«Una ley concursal que salva a una de cada cien empresas es un fracaso, un disparate»

Daniel Pastor, socio fundador de Daniel Pastor Asociados. /SUR
Daniel Pastor, socio fundador de Daniel Pastor Asociados. / SUR

Daniel Pastor, economista, abogado y auditor que ha llevado las quiebras más sonadas de Málaga, celebra el 30.º aniversario de su despacho retirado de los procesos concursales. «Falta cultura financiera: muchos empresarios sacan el dinero de la compañía para comprarse el chalé»

Nuria Triguero
NURIA TRIGUERO

A los pocos años de acabar la carrera de Económicas, Daniel Pastor se enfrentó a su primera empresa en crisis: la familiar. La constructora de su padre y sus tíos pasaba por graves dificultades y él abandonó un prometedor puesto en un banco para ayudar a reflotarla. En dos años consiguió sanear la compañía y venderla. Aquella experiencia marcaría su carrera profesional, muy centrada en la administración concursal, con casos tan sonados como el Málaga CF, Vitelcom o Jale. Asegura que en los años de crisis ningún empresario en Málaga quería tomar café con él; vaya a ser que la gente creyera que estaban en apuros. «Era como el enterrador», recuerda. Ahora, ya retirado de las suspensiones de pagos, Pastor celebra este año el 30 aniversario de su despacho, Daniel Pastor Asociados, cuya propiedad comparte con su socia Paloma Moreno.

-¿Cuál fue su primera suspensión de pagos?

-Supermercados Barcenillas, una cadena que tenía más de 50 establecimientos. Un día me llamó el juez, al que yo conocía de vista y poco más, y me preguntó si estaba en el Colegio de Economistas. Le contesté que sí y me pidió que llevara la suspensión de pagos. Entonces los nombramientos de los administradores sí que eran a dedo. Se generó una gran polémica en el Colegio porque yo era un chaval joven y los veteranos se llevaron las manos a la cabeza. A partir de ese caso los jueces confiaron en mí. Entonces la normativa era diferente: la ley de suspensión de pagos sólo tenía 24 artículos y se dejaba más libertad de acción al administrador.

-Basándose en su vasta experiencia administrando suspensiones de pagos, ¿cree que la Ley Concursal funciona?

-Yo creo que la actual ley ha sido un fracaso. De todas las empresas que se declaran en concurso, sólo un 5% escapan a la liquidación y de ésas, sólo un 20% cumple el convenio. Es decir, que de cada cien se salva una. En Alemania es un 25%. ¿Montas una ley con unos juzgados de lo mercantil y unos administradores concursales especializados para salvar a una de cada cien empresas? Es un disparate.

-¿Y por qué ha fracasado?

-Originariamente el texto de la ley era muy ordenado, daba mucha seguridad jurídica e impulsó la creación de un cuerpo de jueces especialistas muy formados que empezaron con mucha ilusión. Pero pronto empezó a adulterarse porque el legislador ha hecho innumerables cambios 'ad hoc'. ¿Que queremos resolver los problemas de los concesionarios de autopistas? Pues hacemos una modificación de la Ley Concursal. ¿Que queremos que Hacienda sea la que recaude todo el IVA y no se quede nada en los concursos? Pues hago una inversión del sujeto pasivo del IVA para que el IVA no entre en los concursos. Y así lo que era un procedimiento casi de juicio universal, en el que todo el mundo cobraba a prorrata, se va adulterando. ¿Qué pasó en el fútbol? También se modificó la ley y desde entonces si no estás al día en los pagos no se te aplica la ley concursal, sino el reglamento de la liga de fútbol, y ya no puedes seguir compitiendo. Lo que hizo el Málaga CF, que fue subir a primera mientras estaba en concurso, ya no sería posible.

«El proceso concursal del Málaga C. F. fue una historia de éxito que hoy no se podría repetir»

-Parte de culpa de ese escaso índice de supervivencia lo tendrán las empresas...

-Precisamente uno de los motivos por los que impulsé hace cinco años la Cátedra de Viabilidad Empresarial de la Universidad de Málaga fue para ver qué hacen mal las empresas. Y creo que hay una falta de cultura financiera importante que debería afrontarse. En la Cátedra hicimos un estudio estadístico para saber si hay factores que permitan predecir si una empresa va a superar el concurso o no. Y encontramos uno con un grado de fiabilidad del 95%: la rentabilidad. Una empresa que no tiene una rentabilidad adecuada no sale adelante. Claro, también debe tener algo de tesorería para soportar los efectos de un concurso. ¿Qué ocurre? Que la cultura de la financiación propia no es algo que hayan cultivado muchas empresas. Hay mucha gente que saca el dinero de la empresa para comprarse el chalé. La autofinanciación es muy importante porque cuando llega la crisis, la banca se vuelve más restrictiva.

-¿Son mejores las nuevas generaciones de empresarios?

-Las nuevas generaciones están muchísimo mejor preparadas que la mía. Todos manejan muy bien la tecnología y en materia de valores, yo veo una juventud excelente.

-De todos los procesos concursales que ha llevado, ¿cuál le ha dado más dolores de cabeza le ha dado y cuál más satisfacción?

-El del Málaga es el que más me gustó. Fue una historia de éxito: cogemos al Málaga, que se iba a Segunda B, y al año siguiente lo situamos en primera. Y ahí sigue, esperemos que por mucho tiempo. Aquello me dio una proyección increíble; son cosas que sólo son posibles con el fútbol. También citaría a Procusán como concurso modélico en el que prácticamente se pagó todo y que acabó en liquidación por deseo del empresario. ¿Concursos malos? Pues Vitelcom y alguno más con un denominador común: los empresarios eran personas muy complicadas.

-Ahora que ya no ejerce como administrador concursal, ¿en qué proyectos está centrado?

-Sigo impulsando la Cátedra de Viabilidad Empresarial, que considero un legado hacia mi ciudad. Aparte de investigar, su función principal es ofrecer prácticas en empresas a los estudiantes . También he creado junto a Grupo RP la Fundación Fomento del Deporte, que está muy centrada en fomentar el deporte femenino; patrocinamos, por ejemplo, al Málaga femenino. Soy un convencido de que la mujer es un activo demasiado valioso como para que no esté incorporada en todos los ámbitos de la sociedad. Yo, además, creo en la discriminación positiva.

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