que dotar más dinero». El auge del coste de las hipotecas o préstamos no será una novedad en el mercado español, pero sí puede suponer «un incremento» de la tendencia alcista registrada ya durante 2017.

Hasta agosto, la media de las hipotecas concedidas se aplicaban unos intereses del 2,07%, prácticamente el mismo que un año antes, pero por encima del 1,9% con el que se comercializaban estos productos a finales de 2016, según el Banco de España. Ese incremento se registra con un movimiento opuesto al euríbor -el índice de referencia para la mayor parte de los créditos-, porque ha descendido desde el -0,04% de hace un año al -0,16% actual.

El sector deberá reforzar los supuestos de impago para evitar crisis como la de hace unos añosEl precio de las nuevas hipotecas ya está subiendo, sobre todo por la venta de las de tipo fijo

La subida de los intereses no solo se debe al alza de los diferenciales que ahora se aplican en las hipotecas con respecto a los de hace uno o dos años, sino sobre todo a la proliferación de los créditos para vivienda a tipo fijo. En julio, un tercio de las constituidas se referenciaron a intereses invariables -durante toda la vida del préstamo o al menos en una parte de la misma-, frente a apenas un 10% que se firmaban durante el año pasado.

Las consecuencias de la nueva normativa contable también se dejarán notar en los ratios de capital de la banca, esto es, los fondos con los que cuentan para hacer frente a imprevistos de forma inmediata en relación con el riesgo asumido en sus balances. Las previsiones de la Autoridad Bancaria Europea (EBA, en inglés) apuntan a un recorte de este índice de 45 puntos básicos, frente a la media del 13% del año pasado. «Será el mayor impacto que tendrá que asumir el sector entre todas las complicaciones que se le presenten», indican en el sector.

Lo que parece imposible es que las entidades esquiven un nuevo rejón en su contabilidad, aunque en el caso de la nueva IFRS 9 no supondrá un drenaje de sus resultados anuales. «Es cierto que cualquier incremento de gastos supone un problema, y en este caso será un reto más que tienen por delante y que no les ayuda en su situación actual», apuntan desde el sector.

Una adaptación compleja

La normativa se diferencia de la actual en que hasta ahora las pérdidas se contabilizaban cuando había evidencias de que iban a existir esos drenajes por impagos, por ejemplo. A partir de enero se establece una pérdida 'esperada', una estimación promedia de lo que puede llegar a ocurrir para llegar a un juicio más aproximado posible para afrontar contingencias. De esta forma, la cartera de la banca se dividirá en tres tipos de activos. En un primer 'pack' se incluirán todos los créditos concedidos, considerados 'buenos' en principio. Hoy en día estas líneas de financiación otorgadas ya se provisionan un mínimo de 12 meses, considerando que haya pérdida en ese periodo. En un segundo conjunto se encuentran los préstamos que, aunque no han incurrido en impago, sí han evolucionado peor que el resto y se ponen en alerta. Y un tercer conjunto de créditos son los realmente impagados frente a la pérdida esperada por el banco.

Para adaptar sus estructuras a esta nueva contabilidad, las entidades se han visto obligadas a realizar un trabajo importante en los últimos meses. Ana Cortez, socia del Grupo de Instrumentos Financieros y Regulación de KPMG en España, explica que «IFRS 9 ha supuesto un reto más allá del cambio en la contabilidad, al abrir nuevos planteamientos sobre cómo valorar el riesgo y la propia actividad bancaria». Además, sostiene que «las entidades españolas han hecho un gran esfuerzo, y ahora les resta un último empujón para tener todo listo con la aplicación de esta norma».

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