La CNMV pone barreras a la venta generalizada de productos de riesgo en los bancos

J. M. CAMARERO

madrid. Los bancos que comercialicen participaciones preferentes o depósitos estructurados deberán limitar esas ventas a aquellos clientes a los que realmente les interese adquirirlos y no podrán comercializarlos de forma generalizada, como ha ocurrido en algunas entidades en varios momentos de la crisis.

Para conseguir esos ajustes, la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) adoptará las directrices de la nueva normativa europea (Mifid II) a partir del 1 de enero, obligando a las entidades a «mantener, gestionar y revisar un proceso para la aprobación de cada producto» antes de que se ponga en manos del cliente. En el caso de las firmas que desarrollen esos productos habitualmente ligados a situaciones de riesgo, esas empresas tendrán que asegurarse de que están diseñados «para cubrir las necesidades de un mercado objetivo definido» de clientes. Por su parte, los distribuidores -habitualmente, los bancos-, tendrán que «evaluar la compatibilidad de esos productos con las necesidades» del ahorrador al que se le vayan a ofrecer.

El supervisor bursátil hace especial hincapié en los productos «más complejos, innovadores o en situaciones de posibles conflictos de interés». En estos casos, la CNMV considera que es «especialmente importante» que el banco «tenga en consideración toda la información proporcionada por el productor». Y advierte de que si esas ventas se hacen a clientes ajenos al grupo objetivo fijado para su comercialización, la entidad «deberá justificar de forma individual» esa estrategia que ha llevado a cabo.

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