De la primera gran fusión andaluza de cajas a la salida a Bolsa

Manuel Azuaga, el pasado viernes, durante su discurso en la Bolsa de Madrid por la salida a Bolsa de la entidad
Manuel Azuaga, el pasado viernes, durante su discurso en la Bolsa de Madrid por la salida a Bolsa de la entidad / José Ramón Ladra

Unicaja escala en el sector financiero como el único banco de una región que dejó atrás la quimera de la caja única

JOSÉ VICENTE ASTORGA

La salida a Bolsa de Unicaja cierra una aventura singular de casi tres décadas en el sistema financiero andaluz, donde el banco malagueño mantiene ese sello desde hace 26 años como resultado de la primera gran fusión entre cajas. Desde el pasado viernes, inversores internacionales son, tras la Fundación Bancaria Unicaja, los segundos accionistas. Confían en la solvencia y el potencial del séptimo banco nacional, una entidad líder en 12 provincias que se enfrenta al reto de crecer a partir de sus tres millones de clientes en Andalucía y Castilla-León.

Los inversores han inyectado 700 millones para hacerse a un precio muy ajustado con ese 40,3 por ciento de la ampliación de capital con el que la entidad da un salto en su capitalización. Los inversores, americanos y británicos, sobre todo, lo hacen a largo plazo y en un momento de bajas rentabilidades en el sector bancario, pero convencidos del plan de negocio que les ha presentado la entidad para un horizonte distinto a partir de 2018, cuando el BCE haya dejado atrás una política monetaria que mantiene a cero el precio del dinero.

Unicaja se gestó desde la centenaria caja rondeña, pero tuvo que vencer fuertes reticencias internas

Si la concentración de entidades marca el presente, hace 30 años el escenario era la atomización. Andalucía no era excepción, y partía con 14 cajas. En 1990 se unían las de Sevilla y Huelva, dando origen a El Monte. Un año después, Unicaja armaba la fusión de las tres de la provincia: Caja de Ronda (fundada en 1909), Caja Provincial de Málaga (1949) y Caja de Antequera (1904), a las que más tarde se añadirían las de Almería (1900) y Cádiz (1884). Ese mismo año 1991 se integraban la Caja General de Ahorros de Granada y la Caja Provincial de Granada. A mediados de la década Unicaja sería una de las seis entidades –junto a El Monte, Cajagranada, San Fernando, CajaSur y Caja Jaén– que quedarían en escena, dos en Sevilla y el resto en Málaga, Córdoba, Granada y Jaén.

1991. Braulio Medel, Francisco Rodríguez y Francisco de la Rosa, en el acto de creación de Unicaja a patir de la fusión de tres cajas malagueñas (Ronda, Antequera y Málaga) con las de Almería y Cádiz. / SUR

La reconversión del sector financiero andaluz llegaba a comienzos de los 90 en una situación de crisis económica. Como los bancos, los problemas de tamaño, duplicidades y costes de explotación pesaban sobre entidades muy dependientes de la financiación exterior y que veían frenarse bruscamente los fuertes crecimientos del negocio (las cajas se habían hecho con la mitad del mercado, frente a la banca) en una Andalucía que en el 2000 por primera vez veía cómo los créditos superan a los depósitos, bajo una competencia creciente por la expansión en Andalucía de Caja Madrid y Caixa, principalmente.

El nuevo escenario forzó así la primera gran ola de fusiones con epicentro en Málaga. El cambio de escenario en Andalucía arrancó en Málaga con más ambición y se produjo entre las dudas y la resistencia de los gestores de entidades muy dispares en cuanto a tamaño, arraigo local, origen fundacional y condiciones laborales, pero un partido socialista en plena hegemonía podía vencer las resistencias de diverso tipo y sumar apoyos a Braulio Medel que, hilvanando mandatos fusión tras fusión, logró cerrar el año pasado tres décadas al frente de su proyecto, en el que se mantiene ahora como presidente de la fundación bancaria.

