El aeropuerto de Barcelona elevará su capacidad un 49%

J. A. BRAVO MADRID.

El Gobierno invertirá 1.929 millones de euros hasta 2026 en el aeropuerto de Barcelona, con el objetivo de elevar su demanda actual un 49% hasta los 70 millones de pasajeros. El año pasado fue utilizado por 47 millones, frente a una capacidad máxima de 55 millones que se quiere aumentar ahora.

Así lo anunció ayer el ministro de Fomento, Iñigo de la Serna, argumentando que es la manera de que la capacidad operativa de la infraestructura de El Prat no se vea comprometida a medio plazo. El proyecto es que el aeródromo de Girona le sirva de apoyo para funcionar como «un único sistema aeroportuario», algo que ya se planteó en Madrid-Barajas antes de construir la T-4 viendo la posible conexión con otras instalaciones relativamente cercanas.

En El Prat no se contempla construir una nueva gran terminal, aunque sí se levantará un edificio satélite para la T-1 actual, la más moderna de las tres con las que cuenta (se terminó en 2009) y la que más tráfico concentra de toda la instalación (el 70%). En ello se invertirán unos 500 millones, y se incluye la construcción de 17 nuevas pasarelas de estacionamiento para aviones.

También se prevé levantar un nuevo bloque de aparcamientos y, según De la Serna, el fin último que se busca es «potenciar el tráfico aéreo con destino internacional». No obstante, el comienzo de la obra no se contempla hasta el año 2022.

Antes, y dentro del plan director vigente de El Prat (2027-2021), se ampliará la superficie de la T-1, se mejorará la conexión entre terminales y también el enlace con el centro de Barcelona por tren.

En la segunda fase (a partir de 2022) se trabajará en una conexión mediante AVE con el aeropuerto de Girona-Costa Brava -también se prevé un tren lanzadera que le conectará con el centro de la capital catalana en unos 40 minutos-, cuya demanda había caído desde que Ryanair trasladara su base a Barcelona en 2010. Para ello también serán remodeladas sus instalaciones.

Todos estos trabajos permitirán mejorar la demanda de Barcelona como aeropuerto de conexión, sobre todo de las aerolíneas de bajo coste, con la costa mediterránea.

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