Diario Sur

¿POR QUÉ HAY TANTO PARO EN ESPAÑA?

El motociclismo es un ejemplo de cómo hacer bien las cosas. :: efe
El motociclismo es un ejemplo de cómo hacer bien las cosas. :: efe
  • Aquí, entre nosotros, ser empresario no está reconocido por la sociedad

El pasado domingo, en la prueba del campeonato del mundo de moto GP -la máxima categoría de la especialidad -, celebrado en Alcañiz, siete de los nueve primeros clasificados fueron pilotos españoles. ¿Cómo es posible esta situación, cuando hace apenas dos décadas ninguno de nuestros pilotos era capaz, no ya de ganar sino simplemente de participar en tan exigente especialidad?

No se asuste, no se ha trastocado de sección, seguimos en economía y no hemos llegado todavía a deportes (a ver si algún día consigo que me trasladan de lo importante a lo divertido), pero el caso me sirve muy bien para tratar de responder a la pregunta del titular de este comentario. A mi entender, la razón del éxito de las motos españolas, que contrasta con el permanente fracaso del empleo que, año tras año, nos conduce a los peores puestos de la clasificación mundiales de tan crucial asunto, se debe a que las motos de élite gozan en España de tres elementos claves. Afición, formación y promoción. Piensen en el fútbol, si le cae más cerca, y llegará a la misma conclusión.

El clima benigno favorece su utilización masiva a lo largo prácticamente de todo el año, como se ve en casi todas las regiones y se certifica en la afluencia masiva a todas las competiciones. No es una casualidad que España sea el país con más citas en el calendario del mundial. Luego hay formación, con unas escuelas fantásticas, una de ellas puesta en marcha por la propia Organización del mundial y otra cuyo lema es «Trabajo más esfuerzo igual a recompensa», lo cual nos viene de perlas para esto del empleo. Y, por último, hay apoyo y promoción. La televisión realiza un seguimiento espléndido, ¡enhorabuena Tele5! y todas le dedican amplios espacios en los informativos. Este paquete, formado por buenos pilotos y amplia cobertura mediática, atrae a los patrocinadores y muchas grandes empresas ponen el dinero necesario para contratar a los mejores.

Resultado, una constante y abrumadora superioridad de nuestros pilotos. Vayamos ahora con lo nuestro, que ya es hora. ¿Dispone el empleo de estos elementos de apoyo? La respuesta es claramente que no, y eso que constituye la mayor preocupación de los españoles, encuesta tras encuesta. Para esto no hay afición. Pregunte a los jóvenes de las universidades y de la formación profesional quien piensa en ser empresario y se quedará de piedra. Lo hará, incluso si lo pregunta en casi todas las escuelas de negocios, que son las que más cerca deberían de estar de la empresa y del empleo. Mire también los estudios sociológicos realizados al respecto y comprobará que los empresarios solo merecen más consideración social que nuestros pobres políticos.

Por otro lado, ¿hay formación suficiente? Pues es muy cierto que existen escuelas de negocios, pero también lo es que el sistema educativo, en su conjunto, no está dirigido, ni mucho menos, hacia la actividad de emprender. Para crear una empresa no es necesario ser economista. Las empresas las pueden crear y de hecho las crean, los ingenieros, los informáticos, los tecnólogos, los arquitectos, etc., y de todos los grados formativos, universitarios o no, que se le ocurran. Pero en las aulas no les animan a hacerlo.

Por último, ¿hay promoción? Aún a riesgo de parecerme al «Pedro del Hortelano» la respuesta vuelve a ser no. Al menos no, en la medida necesaria. Ya le he dicho que, aquí entre nosotros, ser empresario no está reconocido por la sociedad que prefiere y admira, a distancia sideral, a Marc Márquez o a Leo Messi sobre Amancio Ortega. No está apoyado por la administración, que más bien parece empeñada en encorsetar la actividad bajo un cúmulo de normas asfixiante. Y no está empujada por los políticos, a quienes parece darles vergüenza hablar de ello y por eso siempre introducen matices, como el sempiterno recurso al término de las pymes. ¿Ha oído alguna vez hablar bien de los empresarios en algún sermón dominical en cualquier iglesia? ¿En algún telediario o informativo?

La conclusión no podía ser otra. Disponemos de los mejores pilotos de moto GP y de la mejor Liga de fútbol y tenemos más de un 20% de paro. Lógico.

Por cierto, si quiere leer algo de economía y, a la vez, divertirse, lea el último libro de Roberto Velasco, «Economistas. Oficio de profetas». Y, no crea, no es tan sencillo hacerlo mientras que uno mismo se autoflagela...