Diario Sur

La dulce resaca de la Unesco

El Dolmen de Menga recibió ayer un goteo constante de visitas durante toda la jornada.
El Dolmen de Menga recibió ayer un goteo constante de visitas durante toda la jornada. / Antonio Javier López
  • Los Dólmenes de Antequera viven una intensa jornada posterior a su designación como Patrimonio de la Humanidad

  • El recinto arqueológico casi triplicó ayer la afluencia habitual de público hasta llegar a los 821 visitantes

«El nombre es un puntaso...». Al otro lado de la barra, Verónica Vaca Tibi regala una nueva sonrisa, confiada y amable, mientras deja una pista de su origen lejano en un dulce seseo. Verónica nació en Bolivia, de allí recaló en Murcia, donde nació su hijo, hace 13 años vino un día «de paseo» para visitar a su hermana y decidió quedarse. «Me enamoré de Antequera», confiesa en un suspiro. Verónica montó un locutorio, pero llegó la crisis y se lo llevó por delante. Regresó a su país pero extrañaba Antequera. «En el desayuno echaba de menos los molletes...», confiesa algo apurada por la confidencia.

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Desde hace un par de meses, Verónica trabaja como camarera en el Hotel Restaurante Los Dólmenes, que tiene fama de servir uno de los mejores molletes de la zona y cuyo nombre, de hecho, es un auténtico puntazo. Sobre todo ahora, que los Dólmenes acaban de recibir la catalogación como Patrimonio de la Humanidad por parte de la Unesco.

Verónica se afana en la limpieza de la barra y en preparar más zumo de naranja en la escasa tregua firmada entre los últimos desayunos y los primeros almuerzos. Al otro lado de la entrada al restaurante, Rogelio Pascual, director del Hotel Restaurante Los Dólmenes, coordina los preparativos para una celebración inminente. Hoy se celebran dos bodas. Ayer hubo una y el hotel, completo. Esta mañana, un grupo de más de 30 coreanos salieron tan temprano que tuvieron que prepararles el desayuno antes del horario previsto.

«A los clientes hay que atenderlos. Si hace falta llevarles a algún sitio, los llevamos y si aquí estamos completos, llamamos a otros establecimientos de la zona y les ayudamos con la reserva. Hay que prestar el servicio, porque después, si regresan, se acordarán de cómo les atendiste», defiende Rogelio Pascual mientras se afana en la colocación de una mesa en el jardín.

«La designación de la Unesco se está notando y se va a notar más. Esto va a subir mucho y tenemos que estar preparados», argumenta el responsable del establecimiento, que ha cumplido 17 años como restaurante y otros siete como hotel. «En plena crisis hemos mantenido los 16 puestos de trabajo y ahora los fines de semana tenemos un extra de ocho o nueve personas», detalla el responsable de Los Dólmenes, que tiene 47 habitaciones y un menú diario de lunes a viernes «con seis primeros y seis segundos a elegir» por 10 euros.

«No recuerdo tanta gente»

El Hotel Restaurante Los Dólmenes da la bienvenida a la entrada de Antequera, en la falda de la cuesta de El Romeral. Y en el ‘tholos’ del mismo nombre, ese que mira hacia las piedras de El Torcal, la caseta de recepción parece el salón de actos del Sorteo de la Lotería de Navidad. 03204, 41089, 08950, 29200... Son las respuestas que va recibiendo –y anotando– Juan Rodríguez Bravo cada vez que pregunta con exquisita amabilidad a los recién llegados cuál es su código postal. Gente venida de Alicante, Sevilla, Barcelona y la misma Antequera que va desfilando por la entrada a la construcción milenaria. «No recuerdo tanta gente desde que trabajo aquí...», admite el guía.

Olga Pons y Marta Carreras pasan unos días en Torremolinos junto al pequeño Pol. Han combinado la playa y la piscina con las escapadas culturales y este es el segundo día que dedican al patrimonio antequerano, ahora también mundial. «Es impresionante lo que lograron construir hace tantos miles de años», reflexiona Marta antes de acotar: «Venimos de los otros dólmenes y la visita guiada que han hecho nos ha encantado. Lo han explicado súper bien y hemos querido ver en que nos faltaba».

La encargada de ofrecer esa visita ha sido Paqui Vallejo, que atiende las solicitudes de información que llegan por correo electrónico pidiendo cita para las visitas guiadas. «Al primer grupo les he pedido permiso para hacerles una foto. Era la primera visita guiada como Patrimonio Mundial y me hacía ilusión...», ofrece Paqui desde el centro de recepción de visitantes situado junto a Menga y Viera. En ese primer grupo había personas procedentes de Tenerife, León, Cádiz Granada, Málaga y Antequera.

Junto a Paqui Vallejo, su compañera María José Toro atiende a una madre y una hija que preguntan por los libros publicados sobre los Dólmenes. «El teléfono no ha parado de sonar en todo el día y la afluencia de público está siendo mucho mayor de lo habitual en esta época del año», aporta la monitora. Tanto es así, que los tres monumentos recibieron ayer a 821 personas a lo largo de la jornada, cuando la media habitual de un fin de semana de julio se queda en torno a los 300 asistentes.

Los Dólmenes suman hoy domingo su tercera y última jornada de puertas abiertas (de 9.00 a 19.30 horas). Tres días de celebraciones que empezaron con la declaración oficial como Patrimonio de la Humanidad el viernes a la hora del almuerzo. Para la cena ya estaba tocando Antonio Orozco en la plaza de toros de Antequera como parte de los fastos. Para vivir ese concierto vinieron desde Sevilla María José Notario y Lola Pérez, que han aprovechado la mañana del sábado para conocer los Dólmenes. «No sabíamos que eran tan grandes, nos han impresionado», comparte Lola.

«Somos Patrimonio Mundial»

Aprietan el calor y el apetito. Frente al convento de la Encarnación del siglo XVI, a la espalda de la plaza del Coso Viejo donde ayer se concentraban las celebraciones por la designación de la Unesco, Pepe recomienda las ortiguillas. Están en la pizarra que sostiene una banderita conmemorativa de la distinción de la Unesco mientras anuncia las raciones de la Taberna El Rincón de Lola, cuya decoración taurina convive con tapas y raciones de cocina creativa.

Una tapa de porra, otra de tartar de atún, una hamburguesita de buey con foie y un pío antequerano a base de bacalao y patata coronado con naranja granizada. En la mesa de al lado, una familia celebra el santo de la madre, Carmen, que se dirige a Pepe: «Bueno, ya somos Patrimonio Mundial. A ver si eso sirve para traer a gente y para que haya más trabajo». Y un vecino de mesa apura la cerveza y mete baza: «Ahora, a ver cómo lo gestionan...».

A ver.