Diario Sur

Líderes en exportación a precios de saldo

  • La cosecha de este año se prevé ligeramente inferior, 41 millones de hectolitros, lo que hace vaticinar que la uva se encarezca

  • España fue en 2015 el país que más vino vendió en el extranjero, pero lo hizo cinco veces más barato que Francia

La vendimia ha echado prácticamente el cerrojo por este año y toca hacer balance. Como siempre, el pistoletazo de salida lo dieron las zonas vitícolas del sur, le siguieron las del centro y, por último, las del norte. Nada tienen que ver unas regiones con otras y ya desde el principio se ponen de manifiesto las diferencias. Son estrategias de negocio completamente opuestas: la mitad de abajo, que aboga por producciones masivas y precios bajos, frente a la de arriba, con cosechas limitadas pero de gran calidad, amparadas bajo unas denominaciones de origen protegidas (DOP).

La recolección comenzó con retraso, como de unas tres semanas respecto a la campaña pasada, debido a las condiciones climatológicas. El calor extremo de este verano y la ausencia de lluvias marcarán esta temporada. Y aunque evidentemente no hay datos definitivos, todo parece indicar que habrá una ligera reducción de la producción respecto a la del año pasado, cuando se cosecharon 42,2 millones de hectolitros (hl), pero será de mayor calidad. Las previsiones que se han dado a Bruselas se sitúan en el entorno de los 41 millones, con lo que se mantendrá en el promedio de las últimas cinco campañas. Atrás quedaron las expectativas que se habían generado de que podría llegar a ser una cosecha récord, como la de 2013: se produjeron más de 53,5 millones de hectolitros, explica Joaquín Vizcaíno, responsable del sector de la organización agraria COAG.

Estas cifras ahora mismo solo están al alcance de Italia, que se convirtió el pasado año en el principal país productor, con 51,5 millones de hl. El segundo puesto fue para Francia (47,2 millones) y España se mantuvo como tercero en el podio. Estos tres países concentran más del 80% de la producción vitivinícola de la UE. De cualquier forma, esta merma de producción no afecta solamente a España. En el conjunto de la UE se reducirá más del 4% y a nivel mundial un 5%, según datos aportados por la interprofesional del vino (OIVE). Hasta el punto de que el exceso de lluvias y las numerosas heladas provocarán la peor producción en dos décadas en el hemisferio Sur, con un descenso del 15%. Ante esta competencia, las perspectivas de comercialización de la producción española para esta campaña son optimistas y, si las cosas no se tuercen, se prevé un escenario de precios estable a medio plazo, estiman desde COAG.

Un aspecto positivo ha sido que, por estas existencias escasas, los precios de la uva y el vino han ido subiendo ante un clima de mayor demanda de producto, indican desde la Unión de Pequeños Agricultores (UPA). Gracias a las presiones de las organizaciones agrarias, las grandes bodegas manchegas se vieron forzadas a publicar un aumento del 20% respecto a los precios recogidos en las primeras tablillas: ha pasado de costar 20 céntimos el litro a 25. «De cualquier forma tampoco ha sido como para echar las campanas al vuelo, ya que las cotizaciones siguen estando en unos niveles que a duras penas cubren los costes de producción», sostiene en un informe COAG.

Aquí reside el gran 'hándicap' nacional. Efectivamente, España fue el pasado año líder mundial en exportación de caldos: vendió 24 millones de hl tras desbancar a Italia (con 20 millones). Francia se situó en tercer lugar, con 14 millones. Otra cuestión es el valor de los vinos comercializados, con unos precios medios aproximados de 1,14 euros/litro, tres veces menos que los italianos y cinco veces inferiores a los galos. En definitiva, que los caldos españoles son los más baratos del mundo. Y es que a nivel nacional hay mucha variación de precios y, lógicamente, de calidades. Aquí reside la diferencia entre la mitad norte, con denominaciones como Rioja, Ribera del Duero o Ribeiro, donde todo lo embotellan, con la mitad sur, donde predomina el vino a granel, que se vende a Francia y ellos son los que sacan el valor añadido.

Respecto a la demanda interna, aquí también se marcan las dos realidades. Mientras aumenta el consumo de vinos con denominación (un 4,8% en valor), la mala marcha de los que carecen de esta etiqueta arrastra al total a una caída del 4,4%, según apunta el Observatorio Español del Mercado del Vino (OEMV).