Diario Sur

Cabrales a 11.000 euros

  • Dos restaurantes de Madrid pagan esta cantidad récord por el queso ganador de la 46.ª edición del Certamen de Queso Cabrales

La quesería Vega de Tordín ha conseguido este año el premio al mejor cabrales dentro del concurso en la 46.ª edición del Certamen de Queso Cabrales celebrado en la localidad asturiana de Arenas -tiene lugar el último domingo de agosto-. La pieza ha alcanzado un precio récord en subasta de 11.000 euros, casi el triple de la cantidad pagada en la edición anterior, cuando el mejor queso del certamen alcanzó un precio de 3.100 euros. El queso se va un año más a Madrid, en concreto a la Sidrería Carlos Tartiere y el restaurante Couzapín. La mejor pieza de la anterior edición fue un queso elaborado por la ganadería Arangas.

De entre los 17 elaboradores que se presentaron al concurso, el segundo premio recayó en Ángel Díaz Herrero, y el premio a la tercera mejor pieza en la quesería Valfriu de Tielve. El ganador de esta edición se ha madurado en Carreña de Cabrales durante cinco meses y elaborado con la leche de las propias vacas de la quesería Vega de Tordín, de Arenas de Cabrales.

Esta quesería reabrió sus puertas el pasado 28 de octubre después de que una avenida de agua causada por la rotura de un canal de la hidroeléctrica de Arenas destrozara sus instalaciones el 11 de septiembre de 2012. Para estos productores, el queso ganador es un queso «fino, suave y agradable. Tiene sabor a fruto seco y un ligero picor en la boca».

Los quesos han sido analizados por un jurado experto. Entre sus características, se ha valorado su corteza; la textura del queso; el olor del queso y el sabor, entre otras.

La zona de elaboración de este producto comprende el Concejo de Cabrales y algunos pueblos del Concejo de Peñamellera Alta, ambos en Asturias. La leche empleada se obtiene exclusivamente de los rebaños de vacas, ovejas y cabras registrados en la Denominación de Origen Protegida. El ganado del que se obtiene la leche se alimenta en pastos de montaña.

Artesanal

No es habitual que haya grandes industrias detrás de este queso, sino que se elabora artesanalmente por los propios ganaderos, utilizando siempre leche cruda, principalmente de vaca, aunque se pueden encontrar quesos con mezcla de dos o incluso tres leches, sobre todo en verano.

Según el Consejo Regulador, toda la leche empleada en la elaboración procede exclusivamente de ganaderías establecidas en la zona de producción y controladas por el Consejo Regulador.

Una vez elaborado el queso, pasa a cuevas naturales en la montaña para su maduración entre dos y cuatro meses. En estas cuevas, la humedad relativa es del 90% y la temperatura oscila entre 8º y 12º C. Estas condiciones favorecen el desarrollo de mohos del tipo penicillium en el queso durante la maduración, lo que le aporta las zonas y vetas de color azul verdoso.

El sabor es levemente picante, más acusado cuando está elaborado con leche de cabra y oveja pura o en mezcla.

Cuando el queso está listo para su consumo, se envuelve en papel de aluminio de color verde.

El embalaje se completa con la etiqueta del fabricante y la contraetiqueta del Consejo Regulador, compuesta por una banda roja flanqueada por dos bandas verdes y el logotipo del Consejo Regulador con la numeración correspondiente.