La UE avala el ajuste fiscal del Gobierno pero alerta sobre el 'efecto Cataluña'

El comisario de Asuntos Económicos, Pierre Moscovici, ayer en rueda de prensa. :: o. hoslet / EFE/
El comisario de Asuntos Económicos, Pierre Moscovici, ayer en rueda de prensa. :: o. hoslet / EFE

La Comisión vuelve a pedir a España que envíe un Presupuesto «cuanto antes», advirtiendo de la elevada deuda y la alta temporalidad del empleo

ADOLFO LORENTE

bruselas. En Bruselas, sobre todo cuando se habla de economía, siempre hay un pero. Vienen de serie, así que sorpresas, pocas. La clave es el tono, el verbo, el momento. Ayer tocaba miércoles económico, uno de esos días en los que la Comisión ofrece una lluvia de datos analizando la salud de cada país. Se llama 'paquete de otoño' y entre los informes presentados, quizá el más relevante es la valoración que Bruselas hace de los proyectos de Presupuestos para 2018 enviados por los Estados miembros. ¿Qué ocurre con España? Que no lo hay, de ahí que la valoración de la Comisión sea muy superficial y se limite a exponer el trazo grueso de la situación. El resumen: un aprobado más o menos holgado en materia de déficit, aunque lastrado por el estigma del paro, la elevada deuda y amenazado por la «notable incertidumbre» que existe, cómo no, por Cataluña.

La incertidumbre vuelve a ser la palabra tabú. Los fantasmas han comenzado a sobrevolar por la cuarta potencia del euro aunque, de momento, el miedo no ha llegado porque España sigue siendo la gran locomotora del euro. Bruselas es más optimista que Madrid a la hora de estimar el crecimiento del año que viene, cifrándolo en el 2,5%, dos décimas más. Ojo, no tienen en cuenta el factor catalán «porque es imposible predecirlo a estas alturas». Luis de Guindos, por ejemplo, lo ha cuantificado en 5.000 millones, medio punto de PIB. Pero Cataluña, hasta el 21-D, es una moneda al aire.

Como recordó el comisario de Economía, Pierre Moscovici, el Gobierno ha enviado un Presupuesto prorrogado aunque actualizado con las nuevas proyecciones macro. De nuevo, pidió a España que envíen uno «cuanto antes», pero para ello es necesario contar con la suficiente mayoría en el Congreso y esto es algo que no se logrará hasta avanzado 2018 y, sobre todo, hasta que el PNV no decida dar luz verde.

Junto con el paro, el gran estigma de España estos últimos años ha sido el déficit público. De hecho, es el único país de la UE que, junto a Francia, se encuentra en el llamado procedimiento de déficit excesivo. Es decir, que sufre una vigilancia especial porque su déficit está por encima del 3%. Sin embargo, como se felicitó Moscovici, el próximo año no será así porque se reducirá «de forma sustancial».

En 2018, se cumplirá con el déficit nominal bajándolo por debajo del 3%, cierto, pero los problemas llegarán por el déficit estructural, que podría obligar al Gobierno a hacer un ajuste extra de 5.500 millones (medio punto de PIB). Aquí de lo que se trata es de cómo se ingresa y se gasta, de hacerlo de forma sana y no fiándolo todo al Banco Central Europeo o al petróleo.

Garantía juvenil

Pero para problemas, el del desempleo. Es el gran talón de Aquiles, como censuró de nuevo la Comisión. «España tiene todavía un problema con el paro juvenil, con el paro de larga duración y también vemos que la tasa de abandono escolar temprano es muy alta, la segunda más alta de la UE», criticó la comisaria de Empleo y Asuntos Sociales, Marianne Thyssen.

Tras subrayar que el nivel de desempleo «está cayendo muy rápido», también advirtió de que «todavía debe hacerse más», principalmente para «aumentar la eficiencia del programa de Garantía Juvenil, de los servicios públicos de empleo y mejorar la cooperación entre los servicios de empleo y otros servicios sociales para hacer posible que la gente pueda reincorporarse al mercado laboral». Además, la comisaria volvió a alertar de la «alta proporción de contratos temporales», otro de los clásicos.

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