Diario Sur

Los cambios de salinidad afectan a la cría de la dorada

  • Investigan líneas de peces que se adapten mejor a los ambientes de baja o alta salinidad

La cantidad de sales disueltas en agua influye en la cría de la dorada en los cultivos marinos de esta especie. Al menos, así se desprende del estudio realizado por investigadores del Instituto de Ciencias Marinas de Andalucía (ICMAN), de Puerto Real (Cádiz), y del Instituto de Acuicultura de Torre de la Sal (IATS), en Castellón, adscritos al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), en colaboración con la Universidad de Cádiz.

Los expertos han identificado, por primera vez, los genes de la dorada que se activan ante cambios extremos de salinidad en el agua, una situación de estrés que afecta al crecimiento de la especie. Según el estudio, la caracterización de este material genético es un primer paso para que los acuicultores seleccionen líneas de peces que puedan adaptarse mejor a ambientes de alta o baja salinidad y mejorar el cultivo de la especie.

La salinidad es la cantidad de sales disueltas en agua. Esta proporción no es siempre la misma, sino que varía en función de varios factores, por ejemplo, la evaporación o el aporte de agua dulce de los ríos o de la lluvia. Esto es lo que ocurre en los esteros de la Bahía de Cádiz, superficies costeras usadas para el cultivo de la dorada. Según los expertos, en este ecosistema de aguas poco profundas, la salinidad aumenta en verano a causa de la evaporación. Sin embargo, al estar situados junto a los ríos Guadalete y San Pedro, los esteros reciben aporte de agua dulce que, junto a la de lluvia, hacen que la concentración de sal disminuya.

Para soportar estas variaciones de salinidad, la dorada utiliza mecanismos como la osmorregulación, un proceso fisiológico que tiene un objetivo: conseguir que el equilibrio de sales de los esteros, el medio externo, y de los fluidos corporales del pez, medio interno, se mantenga constante dentro de unos rangos determinados. Esto se consigue mediante el intercambio de agua y sales minerales desde el pez al exterior, y a la inversa, que implica un gasto de energía.

Los expertos han identificado los genes implicados en ese proceso de osmorregulación que puede afectar al crecimiento de la especie. «La adaptación a los cambios extremos de salinidad pone a la dorada en una situación de estrés que le supone un esfuerzo energético», explica el investigador responsable de este proyecto, Juan Antonio Martos-Sitcha, del ICMAN.

Por el contrario, cuando los peces están en un medio isosmótico, es decir, se alcanza el equilibrio de sales entre el medio interno y externo, no se necesita este sobreesfuerzo osmorregulador y no se consume energía. «Ésta se puede destinar a otros procesos fisiológicos como el crecimiento», aclara el autor del estudio financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad.

Órganos analizados

Con su estudio, los investigadores aportan nueva información sobre los procesos metabólicos y de control que se activan en el organismo del pez para producir y abastecer esa demanda extra de energía. «La influencia de la salinidad en el crecimiento de la dorada ya había sido descrita en estudios previos desde un punto de vista fisiológico, es decir, de las funciones de los órganos que intervienen en él. En este trabajo, intentamos dar una respuesta a un nivel más molecular, estudiando los genes implicados en dicho proceso», indica Martos-Sitcha.

A partir de este estudio, según el experto, aumentan las posibilidades de seguir investigando en la selección de líneas de peces que puedan tener un mayor potencial de adaptación a ambientes de alta o baja salinidad.