El 'outsourcing', ¿externalización o precariedad laboral?

En Málaga hay unas 4.000 camareras de piso trabajando para hoteles de la Costa del Sol, muchas de ellas subcontratadas por empresas externas.
En Málaga hay unas 4.000 camareras de piso trabajando para hoteles de la Costa del Sol, muchas de ellas subcontratadas por empresas externas. / SUR
  • El 90% de las empresas recurren a subcontrataciones, una tendencia al alza que no asegura siempre mejores resultados. La clave está en no buscar únicamente la reducción de costes

Aunque el término 'outsourcing' se ha popularizado desde hace solo unos años, en realidad la práctica de la subcontratación o externalización de servicios entre empresas existe prácticamente desde siempre. La tendencia ha ido a más en los últimos años, para alegría de los empresarios que ahorran en gastos laborales, de los grupos de multiservicios, de las ETT y de las agencias especializadas en el servicio en cuestión, todo ello mientras los sindicatos denuncian que, en muchos casos, esa externalización va acompañada de un empeoramiento de las condiciones laborales de los trabajadores. En los institutos de empresa y escuelas de negocio, los expertos defienden esta práctica, pero con condiciones. «Aquel que busca subcontratar buscando solamente la reducción de costes se está equivocando», apunta Enrique Garrido, director del Área de Operaciones del Instituto San Telmo.

Se calcula que al menos el 75% de las pymes recurren alguna vez al 'outsourcing'. En el caso de las empresas de mayor tamaño, el porcentaje se eleva al 90%. «Si el departamento se considera más centro de costes que de generación de negocio, quizás puede ser una alternativa mucho más eficiente para la organización externalizar si no todo, al menos una buena parte del servicio», opina Belén Jurado, directora de la Escuela de Negocios Esesa.

El catálogo de procesos susceptibles de ser subcontratados ha ido en aumento. A los servicios de mantenimiento (limpieza, etc.), la asesoría legal, fiscal o laboral, la contabilidad o las finanzas, se han ido sumando la informática, la comunicación o el marketing. El conflicto surge a veces cuando el trabajo subcontratado es parte de la actividad esencial de la empresa o cuando coexisten puestos similares que son ocupados tanto por trabajadores de la compañía misma como de la subcontrata. Un informe del año pasado de UGT señalaba que muchas empresas utilizan este sistema para eludir la aplicación de los convenios firmados con los empleados. «El 'outsourcing' en muchas ocasiones termina por ser una fórmula para liberar a las empresas de trabajadores fijos mediante la transferencia a las empresas de servicios que pueden establecer con ellos unas relaciones menos rígidas y, si es necesario, despedirlos en cuanto quieran prescindir de sus servicios con menos costes. Es decir, se trata de sustituir costes fijos de personal por costes variables con empresas de servicios», afirma este sindicato.

En Málaga, Comisiones Obreras criticaba hace unas semanas que el crecimiento de los hoteles de la Costa del Sol descansaba en «la precariedad de la plantilla». Lola Villalba, su secretaria general de servicios en Málaga, achacaba buena parte de ello a la subcontratación de departamentos como el de las camareras de piso ««con el objetivo de precarizar más el empleo y no aplicar los convenios sectoriales para rebajar más aún los salarios».

Se estima que buena parte de las 4.000 camareras de piso de la Costa están afectadas por esta situación, cobrando entre dos y tres euros por habitación. Aunque no todos los establecimientos compran esta fórmula. El presidente de AC Hoteles, Antonio Catalán, ha rechazado abiertamente esta práctica: «Aceptar eso supone un deterioro del producto y de la imagen».

En el ramo de la distribución también hay diferentes comportamientos. Mientras Mercadona no ha entrado al trapo y saca pecho de las condiciones laborales de sus contratados (hace unos meses la cadena de Juan Roig difundía un informe de la Organización Internacional del Trabajo en el que se reconocía la apuesta de esta empresa por el empleo estable y de calidad), en Carrefour sí apuestan directamente por el 'outsourcing'. En los hipermercados del grupo conviven sus propios trabajadores con reponedores de firmas externas que pagan entre 4 y 5 euros por hora.

Un sector propio

Al abrigo de esta tendencia han crecido grandes grupos de multiservicio que hoy constituyen un sector en sí mismo. Stock Uno, del Grupo Uno CTC, tiene entre sus clientes a Carrefour y a otras empresas de referencia de la distribución, la industria o la logística. En un estudio de esta compañía presentado en 2016 sobre la evolución de la externalización en España se indicaba que, a raíz de la crisis de 2007, estos procedimientos se dispararon, con un crecimiento del 80% en siete años. «La filosofía de las empresas ha cambiado profundamente: es crítico ser más competitivo y hay que usar todas las herramientas al alcance. La externalización es una de ellas», argumentaba su director de Desarrollo de Negocio, José Luis López.

¿Pero en qué casos hay que recurrir a ello? Para Belén Jurado, de Esesa, hay que tener en cuenta sobre todo la estructura del negocio y de la organización: «A algunas empresas le será más necesario externalizar su departamento contable, pero a otras, en cambio, el comercial».

«Es una opinión muy personal, pero creo que todo lo que sea susceptible de convertirse en centro de costes habría que valorar si, eficientemente, es más rentable externalizar», añade Jurado, que cita como posibles inconvenientes la «falta de personalización del servicio o pérdida de identidad de la marca, pero es cada vez menos usual». En cualquier caso, asegura que hay que cuidar el servicio que presta la empresa externa y, si no es satisfactorio, «siempre tienes la opción de cambiar».

Enrique Garrido, del Instituto San Telmo, cree que nunca se debe subcontratar una actividad principal. Sí aquellas que no sean «el corazón del negocio» y, sobre todo, donde se intuye que hay un tercero que puede hacerlo mejor. Por eso, lo recomienda en servicios que requieren de mucha especialización, mucho volumen de trabajo o que son muy intensivos de mano de obra.

Como grandes ventajas, indica la flexibilidad y la supresión de la necesidad de invertir, «incluso la cuota del directivo, que se puede dedicar a pensar en aquello en lo que quiere ser más competitivo y no en una actividad secundaria». Garrido aboga no obstante por una relación estrecha con la empresa subcontratada: «Que haya comunicación, confianza y, sobre todo, búsqueda de valor compartido».

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