Equilibrios de poder

La fusión que se gestó desde aquel centenario monte de piedad origen de la caja rondeña tuvo que vencer hasta 1991 fuertes resistencias, incluidas no pocas internas en esa caja matriz, así como en Caja de Antequera o Caja de Almería, controlada por la Iglesia. Allí la votación de la fusión necesitó una segunda vuelta. En Ronda, un grupo de empresarios y comerciantes se movilizaron en una plataforma contra la fusión o más exactamente contra la pérdida de la sede central. Los equilibrios de poder interno –territoriales y políticos– no pasaron excesiva factura al proyecto de Unicaja, cuya gestión prudente estaba en las antípodas de competidores de dentro y fuera de Andalucía que acabaron sentenciados por el ladrillo y las preferentes. Sin embargo, a los pocos meses de su creación Unicaja pagaría un duro peaje por operaciones en el mercado interbancario y asumiría 12.500 millones de pesetas (75 millones de euros) del agujero que generaron operaciones realizadas través del Banco Europeo de Finanzas, del que se convertía en su primer acreedor y cuya ficha bancaria se vio obligada a adquirir. Esa ficha sigue pero como instrumento de cooperación entre las antiguas cajas y con una participación de Caixabank y Kutxabank, resultado de las operaciones sobre las desaparecidas Cajasol y CajaSur.

La caja única andaluza fue más un deseo del ‘establishment’ político que un proyecto factible

Al frente ahora de la fundación bancaria Unicaja, Medel sentó las bases de una entidad solvente que, dos décadas después, no solo quedaría como única caja cien por cien andaluza sino también como una caja forzada, como el resto, a la bancarización, pero con ambición de crecer a nivel nacional tras absorber Banco Ceiss en 2014. En el proceso, Medel desplegó ante sus gestores y el Banco de España su acreditado arsenal como duro negociador capaz de eternizar los procesos, aunque eso incluyera lo siguiente a amagar con la retirada, como en el caso de Caja Castilla-La Mancha (un rescate que Zapatero trató de endosar a Unicaja y que acabó en intervención vía Banco de España). Con CajaSur, un año después, el fracaso se extendería más allá de una negociación rota en su recta final. Unicaja tampoco logró ser adjudicataria, en pugna con Kutxabank, en la subasta pública que siguió a la intervención por el Banco de España, del que Medel sí lograría casi un traje a medida para el rescate de Banco Ceiis y forzar del Frob un blindaje ante los ajustes laborales y los riesgos sobrevenidos por preferentes y créditos hipotecarios.

2010. El entonces presidente de Unicaja, Braulio Medel, y el de Caja de Jaén, José Antonio Arcos Moya, durante la firma de la escritura de fusión / Efe

La absorción de la caja cordobesa en 2010 se consideraba desde el Gobierno presidido entonces por José Antonio Griñán una pieza clave en Andalucía en pos de la caja única, más un deseo del ‘establishment’ político que un proyecto factible. Hasta entonces aún tenía crédito la idea, siempre más oficial que real pero de gran utilidad para el rifirrafe político, de que Unicaja y Cajasol –nacida de la fusión de El Monte y San Fernando, y finalmente absorbida por Caixabank tras su etapa como Banca Cívica–, construirían el proyecto. Los protocolos de intenciones y las declaraciones públicas en torno a la fusión de Unicaja y la marca que integraba a las dos cajas sevillanas no bastaron para dar forma a esa soñada locomotora que uniría financieramente el oriente y el occidente andaluz. La reciente crisis acabaría diluyendo la quimera, primero por la vía fracasada de las fusiones frías entre entidades de diferentes comunidades, y luego por integraciones, absorciones e intervenciones, como en el caso de BMN donde se integró Caja Granada.

En el mercado global

La actual reconversión financiera no admite paradas y en su etapa más activa era alta velocidad en estado puro frente al ritmo palaciego de una caja única que estaba solo en los discursos. Con el deterioro del sistema financiero, desde 2012 bajo el foco de Bruselas, el poder de decisión política en las cajas sobre su futuro dejaba paso a la cruda realidad de una reconversión que ha llevado, en apenas un lustro, a su bancarización bajo el control de fundaciones abocadas por mandato europeo a jibarizar su mayoría en el accionariado por debajo del 50%. Bajo el lema de que «fusionarse por fusionarse no tiene sentido», Medel llevó a Unicaja a sortear la crisis con independencia y poco riesgo, aunque con el lastre de una ralentización en su adaptación a las nuevas exigencias del sector, para ser la única entidad andaluza, que ahora busca bajo el presidente del Unicaja Banco, Manuel Azuaga, su propia hoja de ruta en las aguas turbulentas de la concentración bancaria con la meta puesta en consolidarse como gran banco regional bajo el examen diario, y las oportunidades, del mercado global.

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