La FAO apuesta por incluir los cactus en los menús

La FAO apuesta por incluir los cactus en los menús

Para la organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación se trata de una planta que en tiempos de sequía tiene opciones de alimento

A. P. TÉLLEZ MÁLAGA.

Curiosidades de la vida. Mientras en provincias como Málaga la plaga de la cochinilla del carmín ha ido acabando con la mayor parte de las chumberas, que en Andalucía está considerada una especie invasora, desde la organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) se defiende esta planta como un cultivo para el futuro capaz de alimentar a parte de la población en el mundo.

La FAO lo tiene tan claro que asegura que es hora incluso de empezar a integrar las pencas, el cactus del nopal (higuera de pala, tuna o chumbera, entre otras denominaciones) en los menús como alimento, además de como pienso para el ganado.

El nopal es la misma especie, Opuntia ficus-indica, de la chumbera que conocemos en España. El uso más común de esta planta a nivel nacional es el consumo de los frutos (los higos chumbos) pero, especialmente en México, también se consumen las paletas jóvenes de la planta como verdura. En México a la planta se le llama nopal, a las paletas nopales y al fruto tuna. En Sudamérica generalmente se le llama tuna a la planta. Por lo general crece en zonas áridas, soportan las sequías y además almacena agua (90%).

Considerada una planta silvestre invasora, es un recurso infravalorado

La FAO reunió en noviembre pasado a expertos en esta planta, que forma parte de la familia de las cactáceas, para agrupar sus conocimientos en un intento de ayudar a agricultores y políticos a hacer un uso más estratégico y eficiente de este recurso natural infravalorado.

Según la FAO, durante la reciente intensa sequía en el sur de Madagascar, los cactus resultaron un suministro crucial de alimentos, forraje y agua para la población local y su ganado. La misma zona había llegado a sufrir una grave hambruna como resultado del empeño en erradicar la planta, considerada por algunos una especie invasora sin valor. Fue reintroducida rápidamente.

Si bien la mayoría de los cactus no son comestibles, las especies del género Opuntia tienen mucho que aportar, según la FAO, en especial si se gestionan como cultivo en lugar de planta silvestre. Hoy tiene importancia agrícola la subespecie Opuntia ficus, cuyas espinas se han logrado eliminar, pero reaparecen si la planta sufre estrés. Introducida en 26 países más allá de su área de distribución natural. Su gran resistencia la convierte en un alimento útil de último recurso y parte integral de los sistemas agrícolas y ganaderos sostenibles.

Libro especializado

Para difundir los conocimientos sobre el manejo eficaz del nopal, la FAO y el Centro Internacional de Investigación Agrícola en las Zonas Secas (ICARDA) han presentado 'Ecología, cultivo y usos del nopal', (Crop Ecology, Cultivation and Uses of Cactus Pear), un libro con información actualizada sobre los recursos genéticos de la planta, rasgos fisiológicos, preferencias de suelo y su vulnerabilidad a las plagas. Esta nueva publicación ofrece también consejos sobre cómo explotar las virtudes culinarias del nopal, como ocurre desde hace siglos en su México natal, y que se ha convertido en una arraigada tradición gourmet en Sicilia.

«El cambio climático y la creciente amenaza de las sequías son razones importantes para promover el humilde cactus al estatus de cultivo esencial en muchas áreas», asegura Hans Dreyer, director de la División de Producción y Protección Vegetal de la FAO.

El cultivo del nopal se está extendiendo lentamente, impulsado por la creciente necesidad de plantas resilientes frente a la sequía, los suelos degradados y las temperaturas más altas. Tiene una larga tradición en México, donde el consumo per cápita anual de nopalitos, las sabrosoa y tiernas palas (también denominadas pencas, o cladodios), es de 6,4 kilogramos. Las Opuntias se cultivan en pequeñas granjas y se cosechan en el medio natural en más de tres millones de hectáreas, y se producen cada vez más mediante técnicas de riego por goteo en pequeñas explotaciones como cultivo primario o suplementario. Hoy en día, Brasil alberga más de 500.000 hectáreas de plantaciones de cactus destinadas al suministro de forraje. La planta también se encuentra habitualmente en granjas en África del Norte, y la región de Tigray en Etiopía cuenta con alrededor de 360.000 hectáreas, de las cuales la mitad son cultivadas.

La capacidad del nopal para sobrevivir en climas áridos y secos lo convierte en un elemento clave en la seguridad alimentaria. Además de proporcionar alimentos, el cactus almacena agua en sus palas, convirtiéndose así en un «pozo» botánico capaz de suministrar hasta 180 toneladas de agua por hectárea, suficiente para mantener cinco vacas adultas, lo que supone un incremento sustancial sobre la productividad típica de los pastizales. En tiempos de sequía, la tasa de supervivencia del ganado es mucho más alta en granjas con plantaciones de cactus.

La presión prevista sobre los recursos hídricos en el futuro convierte a los cactus en «uno de los cultivos más importantes para el siglo XXI», asegura Ali Nefzaoui, investigador basado en Túnez del ICARDA.

Varios capítulos en el libro exploran el potencial del cultivo de cactus, señalando que los rendimientos de la cebada tunecina aumentan cuando se plantan cactus en hilera para mejorar el suelo, y que investigaciones preliminares sugieren que incluir el nopal en la dieta del ganado reduce la metanogénesis de los rumiantes, contribuyendo así a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

Los rendimientos de las Opuntia cultivadas con fines comerciales varían según el lugar, variedad y técnica agrícola. En Israel, Italia y en las áreas donde se usa regadío en México es habitual recolectar más de 20 toneladas de fruta por hectárea -incluso se han reportado algunos pocos casos de rendimientos de 50 toneladas-, pero la producción es menor en la mayoría de las zonas áridas y secano.

El truco biológico de los nopales es un tipo especial de fotosíntesis -el metabolismo ácido de las crasuláceas-, que les permite absorber agua durante la noche. Y aunque puede sobrevivir en general a temperaturas de hasta 66 grados, su fotosíntesis comienza a disminuir por encima de los 30º.

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