Fernández Ordóñez evita la autocrítica y reparte culpas por la crisis financiera

El gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, ayer en su comparecencia en el Congreso. :: F. Alvarado / efe/
El gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, ayer en su comparecencia en el Congreso. :: F. Alvarado / efe

El exgobernador del Banco de España alude a la pasividad en la etapa de Aznar y a la politización de las cajas, junto a la falta de más capital público

D. VALERA MADRID.

Sin atisbo de autocrítica en su gestión y reparto de culpas para todos los demás actores. Ese es el resumen de la comparecencia del exgobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, ayer en la comisión de investigación del Congreso sobre la crisis financiera. Quien fuera responsable del organismo supervisor entre 2006 y 2012 admitió que «se hicieron mal muchas cosas» durante la crisis, pero en ningún caso incluyó fallos en su gestión de la crisis y del proceso de reestructuración bancario. Sin embargo, no dudó en responsabilizar a la recesión económica o a los gobiernos por la falta de herramientas normativas para poder actuar. Así, achacó los problemas de las cajas a la politización de sus órganos de gobierno, la falta de solvencia a la insuficiente regulación de las entidades financieras y las graves consecuencias económicas y sociales de la crisis a la pasividad de las autoridades para frenar el «desmesurado» aumento del crédito que alimentó la burbuja inmobiliaria durante los años de bonanza.

«Las autoridades españoles deberían haber hecho cosas que no se hicieron», afirmó Fernández Ordóñez. Se remontó al Ejecutivo de José María Aznar para criticar que se «enorgulleciera de reducir el déficit público» a base de elevar enormemente el endeudamiento privado. Así, resaltó que desde 1996 el crédito creció por encima del PIB hasta 2006 con una tasa por encima el 25% y que llegó al 40% en el sector inmobiliario.

En cualquier caso, el exresponsable del Banco de España explicó que los bancos españoles no tenían activos tóxicos, como en EE UU, sino activos inmobiliarios que se devaluaron por la mala situación económica. Por ese motivo, indicó que en la primera fase de la crisis -ya con él al mando del supervisor- las grandes entidades financieras españolas respondieron con solidez. De hecho, limitó el problema a la cajas de ahorro. En este sentido, criticó con dureza que la gestión de estas entidades no se guiaba por cuestiones meramente económicas, sino que había «otros intereses como mantener el poder, aumentar las prejubilaciones o dónde instalar la sede del banco».

En su estrategia de balones fuera, rechazó haber alentado la afirmación del presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero de que España tenía el mejor sistema bancario del mundo. Sin embargo, consideró «más dañino» para la confianza de los mercados las declaraciones del PP al llegar al Gobierno sobre que el sistema «iba mal y lo tendrían que arreglar», en referencia a Luis de Guindos.

Bankia y preferentes

Fernández Ordóñez relativizó la carta que los inspectores del Banco de España enviaron al Gobierno en 2006 alertando del riesgo de la burbuja crediticia y la falta de actuación del organismo y que es uno de los argumentos para criticar la pasividad del Banco de España en la crisis. En su opinión, ese aviso era correcto pero «llegó tarde» y además no alertó de problemas en el sistema bancario.

Asimismo, el exgobernador también rechazó la acusación de PP, Ciudadanos o Podemos sobre su responsabilidad en la salida a Bolsa de Bankia, por la que estuvo investigado, aunque finalmente la Audiencia Nacional le desimputó. Además, negó que pudiera hacer más en la emisión de las preferentes porque «carecía de competencias» para ello.

La falta de herramientas para afrontar la crisis fue otro argumento al que acudió Fernández Ordóñez. Así, destacó que fue necesario aprobar media docena de leyes para subsanar las deficiencias detectadas para reestructurar el sector financiero bajo la premisa de «utilizar la menor cantidad posible de fondos públicos» en ese proceso para evitar elevar el déficit (a pesar de ello España ya encabezaba este desfase en la UE). Una circunstancia que, a su juicio, pudo ralentizar la salida de la crisis. Y es que aunque consideró una cifra importante los más de 40.000 millones de dinero público que el Banco de España considera que no se recuperarán, sostuvo que habría sido «más costoso» para la economía no haber inyectado ese dinero.

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