Fruta del dragón, un complemento exótico y medicinal

Manolo Jiménez y Cristina Florido en Ecopitaya. /F. TORRES
Manolo Jiménez y Cristina Florido en Ecopitaya. / F. TORRES

Una familia de Arroyo Coche utiliza un método experimental y ecológico para introducir la pitaya en Málaga

FERNANDO TORRES.

Un trozo de América se ha instalado en el Valle del Guadalhorce. La exótica pitaya, también conocida como fruta del dragón, está creciendo a pasos de gigante en una finca de la pedanía de Arroyo Coche, término municipal de Casabermeja. Allí, Ecopitaya está echando sus primeras raíces gracias al mimo de Antonio y Cristina Florido. Este padre y su hija han creado un cultivo de este fruto exótico para poder introducir en el mercado nacional sus múltiples cualidades medicinales sin necesidad de importarla desde otros continentes -los mayores productores son Nicaragua, Colombia, Ecuador, Vietnam, Tailandia, Malasia e Israel, entre otros-.

Esta fruta, de tronco carnoso y cactáceo, es muy llamativa por sus colores brillantes y su pulpa blanca, pero lo es más por sus características medicinales y organolépticas, según explica Antonio: «Hay estudios que afirman que es muy buena contra el cáncer». Además, es rica en hierro, calcio y fósforo, así como en varios tipos de vitaminas.

Las necesidades para este cultivo son relativamente pocas, ya que tolera muy bien la falta de agua -en los países de América Latina se cultiva con técnicas silvestres y muy poca intervención humana-. Necesita unos 2,5 litros de agua a la semana, pero, según explican los Florido, están consiguiendo que los troncos crezcan fuertes «con mucha menos cantidad». Es un cactus, por lo que soporta temperaturas muy altas y periodos secos: «En este terreno hemos llegado a sobrepasar los 40 grados y a las plantas no les ha afectado para nada». Sin embargo, es muy sensible a las heladas y a las bajas temperaturas, explica Manolo Jiménez, perito de la plantación.

El cultivo de Arroyo Coche pretende alargar la temporada de producción

Se suele consumir como fruta de mesa, aunque también se emplea en coctelería

Los troncos, carnosos y con numerosos nodos espinosos, generan una serie de ramificaciones mediante las cuales se agarran a las rocas y, en el caso de los cultivos, a las guías de madera. En la plantación de Arroyo Coche, donde se están empleando técnicas experimentales, las plantas están dispuestas en hileras con una serie de ventiladores y mecanismos que prolongarán el tiempo de producción más allá de los meses naturales en los que la fruta sale adelante -entre junio y diciembre-. Al estar emplazado en un invernadero, la germinación debe hacerse de forma natural, aunque es el único cultivo de pitaya que utiliza la técnica cubierta, como parte de este procedimiento experimental.

De cada tronco pueden llegar a recogerse unos cien kilos de producto. El principal consumo de la pitaya es como fruta de mesa, aunque también se emplea mucho en coctelería, como elemento decorativo y como componente de algunos combinados. También suele consumirse como batido ya que es bastante dulce y está compuesta de agua en un 90%.

No obstante, son sus características medicinales las que llevaron a la familia Florido a lanzarse a producir esta fruta exótica. «Sus principales consumidores están en la Costa del Sol, y hasta ahora siempre han tenido que ir al supermercado y depender de las exportaciones; nuestro objetivo es poder ser productor lo suficiente para poder satisfacer las necesidades de la provincia».

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