Ocho cosas (malas) que no les cuentan a los emprendedores

Ocho cosas (malas) que no les cuentan a los emprendedores
  • Montar tu propio negocio puede perjudicar seriamente la salud mental... e incluso la física

  • La psicóloga Miriam Aparicio revela cómo afrontar el proceso de creación de una empresa de una manera sana

El “A qué huelen las nubes” de aquel anuncio de compresas se queda corto en comparación con algunos mensajes de fomento del 'emprendimiento'. Instituciones del más variado pelaje se han sumado a la burbuja emprendedora: gobiernos, ayuntamientos, asociaciones, universidades y hasta los bancos que luego deniegan créditos a las pymes no cesan de repetirnos que emprender es guay, es fácil y está al alcance de cualquiera. Vamos, que quien no monta una 'startup' es porque no quiere.

Lo que no cuentan es que emprender puede perjudicar seriamente la salud: la mental y también la física. Porque el proceso de creación de una empresa es tan duro y absorbente que inevitablemente pasa factura psicológica al emprendedor y a su entorno más cercano. Ser consciente de lo que se está viviendo es el primer paso para afrontar esta apasionante aventura de manera sana y que no se vaya de las manos, según advirtió el pasado jueves la psicóloga y 'coach' Miriam Aparicio a los emprendedores alojados en la aceleradora Bolt.

No se trata de desanimar a nadie, sino de que los jóvenes que tienen vocación emprendedora sean conscientes de qué camino están empezando y cuáles son los obstáculos que probablemente encontrarán. A su favor, los emprendedores cuentan con dos poderosas armas: pasión y disciplina.

1 Te vas a obsesionar

“A todos nos cambia la vida desde el día que decidimos construir nuestra fuente de ingresos a través de una idea que se gestó en nuestra cabeza”, afirma Miriam. No sólo lo dice como psicóloga sino como emprendedora. “Personalmente, he intentado que mis proyectos empresariales no sean el centro de mi vida, pero aún así está siendo complicado”, confiesa. Y es que emprender es una actividad fundamentalmente pasional: es enamorarse de un proyecto y querer llevarlo a cabo por todos los medios. Es muy difícil no caer en la obsesión. En el caso de los emprendedores que entran en una aceleradora, donde existe presión externa además de interna, esa obsesión se intensifica. No hay horas ni días suficientes para dedicarle al proyecto, sólo se piensa y se habla del negocio... Lo que inevitablemente lleva al riesgo número 2. ¿Qué hay que procurar? “Que la empresa no sea una obsesión sino un propósito y vivir cada momento del proceso, no focalizar sólo en el futuro éxito”, según la psicóloga.

2 Dejarás de lado personas y cosas importantes

Familia, amigos y sobre todo pareja son los grandes damnificados en el proceso de lanzamiento de una 'startup'. El emprendedor no tiene tiempo para nada que no sea trabajar y, cuando hace un esfuerzo por hacer vida social o pasar tiempo con sus allegados, acaba hablando de 'su libro'. Muchos amigos directamente se acabarán cansando y huirán, mientras que el mayor riesgo con la familia y la pareja es que se sientan desatendidos y reprochen al protagonista su excesiva dedicación al trabajo. Éste, por su parte, se sentirá incomprendido, lo que reforzará su aislamiento. La psicóloga aconseja “mucha comunicación” para sobrellevar estas tensiones. “Es bueno que el emprendedor se siente con sus allegados y les haga saber el proceso que tiene por delante”, afirma. El papel de la familia y la pareja debe ser “acompañarle en el camino, sin juzgarle”, pero si ven que llega un punto de excesiva obsesión, tendrán que “sentarse con él y forzarle a hablar para intentar que se haga consciente”.

3 Te sentirás solo

“La vida del emprendedor es muy solitaria”, advirtió Miriam Aparicio a los jóvenes emprendedores de Bolt. “Básicamente, la gran mayoría de las personas implicadas en una startup se dedican diariamente a: dormir a deshoras, startup, startup, startup, comer a deshoras y deporte”, afirmó. Ya de por sí quienes se deciden a montar un negocio solos son personas “independientes y con un punto solitario”, según la psicóloga. Quienes emprenden en equipo, en cambio, tienen la ventaja de apoyarse unos en otros y compartir la aventura, pero tampoco están libres de problemas (ver riesgo número 4). Más adelante, cuando la 'startup' se convierte en empresa y empieza a crecer la plantilla puede surgir la soledad de la cima: el dirigente siente el peso de la responsabilidad sobre otras personas y que nadie 'siente los colores' de la empresa como él lo hace.

