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Desafíos de la agricultura del futuro

Desafíos de la agricultura del futuro

El agricultor es y va a seguir siendo una figura importante en el mundo. La razón es fácil. Si la sociedad quiere seguir alimentándose tendrá que seguir contando con el agricultor. Aquí y en cualquier parte del globo terráqueo. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en 2050 la demanda de alimentos aumentará un 70 por ciento por encima de los niveles actuales. La FAO viene advirtiendo ya desde 2009 que la población mundial aumentará desde los más de 7.000 millones de habitantes actuales hasta los 8.000 millones antes de 2030 y, probablemente, hasta más de 9.000 millones antes de 2050, con lo que la producción mundial de alimentos habrá de incrementarse en un 70% para poder cubrir las necesidades existentes.

Y todo ello en un contexto de cambio climático que empieza a amenazar a algunos cultivos y que está afectando a las producciones agroganaderas a lo largo y ancho del globo terráqueo, motivo por el cual organismos internacionales, ONGs, administraciones y gobiernos están llamando a una agricultura basada en la conservación y las sostenibilidad de los recursos naturales. Todos parecen coincidir en que el reto está en avanzar hacia una agricultura que evite la erosión del suelo, del agua, la contaminación, el consumo de energía y las emisiones de CO2, así como hacia la reducción de costes, pero que siga siendo eficiente y productiva. Esto significa que habrá que conseguir un aumento de la productividad, pero de forma sostenible, usando la tecnología y los conocimientos existentes.

Las proyecciones de organismos como la FAO muestran que para alimentar una población mundial de 9.100 millones de personas en 2050 será necesario aumentar la producción de alimentos.

Es previsible que la demanda de los productos alimenticios más sensibles al aumento de los ingresos en los países en desarrollo (productos pecuarios y lácteos, o los aceites vegetales) crezca más rápidamente que la de los cereales.

Sin embargo, los expertos estiman que la producción anual de cereales, por ejemplo, tendrá que incrementarse en casi mil millones de toneladas, y la producción de carne en más de 200 millones de toneladas, hasta alcanzar un total de 470 millones de toneladas en 2050.

Según la FAO, el 72 por ciento de la producción cárnica será para el consumo de los países en desarrollo, frente al 58 por ciento actual. Además el consumo mundial medio de pescado por persona podría crecer a unos 20 kilos en 2030, por lo que el grueso del incremento del suministro deberá venir a través de la acuicultura.

Cambio climático

Pero además de a la necesidad de más cantidad de alimentos, el 'agro' debe afrontar un reto quizá mucho mayor: el cambio climático. La temperatura media en España podría aumentar hasta 5 grados centígrados para el año 2050 al ritmo actual de emisiones de gases de efecto invernadero, según el informe 'Cambio climático en Europa 1950-2050: percepción e impactos', elaborado por el climatólogo y miembro del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático de Naciones Unidas, Jonathan Gómez Cantero, presentado hace un año.

El incremento de las temperaturas incidirá en cultivos tan representativos de la agricultura española y malagueña como el olivar andaluz, los viñedos en La Rioja o los cítricos en Valencia y del Valle del Guadalhorce, por supuesto.

Según el informe, el impacto en el Sur de España será especialmente significativo, y en el caso de Andalucía, los «peores» impactos vendrán como consecuencia de la subida de temperaturas y la bajada de las precipitaciones que «causarán la desaparición de especies de flora y fauna que no tengan una alta capacidad de migración o la transformación del medio rural».

Demanda global

Según la Agencia Europea del Medio Ambiente (AEMA), organismo de la Unión Europea que comenzó a funcionar en 1994 con el objetivo de facilitar a los países miembros la toma de decisiones sobre la mejora del medio ambiente en aras de la sostenibilidad y para coordinar la Red europea de información y observación del medio ambiente, de acuerdo con el crecimiento previsto de la población y con los cambios en los hábitos dietéticos en favor de un mayor consumo de carne, se estima que la demanda global de alimentos crecerá hasta un 70 % en las próximas décadas. Esto creará presiones adicionales sobre la agricultura, que ya uno de los sectores económicos de mayor impacto ambiental. Como es de esperar, este importante incremento de la demanda creará presiones adicionales.

La Aema se pregunta cómo se podrá atender esta creciente demanda global y reducir al mismo tiempo el impacto ambiental de la producción y el consumo de alimentos de Europa. La respuesta no vendrá de reducir la cantidad de alimento producido, según la Agencia.

La Unión Europa es uno de los mayores productores de alimentos del mundo, ya que produce la octava parte de los cereales del mundo, dos terceras partes del vino, la mitad de la remolacha azucarera y tres cuartas partes del aceite de oliva. Cualquier reducción de los cultivos básicos podría por tanto poner en peligro la seguridad alimentaria de la UE y del mundo y elevar los precios de los alimentos, de modo que sería más difícil para muchos grupos de la población mundial acceder a alimentos nutritivos y asequibles.

Para que la tierra ya destinada a la agricultura produzca más alimento lo normal sería utilizar más fertilizantes nitrogenados, que a su vez liberan emisiones de óxido nitroso y contribuyen al cambio climático. La agricultura intensiva y la aplicación de fertilizantes también liberan nitratos al suelo y a las masas de agua. Aunque no están directamente relacionadas con el cambio climático, las altas concentraciones de nutrientes (especialmente fosfatos y nitratos) presentes en las masas de agua causan eutrofización. Esta eutrofización favorece el crecimiento de algas y agota el oxígeno del agua, hecho que tiene graves repercusiones para la vida acuática y la calidad del agua.

Panorama

El panorama, para la la Agencia Europea del Medio Ambiente, es complejo, porque satisfacer la creciente demanda de alimentos utilizando más tierra tendrá graves repercusiones para el medio ambiente y el clima. Las zonas más adecuadas para la agricultura en Europa ya están cultivadas en gran medida.

La transformación de zonas forestales en tierra agraria tampoco es una solución, ya que este proceso genera emisiones de gases de efecto invernadero.

La deforestación también pone en peligro la biodiversidad, socavando todavía más la capacidad de la naturaleza para hacer frente a los impactos del cambio climático, como la absorción de lluvias intensas.

Para la AEMA, ante el cambio climático y la competencia por recursos escasos, todo el sistema alimentario deberá transformarse y ser mucho más eficiente en el aprovechamiento de los recursos, reduciendo constantemente sus impactos ambientales, incluidas las emisiones de gases de efecto invernadero. Será necesario aumentar los rendimientos reduciendo al mismo tiempo la dependencia de los productos agroquímicos, reducir los residuos alimentarios y el consumo de alimentos intensivos en la explotación de recursos y la emisión de gases de efecto invernadero, como la carne.