Diario Sur

El cultivo del chirimoyo en Málaga pierde fuerza en favor del mango y el aguacate

La chirimoya es una fruta habitual de los meses de otoño, cuya presencia en las fruterías se prolonga hasta noviembre.
La chirimoya es una fruta habitual de los meses de otoño, cuya presencia en las fruterías se prolonga hasta noviembre. / SUR
  • La costa Tropical de Granada acapara casi la totalidad de la producción de chirimoyas, que se prevé ronde este año las 50.000 toneladas

La superficie de chirimoya se mantiene prácticamente constante en los últimos años, según la Consejería de Agricultura, Pesca y Desarrollo Rural de la Junta de Andalucía. Con 3.134 hectáreas de cultivo en la campaña de 2014, Andalucía acapara el 99% de la superficie total nacional. El cultivo se concentra básicamente en la Costa Tropical de Granada (92%), seguida de Málaga con apenas el 7%. Hace apenas unos 15 años el chirimoyo estaba considerado uno de los cultivos estandarte en la provincia de un renaciente sector tropical que no ha dejado de crecer y que ha terminado por convertirse en estandarte de la agricultura malagueña, junto con los cítricos y el olivar. Sin embargo, el tropical se ha centrado básicamente en dos cultivos fundamentales, el aguacate y el mango, que vive desde hace unos años a esta parte una gran expansión. Las explotaciones de chirimoyos del Valle del Guadalhorce y la Axarquía se han ido transformando en las últimas dos décadas, hasta el punto de que el cultivo del chirimoyo es prácticamente insignificante en Málaga.

La campaña de este año acaba de comenzar con precios que rondan los dos euros el kilo, según el Observatorio de Precios de la propia Junta de Andalucía. Sin embargo, estos precios no son indicativos. La realidad es que en plena campaña se mueven entre los 0,80 y los 1,20 euros el kilo. La media alcanzada en la campaña 2013-2014 fue de 0,68 euros el kilos para el agricultor, y de 0,75 en la cosecha 2014-2015.

De hecho, son precisamente los precios de esta fruta tropical, de la que la comunidad andaluza es la principal productora, los que están provocando que los productores malagueños hayan abandonado casi por completo el cultivo. La cotización de la chirimoya está condicionada por la estacionalidad del fruto, que concentra su máxima producción en los meses de octubre y noviembre durante los cuales su precio desciende. A partir de diciembre, comienza la recuperación de las cotizaciones hasta final de campaña, aunque los volúmenes comercializados son menores, según la Consejería de Agricultura. Actualmente, la campaña se alarga hasta finales de mayo gracias a la producción de la chirimoya de primavera.

Cosecha

Gracias a la apuesta de los agricultores granadinos, la producción de chirimoya se ha duplicado en los últimos diez años, pasando de las 22.390 toneladas de 2004 a las 45.000 de 2014. En esta campaña se prevé una cosecha que se moverá también entre las 45.000 y 50.000 toneladas.

El sector cuenta con la Denominación de Origen Protegida ‘Chirimoya de la Costa Tropical de Granada-Málaga’, cuyo ámbito geográfico de cultivo comprende en la provincia de Granada: Motril, Vélez de Benaudalla, Los Guájares, Itrabo, Molvízar, Salobreña, Almuñécar, Jete, Lentejí y Otivar. En la provincia de Málaga, la DO incluye las producciones de Nerja, Frigiliana, Torrox, Algarrobo y Vélez-Málaga.

Actualmente, se producen dos variedades fundamentales: Fino de Jete (95% de la superficie) y Campas.

Desde hace dos años algunos productores están ensayando la variedad Alborán, obtenida por el Instituto de Hortofruticultura Subtropical yMediterránea (IHSM)La Mayora de Algarrobo, aunque todavía no se han valorado sus resultados. En teoría tiene como ventajas más dulzor, mayor resistencia a la logística y menos pepitas.

Mientras que en sectores como el aguacate y el mango la mayor parte de la producción tiene como destino el mercado exterior, en el caso de la chirimoya, el 90% se vende en el mercado interior, y sólo un 10% va a parar fuera de nuestras fronteras.

Según la Junta de Andalucía, en 2015 la producción de chirimoyas alcanzó un valor de 35 millones de euros, frente a 30,5 millones en 2014.