4 Tendrás tensiones con tus socios

Un socio es, en muchos sentidos, como una pareja: la convivencia crea roces y hay veces que las tensiones acaban en divorcio. “Hay equipos que, desde el principio, detectas que no funcionan porque se han unido por sus respectivos miedos”, apunta Miriam Aparicio. Suele ocurrir que uno de los socios no esté tan implicado como el resto, o que no esté realmente enamorado del proyecto y acabe queriendo salir. Lo ideal es manejar estos conflictos de manera desapasionada, recordando que no es nada personal. Pero ante todo, mejor prevenir y tener pactado de antemano cómo se resolverá la salida de un socio. El director de Bolt, Rafa Aguado, aconseja acordar que el socio que salga en los primeros años de la 'startup' no tenga compensación para que su marcha no obstaculice la entrada de inversores.

Ocho cosas (malas) que no les cuentan a los emprendedores

5 El estrés te pasará factura

El estrés es como el colesterol: se va depositando poco a poco en el organismo y acaba provocando 'averías'. Las consecuencias más evidentes del estrés son el cansancio, la falta de concentración, el nerviosismo, las crisis de ansiedad y las taquicardias. Pero a veces tarda en dar síntomas. La psicóloga Miriam Aparicio advierte: “Puede que no lo percibas porque mientras estás muy arriba, el estrés no da la cara. Pero a la mínima que te relajes saldrá por algún lado”. Problemas digestivos tales como estreñimiento y dolor de estómago, insomnio y dolores musculares son habituales en personas que sufren estrés prolongado. ¿Cómo afrontar esta montaña rusa emocional? Reservando cada día un hueco para la relajación y trabajando técnicas de gestión del estrés. Una vez más, lo primero es “ser consciente” del problema y no considerar normal estar siempre estresado.

6 Sentirás tu empresa como algo personal

El emprendedor ama su proyecto como a un hijo y con los hijos, recuerda la psicóloga, “no se es objetivo”. Así que una negativa o una crítica proveniente de un banco, inversor o cliente puede ofenderle personalmente. Trabajar la autocrítica y la objetividad es indispensable porque “no querer ver los defectos de tu proyecto te llevará probablemente al fracaso”, apunta Alcaide. Por eso una de las cosas que más se trabaja en los procesos de aceleración de 'startups' es poner a los emprendedores frente a mentores que señalan sus fallos.

7 Emprender puede crear adicción

¿Quieres montar tu propio negocio para no echar más horas extra? Te has equivocado de camino. El emprendedor rara vez encuentra la hora de apagar el ordenador e irse a casa. Pero más allá de la adicción al trabajo está la propia adicción a emprender. “Esto engancha porque hay muchos picos de adrenalina. Por eso surgen los emprendedores en serie, que sólo disfrutan la etapa de lanzamiento de la empresa y una vez han conseguido el objetivo, se aburren y empiezan otra 'startup. En cambio, Aparicio recomienda a los emprendedores “centrarse en el proceso, no en el resultado”. “La gente suele hablar de montar una empresa como reto y creo que esta palabra es negativa porque un reto es algo que una vez conseguido, genera un vacío. Si vives tu 'startup' como un reto no vas a disfrutar el proceso, sólo vas a mirar hacia la meta y, si la alcanzas, tendrás que buscar otro reto”, argumenta.

8 El fracaso es una posibilidad

Un emprendedor de los de vocación nunca piensa que su proyecto fracasará. Pero ésta una posibilidad no sólo real, sino probable, a juzgar por las estadísticas de mortalidad empresarial (hay estudios que dicen que hasta el 80% de las pymes españolas mueren antes de los cinco años de vida). No se trata de estar pensando en el fracaso por anticipado, pero cuando llega, hay que saber aceptarlo y gestionarlo para que no impida avanzar. Vivir en España no ayuda, pues aquí hay escasa tolerencia hacia el fracaso, a diferencia de lugares como Estados Unidos, donde se considera normal e incluso necesario acumular varios proyectos empresariales fallidos antes de alcanzar el éxito.