Diario Sur

Gabarró, el jubilado al que acudió el Ibex

madrid. Salvador Gabarró Serra (Sant Guim de Freixenet, Lleida, 1935) dijo ayer adiós a doce años como presidente de Gas Natural Fenosa, una etapa caracterizada por el crecimiento y la consolidación internacional de la compañía. Campechano, afable, con grandes dotes diplomáticas, lo primero que hizo cuando fue nombrado presidente de Gas Natural fue visitar todos los centros de trabajo y saludar personalmente a los empleados. En 2009, tras la fusión con Unión Fenosa, lo repitió. «A mí, el trato personal siempre me ha funcionado bien, me he entendido con la gente y, precisamente, creo que esa es una de las cosas que más me han gustado», cuenta Gabarró. Durante estos años, aunque acudía en coche al despacho se bajaba dos manzanas antes y, lloviera o luciera el sol, caminaba hasta el edificio y se mezclaba con los empleados con los que charlaba en el ascensor y «rápidamente se los metía en el bolsillo», según fuentes de su entorno.

Su forma de dirigir se puede resumir en esta frase: «Hay que delegar mucho y dar autonomía. Y así puedes tener a mucha gente por debajo de ti, pero a base de no molestarlos, de decirles: 'Espabila y no vengas a verme hasta que tengas un problema'». Casi toda su vida laboral hasta su 'primera' jubilación transcurrió en Roca -empresa familiar que convirtió en multinacional-, donde se retiró con 65 años. Tras la jubilación, llegaron los cargos más notorios. En 2003 le llamaron para ser consejero de La Caixa. En 2004 fue nombrado presidente de Gas Natural SDG por La Caixa; en 2009 es presidente de Unión Fenosa, tras la entrada de Gas Natural en el capital de la eléctrica con un 50,02%. Y ese mismo año, se produce la fusión que da lugar a Gas Natural Fenosa. Antes se había intentado con Endesa, sobre la que se lanzó una opa que motivó una memorable frase de Gabarró: «Hemos puesto la semillita que dará frutos en nueve meses». La opa no resultó y Endesa acabó en manos de Enel. Gajes del oficio debió pensar. «La ilusión en una empresa no se acaba nunca (...) Cuando tienes más experiencia sólo sufres por lo que depende de ti y no por lo que depende de los demás. No nos tenemos que obsesionar por las cosas que no podemos evitar. En este aspecto, los años sí que te endurecen», reconocía en el libro 'Conversaciones empresariales con Salvador Gabarró' editado por Esade.